Putin: el dedo en la llaga
Putin: el dedo en la llaga
Edición 2509: Jueves, 12 de Octubre de 2017

Trump a Trompicones

Por: Carlos Alzamora (*) | El proceso de recomposición del poder mundial.

Putin: el dedo en la llaga
Putin: el dedo en la llaga

La  irrupción de Corea del Norte como potencia nuclear en el Olimpo atómico no solo ha alterado la relación de poder en la crítica península coreana sino que puede haber provocado el inicio de un  proceso de recomposición del poder a nivel mundial.

Las crecientes presiones de Estados Unidos sobre China para que controle a Norcorea, las nuevas sanciones económicas impuestas  a Rusia y la retórica belicista del presidente Trump, han ido empujando a China y Rusia hacia una alianza de facto política,  militar y económica, que forzosamente rivaliza con el aún colosal poder norteamericano, sin descartar la posibilidad, aún lejana, de que un entendimiento lúcido y visionario entre las tres superpotencias pudiera llevar a un dispositivo tripartito de control efectivo de la seguridad mundial, sin hegemonías, en aras de la paz.

Pero ya esa alianza bipartita no es menospreciable. Para empezar, China tiene una población de 1,380 millones de habitantes y Rusia una de 140 millones  que hacen un total de 1,520 millones de habitantes frente a los 320 millones de Estados Unidos, lo que cuenta mucho a la hora de enviar tropas al frente o, más bien, a los frentes.

Por otra parte, China es ya la segunda economía del mundo  –después de Estados Unidos– pero ha crecido 10% al año en los últimos diez años  frente a los 2.5% del crecimiento estadounidense, lo que de continuar le permitiría superar a Estados Unidos en el año 2030.   Pero ya es el primer exportador a nivel mundial y sus adelantos tecnológicos son incuestionables. Para hablar solo de lo más reciente,  mientras el Presidente Trump ofrece restablecer los puestos de trabajo manuales para combatir la desocupación, China está fabricando millones de robots para sus industrias, además que  el  70% de los drones vendidos en el mundo son hechos en China.

Esto sin considerar sus cuantiosas inversiones y los grandes  proyectos de infraestructura que desarrolla en el resto del mundo, en el que, más allá de sus ventajas económicas, China busca desempeñar un papel clave, con reglas nuevas y en donde los países tengan también roles nuevos. Un panorama renovador en el que  Rusia es hoy  por hoy el único gran socio de Beijing   dispuesto a enfrentar  los riesgos de una remodelación del orden mundial, para no ser solo un actor en el esquema chino.

“Las nuevas sanciones impuestas a Rusia y la retórica belicista de Trump han ido empujando a China y Rusia hacia una alianza de facto política, militar y económica”.
“Las nuevas sanciones impuestas a Rusia y la retórica belicista de Trump han ido empujando a China y Rusia hacia una alianza de facto política, militar y económica”.

Esa alianza, sin embargo, ha venido consolidándose y perfeccionándose en sordina, si bien incluía ya hasta maniobras navales conjuntas  realizadas significativamente  tanto en el Mar Báltico como en el Mar del Japón. Pero han  sido las posturas altisonantes del presidente Trump y  sus declaraciones guerreristas las que han sacado a luz los alcances y perfiles del entendimiento ruso-chino y su propósito de contrarrestar toda perpetuación hegemónica norteamericana.

En cuanto al creciente poderío ruso, baste recordar la visita oficial que acaba de efectuar a Moscú el rey Salman, de la poderosamente opulenta Arabia Saudita –la primera que realiza un monarca saudí a territorio ruso, tras medio siglo de tensas relaciones- para diversificar  sus contactos  internacionales hasta hoy centrados en Washington, cimentar la  relación entre dos grandes productores de petróleo y reconocer el  creciente rol de Rusia en el Medio Oriente y el recobrado control del presidente Asaad sobre  Siria, que Moscú sostenía y al que Ryad se oponía firmemente, en alianza con Estados Unidos.

La alianza ruso-china descansa además en dos factores de peso: la estabilidad y coherencia intrínsecas de sus regímenes y la experiencia y capacidad de sus gobernantes, lo que contrasta visiblemente con el desajuste de la actual maquinaria de gobierno en Estados Unidos, las divergencias al más alto nivel y la incapacidad  parlamentaria para compensar esas fallas.

No es dable pensar que la elite política, diplomática y militar de Washington  no esté observando,  con creciente preocupación, este rápido debilitamiento de la posición, la autoridad y la imagen de Estados Unidos y sus consecuencias estratégicas, mientras se levanta al otro lado del mundo una peligrosa alianza, a la que acaba de sumarse, por simbólico que sea, el aliado estadounidense más insospechado.

Y el desafío de una Corea del Norte, erizada de misiles atómicos y su  consiguiente poder de retaliación, puede estar próximo a destapar, si no se le ponen paños fríos, un riesgoso juego de efectos y resultados impredecibles para Estados Unidos, para Corea del Norte y para el mundo.

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