El cuerpo de Ernesto ‘Che’ Guevara en la localidad de Vallegrande, Bolivia.
El cuerpo de Ernesto ‘Che’ Guevara en la localidad de Vallegrande, Bolivia.
Edición 2507: Jueves, 28 de Septiembre de 2017

Hace 50 años: La Muerte del Che

Escribe: Christopher Roper | El 9 de octubre de 1967 la noticia dio la vuelta al mundo como reguero de pólvora. La histórica primicia fue del periodista británico Cristopher Roper, en el lugar indicado en el momento exacto.

El cuerpo de Ernesto ‘Che’ Guevara en la localidad de Vallegrande, Bolivia.
El cuerpo de Ernesto ‘Che’ Guevara en la localidad de Vallegrande, Bolivia.

En las últimas horas de la tarde del 9 de octubre de 1967, cuando dos colegas y yo vimos el cuerpo de Guevara acostado sobre una losa de lavandería en una morgue improvisada en Vallegrande, tuve que recorrer el camino hasta la oficina de correos, desde donde pude enviar un telegrama de 150 palabras al gerente de Cable and Wireless en La Paz, pidiéndole que pasara el mensaje a Víctor Hugo Villegas, el corresponsal de Reuter, quien sabría qué hacer. Yo no tenía modo de saber que había llegado a su destino final en Londres.

Pasamos la noche en el jeep que habíamos alquilado el día anterior en Santa Cruz, pues nos “datearon” que el Che había sido capturado, camino a Camiri, a unos 300 km al sudeste de donde podíamos encontrar una comunicación segura. Cada tramo de nuestro viaje implicaba entre ocho y nueve horas de traqueteo por caminos sin asfaltar, pero confiábamos en que nadie podría ganarnos la primicia. Nos quedaba bastante claro, además, que la prensa internacional no era esperada ni sería bienvenida en Vallegrande ese día.

Ernesto Guevara fue ejecutado sumariamente por un militar boliviano.
Ernesto Guevara fue ejecutado sumariamente por un militar boliviano.
LA PRIMICIA
Para los que han nacido después de 1980, cuando las microcomputadoras empezaban su insidioso proceso de invadir y alterar nuestras conciencias, son difíciles de imaginar las condiciones que enfrentaban los periodistas que cubrían la campaña final del Che Guevara en las laderas de los Andes bolivianos. Para empezar, todas nuestras comunicaciones dependían de líneas telefónicas fijas, escasas y alejadas unas de otras en la zona rural de Bolivia, o de enlaces radiofónicos especialmente dedicados para ese fin. No existían las imágenes digitales, de manera que la fotografía informativa aún era una especialidad.  De modo que he aquí una historia de periodismo de la época de las máquinas a vapor, en la que una máquina de escribir era lo último en tecnología en cuanto a escritura se refiere.

Todos los detalles sobre el final de Guevara pueden encontrarse hoy en Wikipedia, y cada año aparecen nuevos libros que buscan completar detalles faltantes. Yo recomendaría particularmente El Che quiere verte, de Ciro Bustos y Javier Vergara, Buenos Aires, 2007 y, otro más reciente, La guerrilla que contamos de José Luis Alcázar, Juan Carlos Salazar y Humberto Vacaflor, en ese entonces periodistas muy jóvenes que cubrían la saga del Che para diarios bolivianos en 1967. Este segundo libro fue publicado por Editores Plural en La Paz.

El corresponsal de Reuters, Christopher Roper, dio la primicia.
El corresponsal de Reuters, Christopher Roper, dio la primicia.

LA PISTA DE DEBRAY
Sobre cómo llegamos hasta ahí es otro cuento.

En ese entonces yo era corresponsal de Reuter en Lima, en una época en la que Reuter apenas podía competir en América Latina con AP o UPI, los servicios de noticias norteamericanos dominantes.  
La idea de que el Che Guevara podía estar en Bolivia fue difundida al universo angloparlante gracias a un extraordinario periodista australiano, Murray Sayle, a quien habían encargado cubrir una competencia de veleros alrededor del mundo para el Sunday Times de Londres. El informe de Murray a comienzos de abril de 1967, basado en un campamento encontrado por el ejército boliviano, fue ridiculizado por muchos “especialistas latinoamericanos”, que supuestamente sabían más. Tuvieron que tragarse sus prematuras palabras dos semanas después cuando el intelectual francés, Regis Debray, fue arrestado en la misma zona. Debray había estado enseñando en La Habana y había captado la atención internacional por un panfleto titulado “La revolución dentro de la revolución”, que apoyaba la idea de que una revolución socialista exitosa podía empezar con focos guerrilleros rurales. Fue arrestado junto con el artista y activista argentino Ciro Bustos.

Roper conversando con el coronel Ralph Shelton de los marines norteamericanos, en el campo de entrenamiento militar en La Esperanza, Santa Cruz, Bolivia. Lo sigue Brian Moses, de Granada Tv, quien tomó las históricas fotografías del  Che muerto. Fue un sargento norteamericano quien “dateó” a los periodistas de que el Che había sido capturado en Vallegrande.
Roper conversando con el coronel Ralph Shelton de los marines norteamericanos, en el campo de entrenamiento militar en La Esperanza, Santa Cruz, Bolivia. Lo sigue Brian Moses, de Granada Tv, quien tomó las históricas fotografías del  Che muerto. Fue un sargento norteamericano quien “dateó” a los periodistas de que el Che había sido capturado en Vallegrande.

Ambos hombres mantenían estrechos vínculos con Guevara. Bustos había sido asociado estrechamente con un foco guerrillero argentino que fracasó, liderado por Jorge Massetti y apoyado por Guevara, aunque la prensa que cubrió el arresto de Debray desconocía ese nexo. Su artículo de portada señalando que eran periodistas en busca de una entrevista con Guevara parecía confirmar la posibilidad de que Guevara y sus guerrilleros estuvieran cerca. El gobierno de Bolivia, encabezado por un dictador militar, el general René Barrientos, estaba decidido a demostrar que los agentes comunistas extranjeros estaban “atentando contra la pacífica Bolivia”, y enjuiciaron a Debray y a Bustos como “los autores intelectuales del levantamiento”.

La ingeniosa combinación entre la posible presencia de Guevara y la farsa de juicio en el adormilado pueblo de Camiri, que no había presenciado tal conmoción desde la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay 30 años antes, atrajo a periodistas de todo el mundo; a mí me mandaron a Bolivia para cubrir el juicio presidido por cuatro coroneles. Como todos sabíamos cómo terminaría esto, fue difícil mantener vivo el interés durante los meses de julio, agosto y septiembre. En esa época podía tomarnos hasta tres días llegar a Camiri desde Lima, cambiando aviones en La Paz y Santa Cruz. Esto significaba que yo no podía aparecer y desaparecer durante el proceso, como lo hubiera hecho de haber sido en La Paz. Estaba atrapado.

El Che Guevara capturado en La Higuera.
El Che Guevara capturado en La Higuera.
 

“MUCHACHOS, HAN CAPTURADO AL CHE”
De modo que fue un gran alivio cuando Richard Gott, corresponsal del diario londinense The Guardian, llegó con Brian Moser, un realizador inglés de documentales para la televisión, que quería ver si podía hacer una película de los diferentes aspectos de la historia. El juicio fue un aburrimiento total y no servía para hacer algo interesante para la televisión, de modo que Richard propuso ir a La Esperanza, un ingenio azucarero al norte de Santa Cruz, donde un grupo de marines norteamericanos estaba capacitando a un batallón boliviano en técnicas contrainsurgentes. Parecía una buena idea.

El francés Regis Debray y el argentino Ciro Bustos detenidos en Bolivia. Su captura fue el hilo de la madeja.
El francés Regis Debray y el argentino Ciro Bustos detenidos en Bolivia. Su captura fue el hilo de la madeja.
  Nos pasamos el domingo 8 de octubre entrevistando a los oficiales norteamericanos y bolivianos involucrados en el programa de entrenamiento en La Esperanza. Nuestro plan era dormir en Santa Cruz antes de que yo regresara a Camiri, y Richard y Brian a los pueblos con minas de cobre en el altiplano.

Estábamos sentados disfrutando una cerveza cuando se nos acercó un sargento de la marina que habíamos conocido ese día en La Esperanza. “Muchachos, deberían dirigirse a Vallegrande, han capturado al Che”. Este golpe de suerte nos permitió llegar temprano al día siguiente a Vallegrande, un pequeño pueblo lleno de rumores, exageraciones y expectativas.

EL CUERPO DEL CHE
No podíamos saberlo, pero en ese momento el Che seguía con vida y los altos mandos bolivianos todavía no habían decidido su destino. A Estados Unidos le hubiera gustado mantenerlo con vida, pero el orgullo nacional no permitía a los bolivianos entregarlo. Quedaba claro, sin embargo, que las operaciones de Vallegrande estaban dirigidas por personal norteamericano, cuya identidad establecimos a través del simple proceso de ir al único hotel y revisar el registro. Ambos hombres eran exiliados cubanos que trabajaban para la CIA.

“El cuerpo del Che, sujeto a un riel de un helicóptero, fue llevado a Camiri desde La Higuera, donde había sido ejecutado de modo sumario. Nadie se interpuso ante nosotros”.
“El cuerpo del Che, sujeto a un riel de un helicóptero, fue llevado a Camiri desde La Higuera, donde había sido ejecutado de modo sumario. Nadie se interpuso ante nosotros”.
El cuerpo del Che, sujeto a un riel de un helicóptero, fue llevado a Camiri desde La Higuera, donde había sido ejecutado de modo sumario. Nadie se interpuso ante nosotros ni cuestionó nuestro derecho de estar presentes, pero pensamos que sería prudente, tan pronto como tuviéramos la historia, asegurar nuestras comunicaciones y archivarla. En la noche paramos en una tienducha al borde de la carretera para tomar un refresco y pude encontrar el Servicio Mundial de la BBC en el radio del propietario. Con gran alivio, escuchando el boletín informativo, oí que el locutor decía: “El corresponsal de Reuter en Bolivia ha informado sobre la captura y muerte del revolucionario argentino, Ernesto Che Guevara”. Era todo lo que necesitaba para terminar un día memorable.

En esos momentos no lo tuve en cuenta, pero ninguna otra agencia de noticias siguió el camino de Reuters porque France Presse, una semana antes, había informado incorrectamente sobre la captura de Guevara y nadie quería verse nuevamente envuelto en una falsa alarma. Mi reportaje completo apareció con mi firma tanto en el New York Times como en el Izvestia el martes 10 de septiembre, una aparición doble excepcional, me dijeron después. Ese fue el día en que el resto de la prensa internacional estuvo en Vallegrande, recibiendo una versión aséptica de lo que había sucedido. Reuters había vencido a su competencia por más de 24 horas, algo inusual incluso en ese entonces, cosa que hoy día sería casi imposible. Twitter llegaría antes.

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