Su hermano Javier la recogió el lunes 11 a la salida del penal de Ancón.
Su hermano Javier la recogió el lunes 11 a la salida del penal de Ancón.
Edición 2505: Jueves, 14 de Septiembre de 2017

Lo que Piensa Maritza

Aprobó todas las evaluaciones de conducta en la cárcel. No expresó arrepentimiento. Y osciló su discurso.

Su hermano Javier la recogió el lunes 11 a la salida del penal de Ancón.
Su hermano Javier la recogió el lunes 11 a la salida del penal de Ancón.

A mí me conocen. Estoy quemada”.

Así, medio en broma y muy en serio, se despidió Maritza Garrido Lecca del reportero de CARETAS que pudo conversar con ella y otras internas en el penal de máxima seguridad de Chorrillos.

A juzgar ahora por la reacción de los medios ante su liberación, estaba ciertamente ‘quemada’. Pero arrepentida, no.

Era julio de 2001 y habían sido trasladadas un par de meses atrás del penal de Yanamayo, en Puno, a 3,800 metros de altura. Allí había pasado la mayoría de los 9 años transcurridos desde su captura, con un breve intervalo por razones humanitarias a Socabaya, Arequipa, a 2,230 metros. Recién en 2012 las senderistas pasaron al penal de Ancón II.

En el año 2001, en el penal de Chorrillos, respondió preguntas de CARETAS.
En el año 2001, en el penal de Chorrillos, respondió preguntas de CARETAS.
El INPE tiene dos regímenes. Uno para presos de fácil readaptación y otro para los que son difíciles. Cada régimen tiene tres etapas, con la C como la de menos dureza.

Para transitar por estos peldaños, los internos son evaluados semestralmente por un psicólogo, un sociólogo y un asistente social. Saltar de una letra a otra implica dos años de buenas evaluaciones.
Y Garrido Lecca las sorteó todas, con ese ascetismo metódico que le hacía tener su cuarto como un anís. Dictar permanentemente talleres de danza y participar en cada actividad cultural que ofreciera el penal, hizo que los evaluadores tuvieran siempre una buena impresión de ella. Lo suyo no era un problema de socialización ni de mala conducta. Ese mismo 2001 terminó a la distancia la carrera de

Educación en la Universidad Católica.  

Ni qué decirlo. Se portó muy bien. Pero el INPE no evalúa las condiciones ideológicas ni las psiquiátricas.

Garrido Lecca fue condenada a cadena perpetua. En 2002 se anuló el juicio y la sentenciaron a 20 años en 2005. Al año siguiente le incrementaron 5 años más de pena.

Pero el trasiego penal y de penales no la empujó a expresar arrepentimiento público.

Cayó con Guzmán en la casa de la urbanización Los Sauces, en Surquillo.
Cayó con Guzmán en la casa de la urbanización Los Sauces, en Surquillo.

LO QUE PIENSA

De familia católica y muy conservadora, la hija mujer tras cuatro hermanos. Joven muy religiosa, radicalizada tras un viaje a Cuba, detenida en 1989 por estar acompañada de emerretistas. Su insólito salto de la simpatía por el MRTA a la militancia senderista tendría su explicación en la influencia de su tía, la monja Nelly Evans, quien fue capturada en 1991 y le habría heredado el trabajo de mantener a buen recaudo al líder terrorista.

Se casó  muy joven con el publicista argentino Saúl Mánkevich, que luego terminó enredado con la mafia de Vladimiro Montesinos. Su pareja Rafael Dávila era un poeta comunista, y mucho más rojo fue su siguiente novio, Carlos Incháustegui. Éste salió de la cárcel hace tres años.   

Fueron pocas, pero muy significativas, sus expresiones públicas en este cuarto de siglo.  

A sus vivas al ‘Presidente Gonzalo’ en la famosa presentación con el traje a rayas prosiguió su negación de cualquier responsabilidad en los interrogatorios policiales.  

“No tengo nada de qué arrepentirme”, reculó en una entrevista de 1994.

En julio de 2001 ofreció a CARETAS algunas de sus declaraciones. Se celebraban los actos por lo que se conocía como el día del recluso.

“Ahora le han cambiado el nombre al día del rehabilitado, ¿no?”, ironizó.

“Es claro, no se considera ninguna mujer en ningún proceso de rehabilitación”, concluía el reportaje.
Por entonces se instaló la Comisión de la Verdad y Reconciliación y Garrido Lecca consideraba que “debería entrevistarse con una voz autorizada del Partido Comunista del Perú, como el doctor Abimael Guzmán Reinoso”.

Los senderistas llevaban casi una década en defensa de la tesis de “solución política negociada a los problemas derivados de la guerra”, esbozada a manera de rendición por Guzmán en 1993. El objetivo final era una amnistía y el reconocimiento político de los presos. La bailarina siempre estuvo inscrita en esa línea.

“No se deben seguir buscando venganzas y rencores. Debemos llegar a una verdadera reconciliación”, dijo. Para ella, “la dirección del PCP tiene la lucidez como para reconocer errores. ¿Tarata? Un error político, evidentemente”.

Más aún, añadió que “como testigos de parte, estamos casi seguros de que la mayoría de matanzas y genocidios, un 80%, fueron responsabilidad de las Fuerzas Armadas”.

Explicó que “la lucha armada no es viable en este momento. Ahora existe por parte del pueblo un clamor de paz y sería ilógico no hacerle caso. Sería incluso antirrevolucionario… Habría que preguntarle al doctor Guzmán, pero creo que sí tenemos futuro como partido político”.

Muy distinta tonada la que transmitió cuatro años después, en 2005, cuando en vísperas de su nueva sentencia respondió a CARETAS que “no sabía que Guzmán estaba en el segundo piso de mi casa, tampoco que estaban ahí las otras personas. Mi pareja fue quien hizo el contrato de alquiler con Raida Oscate (nombre ficticio de Elena Iparraguirre). Nunca oculté a Guzmán”.

Antonio Ketín Vidal, exjefe de Dincote, y cuestionable exclusión de reconocimientos. Aunque renuncie a la lucha armada, Morote se acaba de ratificar en radicalismo. Guzmán enfrenta juicio por Tarata.
Antonio Ketín Vidal, exjefe de Dincote, y cuestionable exclusión de reconocimientos. Aunque renuncie a la lucha armada, Morote se acaba de ratificar en radicalismo. Guzmán enfrenta juicio por Tarata.

Cuando se le pregunta si no hay un mea culpa, contesta que “no soy miembro y mucho menos dirigente de SL, y no hay pruebas objetivas de ello. En el peor de los casos, espero una sentencia que me permita reincorporarme a la vida social normal, al seno de una lindísima familia que me espera y acoge. Y a mi trabajo en el campo del arte”.

Sobre sus arengas iniciales, dijo que reaccionó ante “todo el aparato del Estado aplastándome” de manera que se solidarizó “con las otras personas que estaban siendo maltratadas como yo en ese lugar…es cierto que no medí las consecuencias de mis actos y eso me ha hecho mucho daño hasta el día de hoy, porque se han utilizado esas imágenes para decir de mí tantas cosas falsas, hasta la acusación que hoy enfrento”.

Cuando Garrido Lecca ha querido volver sobre sus pasos es cuando tenía encima la espada de Damocles de los procesos penales encima, en 1992 y 2005. Luego, en 2013, con esos episodios bien atrás le dijo a la revista chilena The Clinic que “lo que me interesa ahora mismo es ver hacia el futuro.

El pasado y lo que me trajo a la cárcel, para mí, es ya un capítulo cerrado. Lo que se debe buscar es que la sociedad peruana, en su conjunto, cierre el capítulo y pase a otro momento de la historia”.

No quiso comentar sobre los crímenes de SL. “No pienso hablar del pasado. Lo hecho, hecho está.  Hay que verlo en el contexto de lo que ocurrió todo”.

Aseguró que “lo que realmente me interesa ahora es mi familia. Son los únicos que han estado conmigo en todo momento. Sobre todo mis padres que la han pasado mal”.

¿Se hundió en el fanatismo, como se ha dicho, tras rebelarse contra los cánones burgueses de casa?
Expresó que le gustaría que su padre de 86 años la viera en libertad por lo menos un día. Pero ese mismo año murió, sin que le permitieran visitarlo en la clínica. Su madre Yolanda tiene 83 y se suponía que la esperaba a vivir en su departamento de Miraflores. Su hermano Javier la recogió el lunes 11 a la salida del penal de Ancón. Ella le besó las manos y él la llevó hasta un hotel en Casma. 


Mi Vecina Terruca

El calendario conspiró para que su liberación  ocurra en la víspera del cuarto de siglo de su captura, la de Abimael Guzmán a quien ella ocultaba, y la de la cúpula de la secta asesina que tuvo en jaque al Perú.

Su omisión magnifica la tensión entre repulsión y fascinación que todavía despierta entre la sociedad. No era una estudiante de la Universidad de Huamanga sino una espigada ballerina de rancio apellido. Alojó a Guzmán en una zona pudiente de Lima y se supone que ahora volverá a Miraflores. Con el expremier Pedro Cateriano de vecino. Nada menos.

Expremier Pedro Cateriano.
Expremier Pedro Cateriano.

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