Ingeniero Javier Cornejo poniendo el dedo en la llaga. Teme que pastos y arbustos terminen trasquilados por el avance del cemento y  la energía. Por este lugar pasaría la Periurbana.
Ingeniero Javier Cornejo poniendo el dedo en la llaga. Teme que pastos y arbustos terminen trasquilados por el avance del cemento y la energía. Por este lugar pasaría la Periurbana.
Edición 2496: Jueves, 13 de Julio de 2017

El Último Valle Verde

Escribe: Alberto Sánchez Aizcorbe | Vía Periurbana que evitaría el tránsito por el centro de Lima amenaza lomas y valle de Lurín y Pachacámac.

Ingeniero Javier Cornejo poniendo el dedo en la llaga. Teme que pastos y arbustos terminen trasquilados por el avance del cemento y  la energía. Por este lugar pasaría la Periurbana.
Ingeniero Javier Cornejo poniendo el dedo en la llaga. Teme que pastos y arbustos terminen trasquilados por el avance del cemento y la energía. Por este lugar pasaría la Periurbana.

Las autopistas de circunvalación son la solución preferida de  numerosos profesionales del transporte.  Tratan así de evitar el paso a través de las grandes ciudades para no sufrir  las complejidades  del  tránsito urbano de la ciudad contemporánea. A comienzos de los ‘70, recién inaugurada en Lima la vía de Evitamiento, 12 minutos eran necesarios para cubrir un viaje desde la avenida Primavera en Surco hasta la puerta de la Universidad Nacional de Ingeniería en el Rímac; hoy se requiere de media a una hora. Bastó poco más de una década para que el desengaño cundiera entre los usuarios de la vía y se planteara en los ‘90 la “Nueva Evitamiento”, esta vez en las estribaciones de los cerros que rodean la ciudad.

El Plan de Desarrollo de la Metrópoli (PLAM 2035) incorporó la iniciativa, considerando esta vez unir Lurín con Ancón con una Periurbana de 120 kilómetros a un costo de quince mil millones de dólares (125 millones de dólares kilómetro), presentando los requerimientos técnicos y urbanísticos al Ministerio de Transporte y Comunicaciones el año 2014.  José García Calderón, coordinador del PLAM, estimó que un tercio de los vehículos que circulan por la actual Panamericana lo harían en el futuro por la Nueva Vía, es decir, 1,500 vehículos por hora. ¿Alguien puede asegurar que esta solución resista el paso de los años? A juzgar por los asentamientos urbanos, formales e informales que ya se ven a simple vista, surge la duda. Y ya no hay más allá.

Flor de Amancay y goce al aire libre.
Flor de Amancay y goce al aire libre.

Pero el tema no es solo de cantidades de unidades de transporte que se trasladan ni el costo exorbitante de la obra, un aspecto fundamental que se debe tener en cuenta es el impacto que esta autopista –de 40 a 70 metros de ancho   según la zona que atraviesa– producirá en las Lomas del valle de Pachacámac. Ya Lima ha visto retroceder y en  casos como la Pampa de Amancaes, desaparecer, esos refugios de vida silvestre en los que reina fugazmente la flor de la ciudad, el amancay, y albergan 80 especies de fauna. Son 70,000 hectáreas de Lomas desde Ancón hasta San Bartolo que se deben preservar.  Y aquí surge una propuesta urbana a  considerar: así como se reclama que Lima no debe dar la espalda al mar, tampoco debe hacerlo hacia sus lomas. Las lomas tienen el área suficiente para cubrir la  necesidad de contacto con la naturaleza que requiere la población. Es cuestión de dar la solución de transporte que las haga accesibles.

Realizaciones viales y de transporte han inducido a congestionar las pistas.
Realizaciones viales y de transporte han inducido a congestionar las pistas.

La autopista propuesta  no contribuirá a ello. Ochenta kilómetros de velocidad es correr de un lugar a otro, aumentar la densidad según la teoría del tránsito inducido y crear una expectativa inmobiliaria que ya se viene percibiendo en iniciativas que no conducen a la integración sino al espíritu de aislamiento. Veamos más bien una descripción de una de las zonas que atravesaría el nuevo proyecto,  el valle de Jatosisa:   “Oasis lleno de bosque y áreas verdes. Pistas de afirmado rodeadas de árboles, muros de adobón y piedra, un camino rural a lo largo del río Lurín hasta Cieneguilla, rebaños de cabras y vacas y crianza de caballos de paso”. Y todo a un paso de Lima. 

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