Edición 2495: Jueves, 6 de Julio de 2017

La educación como condición de crecimiento social

Por: Patricia Sánchez, decana de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Privada del Norte.

La revista CARETAS y la Universidad Privada del Norte, hacen una alianza para dar a conocer valiosa información publicada en la plataforma de blogs de la UPN. Los textos que reproducimos aquí son artículos escritos por catedráticos y profesores y responden a sus áreas de investigación y expertise.

Con esta alianza ofrecemos a los lectores de CARETAS temas abordados con curioso y saludable espíritu académico.  Usted puede seguir el blog de la Universidad Privada del Norte a través de su página web y sus redes sociales.

En el día a día todos nos topamos con verdades de perogrullo, como aquella que reza sobre la importancia de la educación. Sí, todos somos conscientes, en mayor o menor medida, que la educación permite que las personas generen competencias ligadas a conocimientos que las hace más hábiles para enfrentarse a los desafíos que la vida impone. Del mismo modo, sabemos que un país más educado es un país en donde las desigualdades se diluyen y el bien social se impone, o por lo menos es la utopía que deseamos creer.

Una cosa sí es completamente cierta: sólo la educación permite que las personas comprendan sus derechos y deberes y por ende los convierte en ciudadanos autónomos y completos. Pero qué decepción es ver lo que pasa día a día con ciudadanos “educados” que sólo buscan el bien personal y lo priman sobre el colectivo. ¿Qué es lo que falla, entonces? Varios factores se entrelazan en estos comportamientos, uno de ellos es la educación.

Por muchos años nos hemos preocupado, dentro de una sociedad industrial, en promover conocimientos duros, cuantitativos, pragmáticos, racionales. Hoy en día sabemos que una persona requiere también de las llamadas habilidades blandas, aquellas que los forma para ser empático, comprender a los demás no sólo como números en una planilla o proyecto, sino como personas que tienen capacidades propias y no representan un mero recurso.

La educación moderna busca que estas deficiencias se vean reducidas, trabajando en formación de habilidades blandas, mejorando capacidades, generando la infraestructura necesaria y los lineamientos que permitan que los estudiantes tengan a mano los recursos para desarrollarse integralmente. Sin embargo, pensamos también comúnmente que esto es trabajo de la escuela o de las instituciones superiores en donde los docentes estarán capacitados para que nuestros hijos o nosotros mismos logremos los objetivos propuestos.

Aquí hay algo que se olvida o no se quiere ver: todos enseñamos, todos somos docentes, todos somos ejemplo. Poco podemos lograr en la sociedad si los ejemplos que vemos todos los días están ligados a la viveza, la informalidad, el conformismo, la mentira. ¿Quién está mal aquí? ¿La escuela que no forma? ¿Los docentes que no están capacitados? ¿O somos todos nosotros que no comprendemos nuestro rol? La respuesta no es fácil, menos si vemos que muchas personas en nuestra sociedad siguen pensando en imponer formas de pensamiento que no integran sino dividen. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene a mano la forma de cambiar esta situación. No es fácil, pero si intentamos podemos empezar a hacer la diferencia.

Sólo dándonos cuenta de que nuestro comportamiento influye en los demás, empezando por nuestra familia, podemos comprender cómo cambiar las cosas. Claro que para que esto pase primero habría que tener un profundo cambio personal para entender que debemos ser mejores. Si me quejo de la suciedad de la ciudad y lanzo basura a la calle no habré entendido nada.

Se les pide a los docentes que mejoren, pero ¿qué estamos haciendo para que esas mejoras exigidas realmente tengan eco en la sociedad. El cambio que buscamos en la educación peruana no es de corto plazo sino de largo aliento y los resultados los veremos en las próximas generaciones, pero hay que empezar con esos cambios y también con nosotros mismos. No exijamos a un docente que nuestros hijos lean más si nosotros no leemos en casa y no los motivamos. No pidamos que los niños tengan comprensión crítica si nunca conversamos con ellos ni entendemos sus problemas o consultas. No exijamos ser más competitivos en creatividad o innovación si nuestros hijos no hacen nada diferente porque es más fácil hacer siempre lo mismo.

Ser docente en el Perú de hoy es una labor titánica. Ser docente en el Perú de hoy es ser un soñador que tiene por vocación apoyar el crecimiento de las personas. Si bien para ser un buen docente hay que prepararse mucho y no tomarse a la ligera el rol que la sociedad asigna, todos debemos ser conscientes que podemos ser también docentes generando esos pequeños cambios en el día a día, generando cambios con nosotros mismos, con nuestras familias y con nuestro país.

¡Feliz día a todos los docentes y maestros peruanos!

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