Edición 2489: Jueves, 25 de Mayo de 2017

Después de Chinchero

Los cusqueños no han perdido ni la soga ni la cabra.

Esto es lo que el gobierno y los cusqueños deberían hacer ahora que el último contrato de Chinchero ha sido desechado.

Lo primero es lo más urgente. Esto es, repotenciar el actual aeropuerto Velasco Astete. Costaría entre US$ 30 y US$ 50 millones para dotarlo de nueva electrónica, nuevos terminales y nuevas facilidades de rampa. Cusco entonces muy rápidamente podría duplicar o más el tráfico aéreo del presente año.

El siguiente paso, que podría ser ordenado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski, es realizar un adecuado estudio de los que el Cusco y el Perú necesitan en materia aeroportuaria en el próximo cuarto de siglo. El Perú debería tener media docena de aeropuertos internacionales, además de Lima. 

En el pasado, tanto Talara como Iquitos tenían vuelos diarios de ida y vuelta a Miami, Ecuador, Colombia y América Central. Medio siglo atrás, Tarapoto era el aeropuerto con más frecuencias fuera de Lima. Hoy, Pisco, a tres horas de la capital, tiene una pista de aterrizaje de primer grado con un gran potencial  para las agroexportaciones y el turismo a Paracas y Nazca.

Otros aeropuertos de entrada serían Piura, Trujillo, Arequipa, Iquitos y Cusco. Avianca ya realiza tres vuelos semanales entre Bogotá y Cusco. También se tiene un oportuno vuelo Cusco - La Paz.

Para el Cusco mismo, tal como están las cosas en el aeropuerto Velasco Astete, una repotenciación le permitiría atender la demanda hasta el 2030. Los cusqueños detestan la idea porque quieren incorporar esas 240 hectáreas al desarrollo urbano. Pero cumple con su misión de transportar turistas y viajeros locales de ida y vuelta eficiente y económicamente.

Ahora bien, el gobierno debería hacer una primera cosa de inmediato: Limpiar la patética ejecución de obra pública del Cusco.    

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