Edición 2486: Jueves, 4 de Mayo de 2017

Mariano Gagnon

(1929-2017)

El sacerdote franciscano Mariano Gagnon fue un hombre rudo, de gran humor y corazón dulce como el camote. Nacido en 1929 en Nueva Hampshire, EE.UU., descendiente de indios iroqueses, en 1948 llegó al Perú y tomó los hábitos en el convento de Ocopa. Fue el inicio de una vida dedicada al prójimo, al pie de las míticas cascadas de Cutivireni.

Esta semana, a los 88 años, el padre Mariano emprendió su última aventura, la más trascendental de todas, que en su caso no fueron pocas. A Gagnon se lo recuerda, por ejemplo, recién ordenado como religioso, lanzándose temerariamente en paracaídas en la selva con los sinchis.

El novicio volador fundó primero las misiones de Flor de Punga, a orillas del Ucayali, y de Santa Elena, en la margen del Tapiche. Pero fue en 1969 cuando instauró la misión de Cutivireni, en la confluencia del río Ene, reeditando la gesta misionera franciscana del siglo XVIII, y donde convivió con los asháninkas por más de cuatro décadas.

“Es uno de los lugares más prístinos del planeta”, narraría en una ocasión. Ahí erigió su iglesia. La escuela bilingüe. La posta médica. Pero en 1984, la misión fue destruida por desconocidos. Gagnon retornó y la refundó con renovado entusiasmo. En 1990, una horda asesina de Sendero Luminoso la volvió a atacar, redujo sus instalaciones a cenizas, asesinó a más de 30 nativos. Pero una vez más, el padre Mariano no se amilanó. Organizó el éxodo de los sobrevivientes hacia las alturas de la cordillera del Vilcanota. Llevaba entonces un crucifijo y una escopeta Winchester. La gesta de Gagnon fue narrada por Gustavo Gorriti y publicada por CARETAS y el New York Times.

Murió en el convento de Los Descalzos, en la paz del Señor.

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