Ortiz ingresó a la casa de Yactayo el 28 de febrero.
Ortiz ingresó a la casa de Yactayo el 28 de febrero.
Edición 2485: Jueves, 27 de Abril de 2017

No Escarmienta

La extraña fijación de Beto Ortíz.

Ortiz ingresó a la casa de Yactayo el 28 de febrero.
Ortiz ingresó a la casa de Yactayo el 28 de febrero.

Beto Ortiz, conductor de ‘Beto a saber’ –su último formato televisivo–, anunció esta última semana haber denunciado penalmente a CARETAS por delito de difamación agravada por “hacerme prácticamente autor del crimen de uno de mis mejores amigos”, refiriéndose al editor audiovisual José Yactayo, desaparecido el 26 de febrero.

A Ortiz le sobra el tiempo o el dinero.

CARETAS en su edición 2478 del 9 de marzo no lo ha difamado. En todo caso, si así lo considera, tendría que querellar a la mitad del gremio periodístico que, al igual que la revista, se ocupó de él en los días siguientes a la desaparición de Yactayo.

Y es que pocos días antes, el 28 de febrero, Ortiz ingresó a la casa de Yactayo en San Luis en compañía de un perito en informática, y manipuló y extrajo archivos de la computadora del comunicador, cuando la Policía aún peinaba Lima en su búsqueda.

CARETAS 2478 del 9 de marzo.
CARETAS 2478 del 9 de marzo.
El propio Ortiz lo admite: “Lo hice para salvar tres años de trabajo de un documental que estuvimos haciendo”.   

Pero ¿por qué tenía que rescatar ese material? ¿Acaso Ortiz ya sabía que Yactayo estaba muerto? ¿Es posible que no tuviera un backup?

El miércoles 1 de marzo, Ortiz fue citado por la Dirección Nacional de Criminalística a su sede en la Av. España. El viernes 17 de marzo, sería interrogado por segunda vez por Criminalística durante 10 horas. El Código Penal sanciona con pena privativa de libertad no menor de dos años ni mayor de cuatro años a quien manipule o elimine cualquier prueba de un crimen.

Finalmente, el 7 de abril, la Policía capturó en Breña al presunto asesino de Yactayo, Wilfredo Zamora Carrión, 26 años, estudiante de mecatrónica en la UPC, quien había conocido a su víctima vía Man Hunt, un portal de encuentros de la comunidad gay, según confesó.

Y CARETAS no ha escrito nada distinto a lo que se acaba de narrar. Salvo que se entienda por difamar, publicar en calidad de primicia la noticia de que Ortiz manipuló la computadora de Yactayo cuando la Policía aún andaba en su búsqueda.

Pero ahora Ortiz ha llevado el caso Yactayo un paso más allá.

El domingo 16 atribuyó la intensa cobertura que el crimen recibió de los medios a una campaña psicosocial que “por supuesto le sirve al gobierno para intereses subalternos”.

“La  época de Montesinos nos ha enseñado a golpes –dijo, mirando condescendientemente a Pamela Vertiz– cómo desde un gobierno se puede manejar  determinados  medios de prensa”.
Al día siguiente, sin embargo, Ortiz dedicó el debut de su programa televisivo al caso. Y volvió a meter la pata.

Cuestionó la labor de la Policía que dio con el criminal y denunció erróneamente que este último era sobrino del presidente de la Corte Superior de Justicia de La Libertad, Juan Zamora Barboza.
Por cierto, no es la primera vez que Ortiz está en el ojo de la tormenta.

En 1997 fue exonerado de los cargos de pedofilia presentados por la directora del Hogar de Menores Generación, Lucy Borja, a pesar de los varios y explícitos testimonios de presuntas víctimas (CARETAS 2145)

Fiscal Fanny Uribe, responsable de la pericia digital forense.
Fiscal Fanny Uribe, responsable de la pericia digital forense.

En el 2012, como conductor de ‘El valor de la verdad’, se cuestionó su responsabilidad indirecta en el crimen de Ruth Sayas, una joven asesinada por su expareja para robarle los 15 mil soles de premio ganados en la primera edición del programa de TV a cambio de confesar que había mantenido relaciones sexuales con otros hombres por dinero y que trabajaba en un night club.

No sin razón, ‘Tele Basura’ fue en ese entonces el título de nuestra carátula  (CARETAS 2241).
Tampoco es la primera vez que Ortiz enjuicia a CARETAS por difamación. Y todos han sido casos desestimados por el Poder Judicial.

Pero Beto Ortiz no escarmienta. 

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