El autor estima que harán falta S/ 4 mil millones para la reconstrucción.
El autor estima que harán falta S/ 4 mil millones para la reconstrucción.
Edición 2480: Jueves, 23 de Marzo de 2017

El Desastre Antes y Después

Escribe: Jorge Ruiz de Somocurcio * | “Se acabó el mito de la ciudad espontánea, el urbanismo popular y el crecimiento por invasión”.

El autor estima que harán falta S/ 4 mil millones para la reconstrucción.
El autor estima que harán falta S/ 4 mil millones para la reconstrucción.

Mi solidaridad con los damnificados del país.

La imborrable imagen de Evangelina Chamorro Díaz emergiendo del lodo en medio de escombros, junto a una vaca, en la quebrada de Punta Hermosa, así como el compromiso de los jóvenes, se han convertido en símbolo de la lucha contra la adversidad.

Los desastres naturales tienen algo de predecibles; no en términos de día y hora, pero sí de su presencia devastadora. El territorio, esa piel que habitamos, nos habla de todas sus condiciones. Toca interpretarlas y respetarlas. Muchas ciudades en el mundo, hace varios siglos, resolvieron primero el manejo de sus ríos, cuencas y bordes costeros, como condición previa a su urbanización; estos discurren en cauces generosos, ordenados y protegidos. Existe una cultura de prevención y además hay autoridad para imponer el respeto a las decisiones técnicas.

Se acabó el mito de la ciudad espontánea. El urbanismo popular y el crecimiento por invasión no puede ser más el patrón de la expansión urbana. Ahora, y por primera vez, el gobierno nacional reconoce que nuestras ciudades están mal planificadas o simplemente no han sido planeadas.

A pesar de que Perú ha registrado fenómenos El Niño en 82-83; 97-98; 2015-2016, y es un dato irrefutable de la realidad, en casi todas nuestras ciudades y Lima especialmente, los ríos son verdaderas cloacas, vertederos de desagüe, relaves mineros, basuras y desmonte, convirtiéndolos en bombas de tiempo que amplificaran los efectos de un desastre natural.

Hasta la fecha, solo en Lima, hay más de 10 mil damnificados, decenas de desaparecidos y 500 viviendas inhabilitadas y la ayuda de emergencia aún no termina de organizarse, a pesar de los esfuerzos de las Fuerzas Armadas, la Policía y los Bomberos. Chosica es quizás el ejemplo más visible: todas las quebradas calificadas de alto riesgo están invadidas por familias de escasos recursos, engañadas por traficantes de tierras.

Paro también es inaceptable que nunca se haya encauzado el río Rímac y que Sedapal solo tenga reservas de agua potable para ¡5 horas! en una ciudad de 10 millones de habitantes.

Toda catástrofe pasa por las fases de a) Emergencia b) Rehabilitación c) Reconstrucción. Ahora tocará pensar en la Reconstrucción y desgraciadamente tampoco tenemos cultura institucional. La última experiencia que tuvimos fue Pisco y peor no pudo ser. Después de casi 10 años aún hay damnificados que el Estado dejó a su suerte. Y la reconstrucción aún no termina. Obtuve la buena pro para el Plan Urbano de Reconstrucción y no se ejecutaron más del 20% de las recomendaciones. Las denuncias de corrupción salpicaron todo el proceso.

A nivel nacional, hasta el momento, hay más de 500 mil damnificados y casi 8,000 viviendas inhabitables. Solo ahí hay una demanda de no menos de S/ 500 millones, sin contar la infraestructura, la recuperación agrícola ni el apoyo social a las víctimas. Fácil podemos hablar de S/ 4,000 millones de inversión. ¿Estamos preparados para una reconstrucción previsora, planificadora, eficiente y sin corrupción? ¿Podremos reordenar nuestras ciudades?

Esta reconstrucción tiene que ser dirigida por un ente autónomo con plenos poderes y recursos con el cual coordinen los municipios; no adscrito a ningún Ministerio y compuesto por los sectores público y privado, sin injerencia política y dependiendo directamente del Presidente de la República. De lo contrario, fracaso anunciado. 

(*) Arquitecto urbanista. 

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