Recorte periodístico de la época. Revista Zeta, año 3 # 149. Caracas (Venezuela) 16 de enero de 1977.
Recorte periodístico de la época. Revista Zeta, año 3 # 149. Caracas (Venezuela) 16 de enero de 1977.
Edición 2471: Jueves, 19 de Enero de 2017

¿Hundió Chile un Submarino Peruano?

Por: Daniel Avendaño / Mauricio Palma | La mítica historia de una nave peruana hundida en la bahía de Valparaíso.

Recorte periodístico de la época. Revista Zeta, año 3 # 149. Caracas (Venezuela) 16 de enero de 1977.
Recorte periodístico de la época. Revista Zeta, año 3 # 149. Caracas (Venezuela) 16 de enero de 1977.
Son las 19 horas del miércoles 7 de septiembre de 2016. En un céntrico restaurante santiaguino será presentado el libro El Secreto del Submarino, la historia mejor guardada de la Armada de Chile.
 
Entre los presentes se encuentra Ismael Necochea Pino, agregado naval adjunto de la embajada de Perú en Santiago, quien escucha atentamente las claves de un episodio que ha sido silenciado durante cuatro décadas: el presunto hundimiento de un submarino peruano en mar chileno.
 
Después de diez años de investigación, de más de cien entrevistas,  de un acucioso trabajo de reportería en Lima financiado por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), los autores de este libro logramos dilucidar la bitácora de un incidente naval de grandes proporciones. Así, rescatamos un artículo publicado –en enero de 1977– por la revista venezolana Zeta y que daba por sentado que Chile había hundido un submarino peruano el 10 de septiembre del año anterior en plena bahía de Valparaíso, cuando efectivamente cuatro destructores chilenos no solo detectaron un contacto metálico de proporciones, sino que lo bombardearon durante tres días.

Almirante Toribio Merino dio orden.
Almirante Toribio Merino dio orden.
Pero aquella nota de prensa señalaba erróneamente que se había hundido el submarino Áncash, el que no figuraba en la flota peruana de aquel año ni lo hizo después. En esa época, Perú contaba con ocho sumergibles y era la mayor fuerza submarina de la zona. Y en aquel fin de semana de septiembre, todos estuvieron atados a sus amarraderos en El Callao, salvo uno que estaba en San Juan de Marcona. No obstante, siempre hubo una incógnita que fue originalmente deslizada -en una carta dirigida a CARETAS en agosto de 1999- por el ex técnico electrónico del SIMA, Jorge Neves: los submarinos peruanos estaban numerados desde el 41 al 49, pero nunca se pudo explicar por qué el numeral 47 estaba vacante.


¿QUE PASÓ EN 1976?
Tras la detección de un contacto metálico, hubo una rauda consulta diplomática entre Lima y Santiago para saber si el submarino que había ingresado subrepticiamente a mar chileno pertenecía a la flota peruana. Tras la negativa, comenzaría el mayor operativo bélico en las últimas décadas y que fue observado por miles de habitantes en Valparaíso.
 
Pero mientras cuatro destructores chilenos no cesaban de lanzar bombas de profundidad, hubo un zarpe misterioso: un mercante llamado Tacna, que pertenecía al Consorcio Naviero Peruano y que había llegado dos días antes a Valparaíso, dejó el puerto ese viernes de septiembre cerca de las 20 horas. Era, a todas luces, un movimiento inusual. Para algunos fue la oportunidad de que un submarino escapase.
 
Tras el incidente se dio paso a un inusitado aumento de visitas bilaterales del más alto nivel entre autoridades militares, que –en rigor- eran quienes gobernaban ambos países. Fueron reuniones a puertas cerradas y de lo que se conversó no se supo durante cuarenta años.
 
En el libro también incluimos el testimonio de un agente secreto que reveló que existen fotografías de los restos de un sumergible peruano hundido. También nos confesó que el verano de 1983, un grupo de elite de la marina chilena bajó a las profundidades de Valparaíso, para cubrir con una malla metálica los restos del supuesto submarino hundido. En aquellos días, otro mercante peruano estuvo por varios días a la gira en el puerto chileno.
 
En las últimas semanas han surgido nuevas versiones y nuevos antecedentes. La Armada de Chile, que había desvirtuado el incidente de 1976 calificándolo como un ejercicio rutinario, en el pasado mes de septiembre cambió su postura al admitir que “sus buques actuaron en forma doctrinaria ante la detección de un un posible submarino”. Es decir, después de cuarenta años reconocieron que habían hecho legítima defensa ante la incursión de un extraño en el mar territorial.
 
El Destructor Ministro Portales (construido en 1944) hundió al submarino.
El Destructor Ministro Portales (construido en 1944) hundió al submarino.

También trascendió que la medianoche del 10 de septiembre de 1976, la tripulación del Tiberiades, el pesquero mejor equipado para detecciones submarinas, tuvo que volver a embarcarse y –por orden de la armada chilena- hacer rastreos en la rada. Al regresar al tierra, el capitán Ramón Peralta se había quedado con el papel de la ecosonda: una silueta de un submarino postrado en el fondo se podía ver claramente.
 
Volvemos a septiembre de 2016. La presentación del libro ha concluido. El capitán de fragata peruano Ismael Necochea Pino se acerca amablemente a uno de los autores para solicitar mayor información. Le interesa el tema, deja su tarjeta de presentación y luego se retira con el secreto mejor guardado de la Armada chilena bajo el brazo.