La sodalita, gema apreciada en el Sodalicio, le recuerda que no debe volver a confiar en agrupaciones como la que fundó Luis Fernando Figari.
La sodalita, gema apreciada en el Sodalicio, le recuerda que no debe volver a confiar en agrupaciones como la que fundó Luis Fernando Figari.
Edición 2464: Jueves, 24 de Noviembre de 2016

Terapia Represiva

Escribe: Juan Rosales | Exsodálite denuncia que fue obligado a seguir un tratamiento psiquiatrico y tomar pastillas contra la ezquizofrenia para controlar su homosexualidad.

La sodalita, gema apreciada en el Sodalicio, le recuerda que no debe volver a confiar en agrupaciones como la que fundó Luis Fernando Figari.
La sodalita, gema apreciada en el Sodalicio, le recuerda que no debe volver a confiar en agrupaciones como la que fundó Luis Fernando Figari.

Lázaro estuvo tres años en el Sodalicio,  pero le tomó 15 años sacarse de la cabeza una idea que le inculcaron desde que ingresó cuando tenía 17: que la homosexualidad es un pecado. Cuando le contó a GT (seudónimo de su guía espiritual) que le gustaban los hombres, creyó que iba a ser expulsado, pero le aseguró que era un gusto de la adolescencia que desaparecería con la madurez. “Ese día se ganaron mi confianza y fidelidad. Es bien difícil crecer y ver que  te sientes distinto a los demás. Fue un alivio.”, confiesa.  Su calvario, sin embargo, comenzó cuando GT decidió enviarlo con el psiquiatra Carlos Mendoza Angulo para que se someta a un tratamiento.

Sin ninguna evidencia de que la homosexualidad sea una enfermedad, Mendoza le recetó, entre otros fármacos, Olazanpina, una pastilla  para pacientes con esquizofrenia y trastorno maníaco depresivo. Según Lázaro, Mendoza le explicó que el tratamiento no lo ‘curaría’ de la homosexualidad, pero la volvería más ‘manejable’ siempre y cuando tomara las pastillas en dosis pequeñas. “El Sodalicio y Mendoza hicieron todo eso sin sustento médico, solo con base en un precepto moral de la Iglesia Católica que dice que la homosexualidad es mala”, afirma.

Lázaro buscó a Mendoza entre 5 y 6 años, pero la frustración y el sufrimiento por los efectos de las pastillas y no aceptarse a sí mismo se prolongaron nueve años más. Recién en el 2013 pudo asumir su homosexualidad. El exsodálite lamenta que Mendoza, siendo médico, se haya prestado para ser un engranaje más de ese mecanismo de control. “Yo no fui el único. Muchos otros fueron enviados con él por distintos motivos. En cuanto te calificaban como ‘caso complicado’ el Sodalicio  te enviaba con Mendoza para que te llene de antidepresivos. Mendoza se callaba y se dedicaba a recetar en vez de alzar la voz, porque algo claramente estaba mal en la institución. Él abusó de la confianza de sus pacientes”, remarca.

Hace algunos meses Lázaro se acercó al consultor irlandés Ian Elliot para contarle su caso y buscar una reparación. Le solicitó una carta escrita por GT en la que reconociera que no debió enviarlo con Mendoza,  un compromiso  del Sodalicio para que modifique su estatuto y que cualquier miembro que requiera  tratamiento psicológico o psiquiátrico pueda  ser tratado por un profesional independiente y una reparación económica.

Pero se estrelló contra una pared. “Fue una pérdida de tiempo.  Elliot me escuchó y meses después me transmitió la oferta estándar del Sodalicio, que no respondía a lo que yo había pedido”, lamenta Lázaro. La propuesta, a la que considera un insulto por no resarcir el daño cometido, consistía en una reparación de US$ 10,000, una carta de disculpas firmada por el Superior general Alessandro Moroni y tratamiento con un psicólogo elegido por la víctima.

“En vez  de ofrecer algo aplicable a mi caso como víctima me ofrecieron cosas con las que ellos se sentían cómodos. Por ejemplo, ofrecieron ayuda psicológica cuando yo ni siquiera la había pedido. Quizá a otros les ayude, pero yo no pedí eso”, sostiene Lázaro. Cuando le comunicó sus reparos a Elliot, este no volvió a contactarse con él. A pesar de tratarse de un grupo católico, el Sodalicio no parece guiado por valores de caridad y justicia para reparar a una de sus víctimas.

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