“La muerte de Alan fue un acto ciento por ciento político”.
“La muerte de Alan fue un acto ciento por ciento político”.
Edición 2590: Jueves, 16 de Mayo de 2019

El Otro Alan

Alan Rivera Prieto, prototipo aprista post AGP: “No nos van a destruir, nos dan fuerza”.

“La muerte de Alan fue un acto ciento por ciento político”.
“La muerte de Alan fue un acto ciento por ciento político”.

Alan Rivera Prieto (52) se ha pasado la mayoría de los últimos 25 años fuera del país. “Vivo en Estados Unidos, soy viudo, tengo mis hijos enrumbados excepto una de doce”, resume. “Hoy trabajo en una empresa de investigaciones internacionales. Fui dos años jefe de mesa nacional en NBC Telemundo y durante 10 años hice 13 noticieros de televisión como investigador, productor, reportero y presentador”. Su último libro publicado es “Ilegales, Verdades y Mentiras en un País de Inmigrantes”, del que prepara la edición en inglés. Tiene dos libros en preparación. “Uno se llama El Antipríncipe. Voy a viajar a San Casciano, donde Maquiavelo escribió El Príncipe. Beber de ese espíritu para poderlo negar”. Dialéctica ética. “El fin no justifica los medios, los medios forman parte del fin y la democracia es un fin en sí mismo”. Pretende discutir la bioquímica en la política. Se declara optimista antropológico. Lo que llama el líder servidor “produce más endorfina que adrenalina”. ¿Y Alan García? “Era gran productor de adrenalina”. ¿Un líder de tiempos viejos? “No lo sé, no tengo respuesta”.    

En diciembre publicó en Youtube un manifiesto desde México en el que le pidió a AGP suspender su militancia mientras enfrentaba las investigaciones, “para que no le disparen al partido”. Ahora dice que “habría que ser un ciego para no reconocer que el Ministerio Público se ha ensañado con el PAP y lo quieren destruir, pero no nos van a destruir. Nos están dando fuerza. La muerte de Alan fue un acto ciento por ciento político. Vamos a utilizar positivamente las consecuencias políticas de ese acto. Su muerte ha generado un fenómeno de unidad muy fuerte. En este momento, en el luto, hay una resolución de poder. No hay herederos de Alan porque era  un animal político tan fuerte y poderoso que es imposible que sus allegados administren la herencia. Eso es muy positivo y nos permite comenzar una tercera etapa histórica –después de Haya, después de García– que la vamos a escribir entre los líderes servidores”. ¿Quiénes? “No es un caudillo, sino un líder que tiene un potencial, un conocimiento y una especialización pero que es capaz de trabajar con varios líderes. Ya no habrá una mesa con una cabecera. Es la etapa de los liderazgos en una mesa redonda”.

Demanda posiciones partidistas sobre las AFP (“no quiero decir robo pero me sale la palabra”), cómo dejar de apretarle el pescuezo a los formales, la capacidad de hacer empresa desde Alfonso Ugarte (“si el señor plata como cancha lo puede hacer…”) y la inclusión de los pequeños agricultores a la base tributaria. No es religioso, dice, pero “yo digo que el PAP defiende a la familia. Y que no me vayan a decir cucufato. Una cosa es ser progre y otra progresista. Que no me digan los marxistas y comunistas reciclados que estar en contra del enfoque de género que ellos plantean es retrógrado. Eso viene de la escuela de Frankfurt que llega a EE.UU. huyendo del nazismo y se enquista en universidades como Harvard, MIT, Connecticut y empiezan a desarrollar una ideología. Erich Fromm, Herbert Marcuse, eran marxistas, y después viene Antonio Gramsci, la revolución sexual… Creo que necesitamos ir a un referéndum, no para pelear sino para definir qué queremos, queremos un enfoque de género o de familia”.

Lidera el movimiento 4R Haya Vuelve y reclama la renovación de la cúpula para el Congreso Nacional de octubre. Queda por verse si los veteranos pasarán tras bastidores. “Me he reunido con todos. Dicen que no van a postularse pero a la hora de la hora les nace la necesidad de encaramarse”. ¿Jorge del Castillo? “Tengo la impresión que quiere ser candidato presidencial”. ¿Luciana León? “Es una buena congresista más allá de su apellido”.  

Comenta la renovación de la dirigencia política en España. “Es que allá los períodos son de 10 años. Aquí fue de 40. Como ahora hay ley de partidos ya no se puede manejar de esa manera. Antes era disciplina, compañeros. Ahora los que reclamamos la democratización tenemos la ley en la mano”.