Edición 2587: Jueves, 25 de Abril de 2019

Luces y Sombras

Para unos estadista, para otros villano. Pero Alan García fue el primer actor de la política peruana de los últimos 40 años.

El joven fenómeno maduró más rápido de lo que le convenía y rompió con el sortilegio aprista que le impedía llegar a Palacio. Llegó a tener una popularidad casi del 100% y antes de terminar su primer gobierno cayó al 6%. Tras casi una década de exilio, y contra todo pronóstico, pasó a la segunda vuelta. Lo consiguió al intento siguiente, en el 2006. Los resultados fueron marcada y favorablemente opuestos al de su primer gobierno. Su trágico final, sin embargo, se vincula a ese período.  

Irrupción y Estrellón

De renovador del aprismo a joven presidente del Perú. El cambio de guardia en momentos críticos. 

Una de las primeras menciones relevantes a Alan García en CARETAS se produjo en la columna de Manuel D’Ornellas en junio de 1981. El certero editorialista anunciaba la irrupción del “alanismo” en el viejo partido de Alfonso Ugarte. Confrontado con la muerte de Víctor Raúl Haya de la Torre, el cisma encarnado en Andrés Townsend y el fracaso de la candidatura presidencial de Armando Villanueva el año anterior; el APRA buscaba la renovación de su dirigencia.

García camino a la casa de Fernando Belaunde, presidente electo, en 1980. Lo consideró su gran maestro después de Haya. Derecha, con su hija Josefina en 1983.
García camino a la casa de Fernando Belaunde, presidente electo, en 1980. Lo consideró su gran maestro después de Haya. Derecha, con su hija Josefina en 1983.

Dos semanas después, Alfredo Barnechea realizó una extensa entrevista al “joven émulo de Ramiro Prialé” que ya había pasado por la experiencia de la Asamblea Constituyente (1978-1979) y era por entonces diputado de la República. Muchos años después, García recordó que su “reconciliación” personal con CARETAS se produjo alrededor de esos años. En las décadas anteriores, la revista tuvo períodos muy duros contra el APRA, en los que denunció su sectarismo y proclividad violenta. El propio Alan conoció a su padre preso en El Sexto y alguna interpretación apunta allí al origen de su negación absoluta a ser detenido.   

García no dejó pasar la oportunidad de enfrentarse a la vetusta cúpula aprista a partir del caso de Carlos Lamberg y las sospechas de infiltración del narcotráfico en el partido. En octubre de 1982 resultó elegido secretario general. Tenía 33 años.

El reto del joven diputado al primer ministro Manuel Ulloa en interminable voto de confianza de 1982. Duró 23 horas.
El reto del joven diputado al primer ministro Manuel Ulloa en interminable voto de confianza de 1982. Duró 23 horas.

A partir de entonces su trayectoria fue meteórica. Rompió la maldición que Haya se llevó a la tumba y llegó a la Presidencia de la República en 1985. Tenía el 53% de votos válidos pero la ley estipulaba que debía superar la mitad de votos emitidos para ganar en primera vuelta. Sacó el 46%, pero el izquierdista Alfonso Barrantes, con el 21% de sufragios emitidos, se abstuvo de pasar a la segunda vuelta.

Con Luis Alberto Sánchez.
Con Luis Alberto Sánchez.

La buena relación con “Frejolito”, en ese momento alcalde de Lima, recuerda lo que se pierde de vista en el análisis del lugar común. Durante su primera gestión, AGP gobernó en estrecha colaboración con  parlamentarios de izquierda. En más de una ocasión CARETAS criticó la influencia desmedida de la bancada “marxista-leninista”. En la vieja guerra zurda contra García se rastrea la herida del espacio electoral que el PAP le robó, pero también el olvido conveniente de los postulados heterodoxos avalados por la izquierda.

“Balconazos”, oratoria superdotada, liderazgo en el concierto internacional. La popularidad del joven presidente llegó al desopilante 96.4% a poco de comenzar el gobierno.

El desafío de dedicar solo el 10% de las exportaciones al servicio de la deuda –convertido en la práctica en 20%– fue en realidad un signo de los tiempos al que la comunidad internacional respondió eventualmente con los planes Brady y Baker. En Argentina, Raúl Alfonsín tuvo excelentes relaciones con el FMI y el Banco Mundial. Intentó pagar y su rico país terminó con saqueos en los mercados.

Así que no eran tiempos nada fáciles para el hemisferio. La guerra insana que el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA –con ecos apristas– le declaró al Estado complicaba todavía más el escenario. El sandinista Tomás Borge le regaló un fusil en previsión de los rumores de golpe militar que arreciaban en 1989. Era otra forma de estar preparado para lo que decidió finalmente 30 años después.

El verdadero momento de la encrucijada alanista, como fue evaluado en estas páginas, llegó en 1987, cuando la política económica expansiva hizo agua. Luis Alva Castro renunció en su doble condición de primer ministro y titular de Economía, pero el gobierno, en lugar de dar un golpe de timón, redobló la apuesta heterodoxa. El resultado fue calamitoso.

Fue Constituyente, como Hugo Blanco y Javier Diez Canseco.
Fue Constituyente, como Hugo Blanco y Javier Diez Canseco.

En medio de la fuga de divisas, García acusó a los grandes empresarios de llevarse sus capitales al extranjero. La frustrada intentona de estatización de la banca -impulsada por el asesor exvelasquista Carlos Franco y anunciada irresponsable y sorpresivamente por García- fue el colofón del período que le abrió la puerta a los vientos liberales y privatizadores encarnados por Mario Vargas Llosa. 

De las cumbres de popularidad, la imagen positiva de García cayó a los abismos del 6%. “La inflación llega a cifras siderales y el desmoronamiento del poder adquisitivo es dramático”, resumía CARETAS cuando Alberto Fujimori llegó al poder. “La infraestructura física del país está en los suelos y las exportaciones, aun al recuperarse en 1989, apenas alcanzan al 60% de lo que fueron en 1980. Este es un régimen intervencionista que ha permitido que la recaudación tributaria flote por los niveles más bajos de nuestra historia estadística, una democracia que no ha podido frenar las violaciones masivas de los derechos humanos en la guerra antisubversiva, y un Estado de derecho que se ha visto remecido por una serie de escándalos y corruptelas”.

Con Salomón Lerner Ghitis en 1984. “Siomi” pasó del aprismo al velasquismo, pero estuvo en entorno del primer gobierno.
Con Salomón Lerner Ghitis en 1984. “Siomi” pasó del aprismo al velasquismo, pero estuvo en entorno del primer gobierno.

Pero la revista también reclamó una evaluación más ajustada a los hechos, lo que le costó no poco en el ambiente de entonces. El personaje desataba pasiones muchas veces anidadas en el antiaprismo visceral.

Sus gobiernos pudieron estar plagados de errores, pero asumió y dejó el poder libremente. Su sucesor rompió el contrapeso de poderes y terminó en la cárcel tras comprobarse la influencia de Palacio en un escuadrón de la muerte. El respeto a la democracia siempre sería una garantía de diferenciación, incluso en los tiempos más difíciles. En casi todos.

Ver también: Alan García en fotos