Lunes 17. Presidente Martín Vizcarra conversa con grupo que recorrió Palacio. Visitas arrancan el 8 de enero.
Lunes 17. Presidente Martín Vizcarra conversa con grupo que recorrió Palacio. Visitas arrancan el 8 de enero.
Edición 2570: Jueves, 20 de Diciembre de 2018

Visita Guiada

Recorrido palaciego inaugural que da una idea del estilo de su inquilino. Reitera que no se queda más allá del 2021.

Lunes 17. Presidente Martín Vizcarra conversa con grupo que recorrió Palacio. Visitas arrancan el 8 de enero.
Lunes 17. Presidente Martín Vizcarra conversa con grupo que recorrió Palacio. Visitas arrancan el 8 de enero.

El segundo piso de la residencia privada en Palacio de Gobierno está apolillado. Y no se trata de una metáfora actual sobre el poder. Es un dato literal que el presidente Martín Vizcarra reveló al grupo que participó en el recorrido inaugural de Palacio Para Todos, el nuevo programa de visitas guiadas a la Casa de Pizarro que arranca para el público en general el próximo 8 de enero.

Al final del circuito, al terminar la tarde del lunes 17, Vizcarra se sumó a los invitados para una charla relajada y, por lo mismo, reveladora.

A la pregunta de si pensaba hacer alguna modificación en la decoración artística de Palacio, Vizcarra respondió que había visitado el sótano del Ministerio de Cultura, donde le mostraron unos 80 cuadros. Pero añadió entre sonrisas que “para qué voy a cambiar mucho si me voy a quedar tan poco tiempo”. A un halago de un invitado sobre su naturalidad en el vídeo introductorio del circuito –donde el presidente describe su despacho y ambientes de trabajo–, bromeó que podría dedicarse a la actuación cuando entregue la posta.

Vizcarra dejó muy en claro, una vez más, que en su baraja no está ningún tipo de “interpretación auténtica” que le permita postular a la Presidencia en el 2021.

La reiteración no es poca cosa en los días del post referéndum y la popularidad presidencial en el orden de 66%, según Ipsos.

Nuevos ministros Vásquez, Valencia en enroque y Cáceres.
Nuevos ministros Vásquez, Valencia en enroque y Cáceres.

¿NO MÁS CAMBIOS?

Al día siguiente, martes 18, Vizcarra cumplió con cubrir las vacantes de su gabinete. Y fueron sorpresas. Rogers Valencia, que ocupaba la cartera de Comercio Exterior y Turismo, pasó a la de Cultura. El enroque tiene sentido, pues el fuerte del cusqueño está en el turismo. Su antecesora, la abogada Patricia Balbuena, salió del gabinete en el contexto de un conflicto de intereses que afectó a los arqueólogos del ministerio. Valencia está más cerca de exhumar por ahí.  

A su vez, en el Mincetur sucedió a Valencia el economista Edgar Vásquez, quien era su viceministro de Comercio Exterior. El énfasis cambia.

Violeta y Bruce apuntaron a Villanueva.
Violeta y Bruce apuntaron a Villanueva.

En Trabajo, Sylvia Cáceres reemplazó a Christian Sánchez (ver más en Mar de Fondo). El relevo es significativo. Sánchez renunció en discrepancia con Carlos Oliva del MEF sobre el enfoque que debe tener la reforma laboral, pues demandaba debatir todos sus temas en el Consejo Nacional del Trabajo. Cáceres, sin embargo, había sido removida en abril por Sánchez al frente de la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil).  

Consultado, el primer ministro César Villanueva respondió que no hay más cambios en la mira.
La impresión de un “gabinete de viceministros” no cambiará con las últimas designaciones. Pero, aunque considera que los ministros deben tener mayor presencia mediática, el primer ministro se encuentra cómodo con un Presidente que va arriba en popularidad, mientras el Consejo de Ministros apenas motiva una discreta percepción ciudadana.

Salaverry en fluida comunicación.
Salaverry en fluida comunicación.
Para Villanueva, el asentamiento del liderazgo de Vizcarra es lo prioritario.
¿Lo es también para el Presidente?

Críticos como Fernando Rospigliosi sostienen que no quiere un primer ministro que le haga sombra. Y sus últimas decisiones podrían ir en esa línea. Cuando accedió a la presidencia en circunstancias traumáticas, era comprensible que personajes de más alto perfil torearan la propuesta de integrar el gabinete. Pero eso ya no ocurre ahora.

Los últimos días, los congresistas oficialistas Gilbert Violeta y Carlos Bruce criticaron duramente la falta de coordinación de Villanueva. Pero nada indica que este vaya a ser reemplazado.  

ABRIR LA PLAZA
La democratización de las visitas a Palacio es una excelente idea para poner en valor el centro de Lima, y más cuando se inicia la nueva administración edil de Jorge Muñóz.

Pero falta el entorno. La Plaza de Armas la cierran a la menor alarma de protestas. Sufren los negocios de quienes apuestan por el centro y los turistas solo pueden tomar sus fotos tras las rejas.   
Vizcarra piensa igual y añade que a veces incluso sus invitados llegan muy tarde. Se ha dispuesto que la decisión del cierre ya no sea solamente de la Policía, sino que vuelva a consultarse a la Casa Militar de Palacio. Así tendrían que ser mucho más infrecuentes.  

Leer: Enrejados

De hecho, explicó que decidió trasladarse a vivir a Palacio con su familia tras observar todas las incomodidades de sus vecinos en San Isidro. “La primera semana estaban felices de tener de vecino al presidente de la República. Pero después ya me iban a hacer un memorial”, ironizó. El piso apolillado –por ser reformado– evita ciertamente ocupar la segunda planta.

Una de las paradas del recorrido de los visitantes es el Salón Dorado. Inscripción podrá hacerse vía web.
Una de las paradas del recorrido de los visitantes es el Salón Dorado. Inscripción podrá hacerse vía web.

Según un funcionario que trabaja en Palacio, el estilo de trabajo de Vizcarra marca un fuerte contraste con el de su predecesor. Pedro Pablo Kuczynski evitaba compromisos después de las siete de la noche. No le era inusual interrumpir un consejo de ministros para irse al club El Golf. Vizcarra comienza el día a las seis de la mañana y su agenda, observa la fuente, está llena todos los días. Cada semana viaja a provincias. Dice que se da tiempo de ejercitarse por las noches en el gimnasio de Palacio.

A diferencia de Vizcarra, PPK evitaba el conflicto. El actual presidente fue fogueado en el teje y maneje de la política regional, donde los puñales vuelan y las reacciones son rápidas y de pocas sutilezas. Vizcarra tuvo un papel –quizá pasivo pero definitivo– en la renuncia de Kuczynski. Luego sacó del camino a Keiko Fujimori, que en el último año despilfarró capital político de manera pocas veces vista, y puso contra la pared a un Congreso que tuvo en vilo al país los últimos dos años y medio. Hoy su bandera es anticorrupción y no la va a soltar. Cada vez que el Congreso y el fujimorismo le centren la pelota –como puede ocurrir con el caso de los fiscales Lava Jato–, va a meterles el gol.

Trabaja de manera compartimentada con la vicepresidenta Mercedes Aráoz –a quien le encargó tareas como el debate del presupuesto nacional y la reacción al pedido de asilo de Alan García– el presidente del Congreso Daniel Salaverry –en disidencia cada vez más abierta con su bancada– y parlamentarios escogidos de cada grupo parlamentario, incluido PPK.

El 2019 acentuará distintos reclamos. Si Vizcarra se mantiene alejado de la tentación reeleccionista, como hasta ahora queda claro, también verá cimentar su liderazgo. Queda mucho pan por rebanar. Pero al terminar este año frenético puede concluirse que no contaban con su astucia.