Edición 2562: Jueves, 25 de Octubre de 2018

La imperiosa necesidad de migrar

Escribe: Luis F. Jiménez Loveday | El fenómeno migratorio en momentos en que una caravana de hondureños se dirige en masa hacia Estados Unidos.

Las migraciones han sido, desde siempre, un fenómeno de traslados de poblaciones de un lugar a otro. El desarrollo económico y cultural de los seres humanos se ha incrementado con esos traslados masivos. Muchos de ellos han quedado grabados en textos religiosos como la Biblia que revela que con ellos grandes poblaciones buscaron la “tierra prometida” que su Dios les señaló para huir de una situación de esclavitud.

En términos modernos, las migraciones conservan esas características: sobre los seres humanos operan “factores de expulsión” que los obligan a migrar y “factores de atracción” que son la promesa de una vida mejor. Ellos operan con cada vez mayor fuerza en la relación de las poblaciones del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Honduras, Guatemala, El Salvador) y Estados Unidos, lo cual involucra el paso a través de México.

Los desarrollos recientes de la ciencia y de la técnica han acentuado la operación de los factores de expulsión y de atracción. Fue así como, a través de las redes sociales, se convocó en Honduras a formar una caravana que se dirigiera desde San Pedro Sula hasta la frontera norte para ingresar a EE.UU. atravesando Guatemala y México. Un trayecto de más de 3.500 kilómetros. La marcha se inició el 23 de marzo y se diluyó en pocas semanas para reiniciarse, esta vez con mayor concurrencia, en abril siguiente.

Factores de expulsión

La inmensa mayoría de los migrantes son familias, a veces con adultos mayores y niños, que dicen huir de la pobreza y de la violencia. Debe señalarse que en Honduras el 70% de la población está bajo la línea de la pobreza. En las sociedades del Triángulo Norte la corrupción es endémica y sustrae recursos que deberían destinarse al desarrollo económico y social. Los esfuerzos por erradicarla han sido infructuosos a pesar del involucramiento de las Naciones Unidas en ese esfuerzo.

El deterioro de las sociedades se acentúa ante el debilitamiento de las instituciones democráticas; la elección reciente del presidente de Honduras fue considerada fraudulenta en diversos sectores y es uno de los motivos que aducen muchos de los migrantes. La desesperanza es una poderosa motivación. Se mencionan los estrechos vínculos de Juan Orlando Hernández con importantes funcionarios estadounidenses.

La violencia es otro factor de expulsión que, en tiempos recientes, ha agregado a las formas tradicionales de violencia, la originada en las “maras” pandillas delincuenciales que extorsionan a las personas y comerciantes y reclutan a sus niños y violan a sus niñas. Paradójicamente, las maras fueron conformadas inicialmente por salvadoreños que fueron deportados desde EE.UU. por haber cometido delitos.

Los negocios de la miseria

La imperiosa necesidad de migrar ha suscitado el negocio de quienes trafican con ella. Se calcula que un “coyote”, que promete lograr el ingreso de un migrante a EE.UU., cobra alrededor de US$6.000 al interesado. Esa suma puede ascender hasta los US$20.000 en ciertas condiciones. Las defraudaciones de interesados ingenuos son fuentes de robos de esos fondos.

El trayecto, por otra parte, está erizado de dificultades y muchos migrantes desaparecen antes de lograr su objetivo. Existe una organización que se dedica a buscar migrantes desaparecidos.

El tráfico de personas se complementa con el tráfico de drogas hacia EE.UU. y desde este país hacia el sur, de armas de poderosos calibres para confrontar a las policías locales.

Apagando el incendio con combustible

La caravana originada en Honduras ha sido alimentada con salvadoreños y guatemaltecos y está ahora cruzando México. Las impresionantes columnas le han venido a pedir de boca Donald Trump que ha incrementado su retórica antiinmigrante considerando que EE.UU. está frente a un “ataque” y ha movilizado a su secretario de estado a México buscando detener la caravana.

Además, amenazó con cortar la asistencia económica a Honduras, Guatemala y El Salvador por no haber impedido que los migrantes abandonaran sus países algo que es, a todas luces, imposible. Trump ha incentivado las deportaciones y anuló el TPS, un régimen de protección especial para centroamericanos, con lo cual priva a sus países de origen de las remesas que representan fuertes ingresos de divisas. Si, además, va a cortar la asistencia económica, Trump está incrementando los niveles de pobreza y alimenta la explosión social que está al origen de los flujos migratorios.

Trump ha utilizado la caravana como arma contra los demócratas a quienes acusa de buscar una política de fronteras abiertas y de haber aprobado leyes demasiado débiles. Con ello busca movilizar a su electorado republicano con miras a las elecciones de medio término en las que se juega el control del Congreso. Por considerar que Estados Unidos está bajo ataque, ha anunciado que movilizará el ejército para cerrar la frontera sur.

Cabe señalar que, en 2014, luego de una crisis migratoria provocada por menores en la frontera, el gobierno de Obama buscó actuar sobre el origen del problema y generó el plan “Alianza para la Prosperidad” que fue un esfuerzo por lograr el desarrollo y la erradicación de la pobreza de los países del Triángulo Norte. El Congreso aprobó los recursos estimados pero el plan no llegó a dar frutos. Fue un intento serio e inteligente al que le faltó proyección para atacar con fuerza el origen del problema.

Trump anuló todo vestigio de este plan y se ha dedicado, como señalamos, a incentivar el estallido social que afectará a los países del Triángulo Norte, a los que se viene a sumarse ahora Nicaragua, y a México con graves repercusiones sobre la propia sociedad de EE.UU.