Edición 2522: Jueves, 18 de Enero de 2018

Patología Política

Ante la desordenada situación en la cual está envuelto el país durante los últimos tiempos, se hace imperativo convocar a la razón.

Nuestra política está seriamente enferma, dañada sería más apropiado decir. Y es que no otro puede ser el diagnóstico para aquella actividad que desempeña la élite llamada a dirigir la marcha institucional del país y que, al hacerlo, promueve la consigna: ¡¡…Que se vayan todos…!!, que no es más que el grito espontáneo surgido de un pueblo cansado contra quienes siente que no lo representa.

Desde las atípicas elecciones del 2016, en las que se excluyeron a varios candidatos una vez iniciado el proceso, hasta el ajustado final de la segunda vuelta en la que el fujimorismo no reconoció su derrota, se inoculó el germen de la patología que se viene padeciendo, sin nada racional que la explique, salvo su propia insensatez.

No obstante las propicias condiciones para que el país recuperase su ritmo de crecimiento potencial, que permitiese que más peruanos tuvieran mejor calidad de vida, nuestra clase política se dedicó exactamente a obstruir las posibilidades de dicha expansión. Así, mientras Pedro Pablo Kuczynski (PPK) juramentaba como presidente de la República, Keiko Fujimori, sin haberlo felicitado, declaraba, en simultáneo, que su programa de gobierno se ejecutaría con su absoluta mayoría parlamentaria desde el Congreso, anunciando desde entonces el libreto de lo que ha venido sucediendo: interpelaciones, censuras, renuncias, retiros de confianza.

Si a ese confrontacional comportamiento se añaden los destapes del más escandaloso caso de corrupción (Lava Jato), el cual involucra a todos los gobiernos recientes del país, el cuadro del padecimiento se va configurando. Pero si, además, agregamos el traumático trance del frustrado pedido de vacancia presidencial y el severamente cuestionado indulto a Alberto Fujimori, la patología de nuestra clase política resulta indiscutible, como también son entendibles, por ello,  la indiferencia por la cosa pública y el pedido de expulsión de los políticos que exige la mayoría ciudadana. La mejor síntesis de todo es la mínima expectativa del nuevo gabinete ministerial.   

No tengo una receta para remediar esta  preocupante situación. Exigir la renovación de la clase política es, sin duda, un mandato de los tiempos, pero no se logrará por arte de magia. Mientras tanto, lo que interesa es que el país, nosotros los ciudadanos, no nos contagiemos de esa neurosis indeseada. Mantengamos las cuerdas separadas: que la economía, nuestro trabajo y sus potencialidades, se mantenga alejada de la política, enferma, hasta que se cure.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico.

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