Montesinos, exasesor presidencial. Derecha, Carlos Agüero, deudo de Pedro Agüero, asesinado en Pativilca en 1992.
Montesinos, exasesor presidencial. Derecha, Carlos Agüero, deudo de Pedro Agüero, asesinado en Pativilca en 1992.
Edición 2521: Jueves, 11 de Enero de 2018

Pecados Capitales

El perdón que Alberto Fujimori todavía no ha pedido.

Montesinos, exasesor presidencial. Derecha, Carlos Agüero, deudo de Pedro Agüero, asesinado en Pativilca en 1992.
Montesinos, exasesor presidencial. Derecha, Carlos Agüero, deudo de Pedro Agüero, asesinado en Pativilca en 1992.

Tres días después de ser indultado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski, Alberto Fujimori emitió un mensaje por vídeo.

Dijo: “Soy consciente de que los resultados durante mi gobierno de una parte fueron bien recibidos, pero reconozco, por otro lado, que he defraudado también a otros compatriotas. A ellos les pido perdón de todo corazón”.

Ver: VIDEO Fujimori Pide Perdón

Para la situación, defraudar quiere decir decepcionar o desilusionar. Pero no es el caso. Cualquier gobierno desilusiona a un porcentaje importante de la población.

Sus defensores argumentan que un caso como el de Odebrecht empareja el suelo en materia de corrupción.

Ninguna coima brasileña puede acercarse al asalto a las arcas públicas perpetrado durante la década de los 90.

La Procuraduría Anticorrupción calculó que un porcentaje mayoritario de los US$ 7 mil millones obtenidos por la privatización de las empresas públicas desapareció del erario nacional.

Para el año 2011, eran 78 exministros, militares, jueces, fiscales, congresistas y funcionarios condenados por delitos de corrupción y violación de derechos humanos.

Vladmiro Montesinos tenía casi US$ 70 millones en paraísos financieros. A Nicolás Hermoza le encontraron cuentas en Suiza con US$ 22 millones. Los demás mandos militares tenían su cantidad de millones según el “rango”.

LISTA DE PERDONES
Fujimori fue sentenciado a 25 años de prisión por los asesinatos del Grupo Colina en La Cantuta y Barrios Altos, además de los secuestros de Samuel Dyer y Gustavo Gorriti. El indulto se aplicó sobre esa pena, pues las otras tres que tenía impuestas ya fueron cumplidas.

Si Fujimori, como dice, busca participar en un proceso de reconciliación que tiene a sus propios delitos en el centro de la discusión, el pedido de perdón debería abordar, primero, los ilícitos por los que fue condenado.

Se trata de un gesto que le haría bien al país y al indultado expresidente:

–Fujimori debe pedir perdón a los deudos de los espantosos crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, además de las dos personas que fueron secuestradas.

–También debe pedir perdón por tomar US$ 15 millones del erario público para entregárselos a su todopoderoso asesor Vladimiro Montesinos (peculado, 7 años y 6 meses).

–Del mismo modo, debe hacerlo por montar un allanamiento ilegal, falso Fiscal incluido, para desaparecer evidencias de la casa de Montesinos (usurpación de funciones, 6 años).

–Y por haber ordenado el espionaje telefónico, la compra de las líneas editoriales de los medios de comunicación y la compra de congresistas tránsfugas (delitos de corrupción, 6 años).
Aunque una decisión de la sala presidida por el exsupremo Javier Villa Stein revirtió una sentencia de 8 años por peculado en primera instancia, resulta bastante evidente que:

–Debe pedir perdón por desviar S/ 122 millones del erario público para financiar la nauseabunda campaña de los diarios chicha, destinada a lograr su ilegal re-reelección.

Indulgencias pendientes que se desprenden de los delitos por los que ha enfrentado a los tribunales, autorizados expresamente por el Poder Judicial de Chile que posibilitó su extradición en 2007.
Pero no son las únicas.

CERCANÍA DE PALACIO
El fallo que lo sentenció a 25 años traza una línea de tiempo que deja claro que Fujimori “no podía ser ajeno a los antecedentes de Montesinos”.

En 1993, por ejemplo, Fujimori reiteró públicamente la confianza a Montesinos y el ex comandante general del Ejército, Nicolás Hermoza, a pesar de las denuncias que los vinculaban al escuadrón de la muerte.

Fujimori se preciaba de mandar verticalmente sobre las Fuerzas Armadas. En el caso del viejo Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), se trata de un organismo que depende directamente del presidente de la República. Allí puso a Montesinos como jefe de facto. Y allí se incubó Colina con personal del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) dirigido por Santiago Martín Rivas.

La cercanía a Palacio de un grupo asesino –y por añadidura chambón– marca también una diferencia fundamental de Fujimori con sus predecesores, aún con las brutalidades cometidas por agentes del Estado durante los 80. El caso pendiente de la masacre de Pativilca demuestra que Colina llegó a ser un grupo que asesinaba por encargo.

Los manuales antisubversivos, las advertencias de la embajada estadounidense sobre la estrategia de guerra sucia y la “materialización (de los crímenes) en actos administrativos”, el juicio militar amañado de los Colina y la amnistía aprobada por el Congreso, como lo establece la sentencia, son elementos de claridad meridiana.

Es el contexto autoritario, asentado a partir del autogolpe, lo que lo compromete todavía más:  
“Los hechos sucedidos, su ejecución por un Destacamento de Inteligencia Militar, el ulterior patrón de encubrimiento, la lógica del funcionamiento del ejercicio del poder en esos momentos, su centralización y ausencia de controles democráticos, propios de un sistema efectivo de pesos y contrapesos, no hace sino consolidar esas referencias”.

Muchos, muchos perdones por pedir.

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