Edición 2502: Jueves, 24 de Agosto de 2017

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Escribe: Fernando de la Flor Arbulú | Procurador público.

Los llamados procuradores públicos son los abogados defensores del sector público. Hay quienes dicen que son del Estado y otros que sostienen que del gobierno. Para efectos prácticos, es lo mismo: el Estado está representado por el gobierno de turno. No hay Estado sin gobierno.

Su rol es diferente al de los fiscales, esto quedó zanjado claramente a comienzos del siglo pasado.   
Pero confundiendo sus funciones, algunos procuradores se han erigido en figuras públicas pretendiendo ser reconocidos como celosos depositarios de la moralidad. De hecho, algunos han iniciado y otros deben estar por hacerlo, aceleradas carreras políticas.

Un procurador público no está facultado, invocando consideraciones que no le alcanzan, a incumplir indicaciones de sus superiores o grabar sus conversaciones  –como ha sucedido en el país con amplia difusión mediática–  desnaturalizando su figura y sus funciones. Y confundiendo aún más a la ciudadanía –que ya lo está bastante– acerca de cuál es efectivamente la responsabilidad que tienen y cómo deben ejercerla.

En el Perú somos muy propensos a crear figuras rimbombantes y llenarlas de atributos. El caso de los procuradores públicos es uno de ellos. Ahora que se ha empezado a debatir otra vez sobre sus características, conviene tener presente la naturaleza de sus funciones (en estricto, ser abogados de la administración pública), para no incurrir en el error que tanto daño ha ocasionado recientemente.   

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