Marilú Martens representa un relevo dentro del mismo equipo. Saavedra se encuentra por decidir si trabajará en el Perú o afuera.
Marilú Martens representa un relevo dentro del mismo equipo. Saavedra se encuentra por decidir si trabajará en el Perú o afuera.
Edición 2468: Jueves, 22 de Diciembre de 2016

Relevo Masajeado

Las fricciones visibles que dejó en el gobierno la salida de Saavedra.

Marilú Martens representa un relevo dentro del mismo equipo. Saavedra se encuentra por decidir si trabajará en el Perú o afuera.
Marilú Martens representa un relevo dentro del mismo equipo. Saavedra se encuentra por decidir si trabajará en el Perú o afuera.

La decisión de designar a Marilú Martens como ministra de Educación significó un final relativamente feliz tras la tensión de los últimos días.

“La reforma sigue, la democracia sigue”, prometió el domingo 18 el presidente Pedro Pablo Kuczynski mientras alzaba los brazos de Martens y su predecesor Jaime Saavedra en el Salón Dorado de Palacio.

Esa foto por poco no se toma. La pita se había seguido estirando en los días previos.
Al principio, en un solo nombre estuvieron de acuerdo el premier Fernando Zavala y el censurado ministro. El economista Gustavo Yamada era en visión de ambos una buena posibilidad para suceder a Saavedra.

El problema es que Yamada, director del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico y del Banco Central de Reserva, declinó el ofrecimiento.

Luego de que el Congreso hizo efectiva la censura de Saavedra el jueves 15, el ministro saliente se reunió con el premier y el presidente Pedro Pablo Kuczynski en la casa de este último.

El resto de la baraja mostrada por Zavala no fue recibida con el mismo entusiasmo por Saavedra. Se mencionaron tres economistas: Janice Seinfeld, directora ejecutiva en Videnza Consultores; Pablo de la Flor, gerente de la división de asuntos corporativos del Banco de Crédito; y Hugo Ñopo, investigador principal de Grade. Otra opción era pasar al vicepresidente Martín Vizcarra de la cartera de Transportes y Comunicaciones a la de Educación. Su reemplazo en ese caso sería la viceministra Fiorella Molinelli.

Al final, Zavala propuso el nombre de Martens y contó con la aquiescencia de Saavedra. Pero el término de la gestión de este dejó al gobierno con visibles fricciones. Y estas tienen detrás preguntas tanto sobre su identidad misma como la forma de tomar decisiones y comunicarse.

La información proveniente del círculo de Zavala indica que la cuestión de confianza nunca fue una opción realmente contemplada. Hasta antes de este episodio, el talante parlamentario no fue obstruccionista y por lo tanto tal ruta no era justificable.

Pero esto no es lo que dicen quienes se encuentran próximos a Saavedra. Entre los miembros del gabinete trascendió que Carlos Basombrío (Interior) y Jorge Nieto (Defensa) se mostraron a favor de la medida, con el argumento de prevenir un futuro desfile de censuras por quítame estas pajas.

Zavala siempre estuvo sentado en esta mesa, pero Saavedra también. El primero consultaba con el constitucionalista Natale Amprimo, que consideraba inviable la cuestión de confianza. El segundo, con Marcial Rubio, que pensaba lo contrario. El borrador inicial del mensaje a la nación en el que PPK anunció que no presentaría la cuestión fue redactado por su asesor Felipe Ortiz de Zevallos. Saavedra propuso unas modificaciones –donde le cargaba las tintas al Congreso– pero no todas quedaron en la versión final.  

En la óptica de la PCM –y de importantes voces de la bancada–, Saavedra se envaneció con todo el apoyo recibido en los medios y debió poner su cargo a disposición para no dejar al Presidente en una posición delicada. Colaboradores del exministro creen, en cambio, que el gobierno lo dejó caer sin ofrecer mucha batalla. Añaden que la negativa de Yamada es una consecuencia, ya que un profesional reputado no iba a meterse en aguas tan pantanosas, donde le retirasen el respaldo a la primera.  

Tampoco hay que rebuscar demasiado para encontrar razones de peso a favor de no invocar la confianza. La no precedencia de la situación abría un abanico de interpretaciones legales que, en su extremo absurdo, amenazaban con llegar a la vacancia presidencial. El gobierno optó por la responsabilidad de actuar con moderación ante un Congreso cuya necedad recordó muy bien las razones por las que Keiko Fujimori perdió las elecciones. No es poca cosa irse contra las políticas educativas en un momento en las que estas despiertan la esperanza en un sector de la población.

Con todo, la importancia de este impasse dentro del gobierno no debería ser subestimada. Va más allá de la oposición entre tecnócratas y ‘caviares’. Alcanza también a las relaciones del Ejecutivo con su propia bancada.

A raíz de las críticas del Presidente sobre las posiciones divergentes de los parlamentarios oficialistas –renuncia de Saavedra versus cuestión de confianza–, el vocero de PPK, Carlos Bruce, ha declarado en los últimos días sobre la necesidad de un manejo más político por parte del gabinete.

Bruce cree que “sí hubo algún tipo de duda al interior del gobierno” y ello se reflejó en la variedad de opiniones. “Abres el escenario y los congresistas opinan”, concluye.