Edición 2503: Jueves, 31 de Agosto de 2017

TESTIGO DE EXCEPCIÓN

Frankfurt, 28 de agosto de 2017

No es la primera vez que cuando se destaca en un medio mi actuación en Cuba, aparece un escrito firmado por el señor Jordán Palomino. En corredores de Cancillería se preguntan: ¿lo hace por encargo?  ¿O acaso en busca de un ascenso?
Al momento de los sucesos más trascendentales relativos a la protección diplomática en Cuba, el firmante no se encontraba aún en el Servicio Diplomático. Pero atribuye la decisión de otorgar protección en Cuba al canciller Arturo García. La embajada del Perú la dio desde antes (1978 caso Ángel Gálvez entre otros) siendo canciller García Bedoya. El 4 de abril de 1980 ya teníamos 34 personas bajo protección, y se había negociado intensamente al respecto (Misión Cáceres). Se sumaron a esa fecha más de 10 mil ingresantes. Ese mismo día me reuní, amparado en el Derecho Internacional, la Constitución del 79 y mi experiencia en la ONU, con Fidel Castro para lograr protección y negociar una solución.
El grupo de diplomáticos que menciona Jordán como Misión que se suma, llegó a Cuba la semana siguiente, y recibió el apoyo del equipo de oficiales y técnicos de la Policía peruana que solicité  previendo el desenlace de los acontecimientos, así como del personal diplomático y administrativo  que se encontraba en nuestra embajada en La Habana.  Este grupo de colegas –todos eficientes– administró, bajo garantías acordadas, la esforzada y loable labor de censar, brindar ayuda alimentaria y algunas coordinaciones migratorias. Por ello, evidentemente, solo tuvo contactos con funcionarios cubanos de segundo nivel.
El desconocimiento en las nuevas generaciones de un hecho histórico hizo necesario mi libro ‘Diplomacia por la Libertad’ publicado por el Congreso, en el que destaco –lo que resulta obvio– que los más importantes avances se lograron en negociaciones directas con Castro.
 Jordán –quien estuvo al parecer demasiados años en Cuba–  recuerda la reanudación del nivel de relaciones con un embajador que él acompaña. Ello estaba más en el interés de Fidel urgido, ante la disolución de la Unión Soviética en restablecer relaciones con Latinoamérica. Y es inoportuno recordarlo  si se tiene en cuenta la situación hoy con Venezuela.  
Las relaciones con una dictadura son, en todo caso, de menor importancia que los vínculos y el apoyo a un pueblo que busca la libertad y la democracia. Este es un logro histórico de la diplomacia peruana, Uno de sus capítulos más importantes se escribió en Cuba.
Sin duda, el canciller Luna está haciendo un excelente trabajo en el asunto Venezuela. Apoyado por un equipo de experimentados embajadores de primera línea. En este no está Jordán.
Las inexactitudes en que incurre Jordán no quitan de modo alguno los méritos de las personalidades que menciona. Llama sí la atención que reitera algunos nombres y crea suspicacias. Estando Jordán este año nuevamente para ascenso, las menciones a sus actuales jefes intentando comprometerlos –así se comenta en Torre Tagle– merecen la acertada observación de CARETAS sobre la aludida carta: reveladoras movidas tras bastidores.
No creo que este funcionario escriba por encargo, ni alguien asuma el riesgo de apoyarlo. Pero en cualquier caso: ¡no  Jordan!
Ernesto Pinto-Bazurco Rittler
Embajador
epibari@googlemail.com

El remitente era jefe de la misión diplomática peruana en La Habana el 4 de abril de 1980 cuando ingresaron a la sede de nuestra embajada miles de cubanos en busca de refugio. 

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