Adriana González en su oficina: el mar tropical del norte peruano.
Adriana González en su oficina: el mar tropical del norte peruano.
Edición 2595: Jueves, 20 de Junio de 2019

Una Chica Sin Miedo

Adriana González en su oficina: el mar tropical del norte peruano.
Adriana González en su oficina: el mar tropical del norte peruano.

A propósito del Día Mundial de los Océanos, el 8 de junio, tres científicos peruanos cuentan qué andan investigando.

Adriana González Pestana, 33, está sumergida en una investigación de largo aliento sobre tiburones en el mar peruano. “Me enamoré a primera vista de ellos durante una pasantía en las islas Galápagos”, recuerda la bióloga marina de la Universidad Científica del Sur, con una maestría en Australia. “Jamás pensé que me dejaría atrapar por esos animales”, ríe. Tuvo la oportunidad de bucear en un mar infestado de tiburones en Filipinas y “fue como entrar en un templo”, exclamó. “Es un mito que son peligrosos. De las más de 500 especies, sólo unas cuantas lo son. Por el contrario, suelen ser animales tímidos, salvo si los acosan”, asegura.

Captura de tiburones martillo en Tumbes.
Captura de tiburones martillo en Tumbes.
González Pestana acompañó hace dos años a una tripulación de pescadores tiburoneros de Máncora hasta aguas internacionales, a la pesca del tiburón martillo y zorro. “La mayor cantidad de capturas fueron hembras embarazadas, casi todas tenían dos embriones”, describe. Al cabo de 13 días de navegación, la científica retornó a tierra firme con convicciones más firmes que nunca.

En el mar peruano hay 66 especies de tiburones, desde el toyo hasta el tiburón ballena. “Pero hay muy poca información y pocos planes de manejo”, asegura. Muchas especies están sobrexplotadas y corren el riesgo de desaparecer. En el Norte, el chiringuito y la tortilla de raya (familia de los tiburones) dan cuenta de la magnitud de la demanda local, y en China las aletas de tiburón son una exquisitez muy cotizada: una sopa puede llegar a costar US$ 100. Pero el pescador peruano es el último eslabón de la cadena, y un kilo de tiburón es cotizado en puerto a solo 5 soles, “reforzando el ciclo de pobreza”, argumenta la científica.

González Pestana es además una educadora ambiental que se esfuerza en inculcar el amor por la naturaleza –¡y por los tiburones!– a niños y adultos en las caletas de pescadores del litoral peruano.

González: “Sabemos muy poco de los tiburones  y no hay planes de manejo”.
González: “Sabemos muy poco de los tiburones  y no hay planes de manejo”.

Los masivos cardumenes de anchoveta son el centro del ecosistema marino peruano.
Los masivos cardumenes de anchoveta son el centro del ecosistema marino peruano.
“Estoy volcada en comprender cómo el hombre se relaciona con el océano, ya no solo en la biología de los tiburones. Impartimos educación ambiental entre los niños para que de adultos sean proambientalistas”, dice. Y no hombres de Neandertal. Lo poco que se sabe del gran depredador de los océanos es asombroso. Su expectativa de vida es larguísima –hasta 300 años en el caso una especie– y el periodo de gestación es de 12 meses para una o dos crías. “El ciclo de vida es largo y la fecundidad es baja. Tienen baja resiliencia a la pesquería”, puntualiza.

El equilibrio ecológico de los mares depende también de la supervivencia del gran depredador de los océanos. “La pesca de tiburón puede ser sostenible, pero debemos investigar su biología y trabajar con los pescadores en planes de manejo. Ellos no lo hacen por maldad, lo último que desean es que desaparezca la especie”, explica. Pero para que la estrategia tenga dientes, se necesita “voluntad política”, dice la bióloga. Y en esas aguas, hay otro tipo de tiburones. 


El Gancho de Hooker

Yuri Hooker, 52, es director del Laboratorio Marino de la Universidad Cayetano Heredia. Biólogo pesquero de la Universidad Nacional de Trujillo, ha dedicado su vida entera a la investigación de la biodiversidad submarina y a estrategias de conservación del mar peruano. Descubridor de cerca de 20 nuevas especies para la ciencia, asegura que “tenemos alrededor de 100 más por descubrir”. El número de especies de peces conocido es de aproximadamente 1,200 y de invertebrados, igual. Pero estos guarismos están demostrando ser tan esquivos como una merluza.

Yuri Hooker registra nuevas especies marinas.
Yuri Hooker registra nuevas especies marinas.

Una reciente investigación con científicos belgas y brasileños sobre esponjas marinas escaló el número de especies de seis a más de 150, explica Hooker. “El universo de anémonas, babosas marinas, equinodermos es simplemente la locura”. La biodiversidad de cangrejos, caracoles, pepinos y estrellas de mar es igualmente notable. “Las nuevas herramientas científicas nos permiten identificar un montón de nuevas especies”.

Hoy Hooker participa en una investigación genética mayor sobre peces e invertebrados en el mar peruano desarrollada por eI Instituto del Mar del Perú (IMARPE) y las universidades del Santa y de Tumbes. Ha buceado en el mar peruano de cabo a rabo, relata, convirtiéndose en testigo privilegiado de uno de los mares más ricos del planeta. “¡Era!”, acota el científico. “Hace rato dejó de serlo. Desde que empecé a bucear, hace ya 20 años, muchísimas especies han desaparecido o están a punto de hacerlo. El mar peruano está en graves problemas”, alerta.

El cambio ecosistémico es colosal. Hasta la década de 1950, antes de que se desarrollara la industria de harina de pescado, había alrededor de 40 millones de aves guaneras en el país. En la actualidad son solo 4,5 millones. “Hemos depredado el 90% de su alimento”, lamenta Hooker, advirtiendo que la depredación continúa ante nuestras propias narices en la actualidad. En el Norte las embarcaciones arrastreras ilegales, que buscan fundamentalmente langostinos, pescan dentro de las 5 millas, incluso a 200 metros del litoral, sin que nadie las detenga. “De cada 1,000 kilos que pescan, solo 50 kilos son de langostinos. El resto de la captura es arrojado al mar inerte”, denuncia. “Lo que percibimos es que las autoridades marítimas no existen”. Una flotilla de arrastreras puede sumar 200 embarcaciones.  


La Científica que Vino del Frío

Gisella Orjeda, expresidenta de Concytec y actual presidenta ejecutiva del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), está embarcada en un proyecto de investigación de tres años sobre el efecto de la desglaciación en la diversidad marina y lacustre a consecuencia del cambio climático. “Cuando los glaciares retroceden dejan expuestas rocas que contienen, entre otros, metales pesados. Estos son lavados por la lluvia y contaminan el agua de los arroyos, impactando en la diversidad”, explica Orjeda.

Gisella Orjeda investiga el impacto de la desglaciación en el mar de la Antártida.
Gisella Orjeda investiga el impacto de la desglaciación en el mar de la Antártida.

La investigación se lleva a cabo con el equipo del INAIGEM y sus partners de la Universidad Cayetano Heredia, la Universidad de Gotemburgo, McMaster y la Universidad Nacional de Ingeniería. Una parte se hace en la Antártida, con el crucero de investigación científica peruano a bordo del BAP Carrasco, y la otra en la cuenca de la laguna Parón, en la Cordillera Blanca, Áncash. “La idea es estudiar la dinámica del proceso de desglaciación y medir su impacto en el medioambiente. Por ejemplo, Huaraz es alimentado por tres ríos y dos ya están muy ácidos por razones naturales”, describe.

A fines de julio, Orjeda escalará el nevado Huascarán para iniciar el estudio de la dinámica glacial. La Cordillera Blanca es un tubo de ensayo del impacto global del cambio climático en ríos y océanos.