Paleontólogo Rodolfo Salas y cazafósiles Mario Urbina. En 2010, Urbina descubrió los restos fosilizados de una ballena de 42.6 millones de años, una suerte de nutria gigante que se desplazaba por mar y tierra en pleno desierto de Ica.
Paleontólogo Rodolfo Salas y cazafósiles Mario Urbina. En 2010, Urbina descubrió los restos fosilizados de una ballena de 42.6 millones de años, una suerte de nutria gigante que se desplazaba por mar y tierra en pleno desierto de Ica.
Edición 2587: Jueves, 25 de Abril de 2019

Los Cazafósiles y su Presa

Escribe: Marco Zileri | En el Perú, las ballenas eran anfibias y tenían cuatro patas hace 43 millones de años. ¿No lo cree? Échese una vuelta por el Museo de Historia Natural, en Lima.

Paleontólogo Rodolfo Salas y cazafósiles Mario Urbina. En 2010, Urbina descubrió los restos fosilizados de una ballena de 42.6 millones de años, una suerte de nutria gigante que se desplazaba por mar y tierra en pleno desierto de Ica.
Paleontólogo Rodolfo Salas y cazafósiles Mario Urbina. En 2010, Urbina descubrió los restos fosilizados de una ballena de 42.6 millones de años, una suerte de nutria gigante que se desplazaba por mar y tierra en pleno desierto de Ica.

Tres días antes del cierre del año, Mario Urbina distinguió en la pétrea superficie del desierto de Ocucaje unas pequeñas piedras en forma de falanges. Se agachó con calma para cerciorarse de que no se trataba de una ilusión óptica. Supo entonces que el año de búsqueda había valido la pena. No era el primer fósil con el que tropezaba, pero ninguno daría que hablar como este.

Urbina había llegado al lugar con el expreso propósito de buscar fósiles de pingüinos en playa Media Luna, un paraje desértico y barrido por el viento al sur de la Reserva Nacional de Paracas. Concentró sus pesquisas en un cuadrante pétreo ubicado a unos 500 metros de la orilla del mar, tierra adentro, que geológicamente está constituido por estratos de limo más antiguos que el recuerdo y que, según el caza fósiles peruano, “olía a selva tropical”. Lo cierto es que a pesar de andar y desandar el área, había tenido muy poca suerte en doce meses: no había hallado ni uno de los dichosos pingüinos; apenas unos cuantos invertebrados fosilizados.

Pero si algo ha aprendido Urbina en más de dos décadas de pesquisas, es “a no correr”. Quien no tenga el ojo entrenado, no encontrará ni una conchita en el tablazo. La diminuta formación pétrea que asomaba en la superficie selló su suerte. Resulta que esos trozos de falanges constituyen uno de los hallazgos en paleontología más importantes de la historia del Perú. 

Al poco tiempo, regresó a la zona con Rodolfo Salas, paleontólogo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y del Museo de Historia Natural, y juntos iniciaron el trabajo de colecta del fósil, una tarea ardua y complicada. El fósil se adhiere a la roca y hay que picar con cincel y martillo, demarcando su extensión con mucho cuidado. Así, fueron apareciendo los huesos fosilizados de los metacarpos, la mandíbula, las costillas y una larga secuencia de vértebras de la columna vertebral. Se trataba de una ballena de unos cuatro metros de longitud. Para sorpresa del mundo entero, también se halló el fémur, la tibia y hasta la pelvis del extraño mamífero.

Mario Urbina y Rodolfo Salas con los restos del memorable protocétido en el Departamento de Paleontología del Museo de Historia Natural.
Mario Urbina y Rodolfo Salas con los restos del memorable protocétido en el Departamento de Paleontología del Museo de Historia Natural.

“La pelvis en las ballenas de hoy es virtualmente inexistente”, dice Salas, abriendo los dedos de la mano para graficar su tamaño, no más grande que su palma, remanente óseo de un pasado milenario. En cambio, este ejemplar que emergía a la luz en playa Media Luna no solo tenía una robusta pelvis sino cuatro patas. Bajo el calcinante sol de Ocucaje, Urbina y Salas estaban ante la primera y contundente prueba de la existencia de un protocétido en América del Sur.

“El fósil de ballena desenterrado en la  playa Media Luna no solo tenía una robusta pelvis sino cuatro piernas. Bajo el calcinante sol de Ocucaje, Urbina y Salas estaban ante la primera contundente prueba de la existencia de un protocétido en América del Sur”.

Este descubrimiento en el 2010 remeció a las ciencias naturales como el choque de dos placas tectónicas. Pronto llegaron a Ocucaje los paleontólogos Christian de Muizon –del Museo Nacional de Historia Natural de París–, Olivier Lambert –del Instituto Real de Ciencias Naturales de Bélgica– y Giovanni Bianucci –de la Universidad de Pisa (Italia)–, entre otros, quienes colaboraron en la colecta y en descifrar el acertijo. Luego de un largo proceso de preparación, conservación y estudio, se acaba de publicar el informe científico del descomunal hallazgo: se trata de una ballena de 42.6 millones de años y del primer protocétido descubierto en Sudamérica.

La ballena tenía cuatro patas y se desplazaba como las nutrias o hipopótamos por mar y tierra.
La ballena tenía cuatro patas y se desplazaba como las nutrias o hipopótamos por mar y tierra.

En sus orígenes, las primeras ballenas podían desplazarse tanto en agua como en tierra, “como los hipopótamos”, señala Salas. Estamos hablando de 50 millones de años atrás. El primer cetáceo cuadrúpedo fue descubierto en Pakistán en la década del ochenta, pero recién se conocieron mayores detalles de su anatomía en el 2002. La ciencia bautizó a estas ballenas anfibias como “protocétidos”.Desde entonces, se han excavado otros fósiles de estos mamíferos en el norte de Egipto, en la costa Atlántica de EE.UU. y en la de Marruecos, trazando lo que aparentemente fue su patrón migratorio a lo largo de 10 millones de años, restringido al hemisferio norte. El hallazgo en el Perú, un ejemplar más antiguo que los de EE.UU., volteó la tortilla. Es aún un misterio cómo llegó hasta nuestros lares. Los científicos lo han bautizado como Perogocetus pacificus: “perogo”, de peregrino; “cetus”, de cetáceo. Es decir, el cetáceo peregrino del Pacífico.

El planeta Tierra era muy distinto en ese entonces. El océano Atlántico era la mitad del tamaño de hoy. La Antártida acababa de desprenderse de América del Sur. La propia cordillera de los Andes no alcanzaba los 2,000 metros de altura. América Central, grandes segmentos de la Amazonía y buena parte del desierto peruano estaban sumergidos bajo el mar, formando caprichosas bahías y espacios protegidos de poca profundidad. Era el periodo del Eoceno puro y duro. A la altura de Ocucaje, la lengua del mar se introducía tierra adentro más de 10 kilómetros. Este área de unos 15 x 12 kilómetros cuadrados es hoy una Caja de Pandora de la paleontología. 

Desde que Antonio Raimondi registró los primeros fósiles de ballena en 1878 en Sacaco, a la altura del kilómetro 533 de la Panamericana Sur –donde hoy funciona un museo de sitio–, se han encontrado en esa zona fósiles de todas las edades geológicas, desde cinco hasta más de 40 millones de años. “Era un área de reproducción”, tira los dados Salas, explicando la multitud de restos fósiles de lobos de mar, tortugas marinas, ballenas (entre ellas, cachalotes asesinos) y hasta cocodrilos hallados. “Es un lugar único en el mundo donde aparecen cosas que nunca hemos visto”, describió Salas.

El docente de la Cayetano Heredia y Urbina son bichos tan raros como los que investigan. A pesar de la riqueza de restos fósiles del Perú, no existe la disciplina de paleontología en nuestro país. Urbina estudió oceonografía en Canadá y Salas hizo un doctorado en paleontología en Francia. Los fósiles hallados en Ocucaje se conservan en el Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que debe su centenaria existencia al tesón y compromiso de un puñado de científicos peruanos.

Desmelenados detectives de un descomunal pasado, Salas y Urbina se alistan para una nueva jornada de pesquisas en Ocucaje. “El próximo descubrimiento lo llamaremos el cholocetus”, bromean los cazafósiles.


El Mundo 40 Millones de Años Atrás

La Tierra era muy diferente hace 40 millones de años. Los continentes estaban parcialmente sumergidos  bajo el mar ( zonas grises ). En la región de Indo-Paquistan surgieron las primeras ballenas, que inicialmente se desplazaban por tierra y mar como los hipopótamos o las nutrias. También se han hallado restos de los colosales anfibios en el norte de Egipto, la costa oeste de África y la costa este de EE.UU. La ballena encontrada en el Perú es el primer protocétifo hallado en América del Sur y sobre el Oceáno Pacífico. Se estima que migró del Asia por el Atlántico -que era la mitad de tamaño- y llegó al Pacífico por Centro América, que estaba sumergida bajo el mar.