La Dra. León-Velarde es bióloga y fisióloga. Fue rectora de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Preside el Concytec.
La Dra. León-Velarde es bióloga y fisióloga. Fue rectora de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Preside el Concytec.
Edición 2563: Miércoles, 31 de Octubre de 2018

Las Habichuelas Peruanas

Escribe: Fabiola Velarde * | El Perú es un banco genético mundial sin patentes.

La Dra. León-Velarde es bióloga y fisióloga. Fue rectora de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Preside el Concytec.
La Dra. León-Velarde es bióloga y fisióloga. Fue rectora de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Preside el Concytec.

El 2011 le fue concedida a un investigador peruano una patente sobre la maca en Estados Unidos para comercializar sus extractos y, liofilizada, ofrecerla como fitomedicamento. Mientras en el Perú, donde se inició el mismo trámite de patente ante Indecopi el 2009, no ha sido posible aún obtener dicha patente, ya que el expediente se declaró “suspendido” por falta de contrato de acceso emitido por las autoridades competentes. 

Perú es uno de los principales exportadores de maca (más de 400 toneladas al año, durante los últimos años); sin embargo, de las 256 patentes que la Organización Mundial de Propiedad Intelectual tiene registradas sobre este tubérculo, solo encontramos a un investigador peruano registrado. El mayor porcentaje de patentes provienen de investigaciones realizadas en China, Corea o Japón.

El mismo ejercicio podemos hacer para la quinoa (152 patentes), tara (10 patentes) o tarwi, de importante riqueza nutricional (4 patentes). Lo más grave es que muchos de los productos que se están desarrollando en el extranjero a partir de estas patentes podrían terminar importándose al Perú a un costo elevado  y sin beneficios para nuestro país. 

El Perú cuenta con 84 de los 103 ecosistemas, así como con 28 de los 32 climas que existen en el mundo. Un verdadero ‘banco genético de oro’ que no estamos aprovechando. Y que tampoco protegemos del todo. Para defender nuestra biodiversidad, nuestro país ha firmado una serie de tratados internacionales enfocados en ese objetivo y en el acceso a los recursos genéticos que en él existen (la Decisión 391 y el Tratado de Nagoya, entre otros). Claramente somos un país megadiverso, pero no estamos aprovechando en su debido potencial la gran riqueza que esto significa.

Entonces, surge la pregunta: ¿por qué no hemos podido desarrollar más productos innovadores a partir de nuestra biodiversidad? Las respuestas a esta pregunta se encuentran en el ámbito de lo legal, institucional y financiero. Sin embargo, hay dos temas centrales que podrían permitir revertir esta situación.

En primer lugar, la academia y el Estado deben cumplir un rol más activo, promotor y articulador en fortalecer las cadenas de valor productivas relacionadas a nuestros productos nativos. En segundo lugar, no contamos con un marco regulatorio nacional que sea operativo y que permita el acceso fácil y transparente a nuestros recursos genéticos de parte de los investigadores y el sector productivo.

No obstante, tenemos novedades alentadoras: bajo el liderazgo de la ministra, el Ministerio del Ambiente –ente rector para el establecimiento del marco regulatorio sobre el acceso y uso de los recursos biológicos–, junto con el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), el Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA) y el Viceministerio de Pesquería están trabajando para establecer un nuevo reglamento que permita acceder a nuestros recursos genéticos de manera ordenada, fácil y estandarizada. Así, podremos desarrollar actividades de investigación y comercializar adecuadamente nuestro activo más preciado: nuestra biodiversidad.

Por otro lado, Concytec está proporcionando los recursos financieros que permitirán mejorar la capacidad de la investigación en universidades, institutos y empresas, tanto en Lima como en regiones, para articular y fortalecer la calidad y capacidad de investigación del binomio academia - sector productivo.

Solo a través del desarrollo tecnológico y el aumento de nuestra capacidad para innovar podemos aspirar a ser, no solo un país megadiverso, sino un país que agrega valor a su extraordinaria biodiversidad, creando y comercializando nuevos productos a nivel global. 

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