Victor Ch. VargasEl cráter del volcán Kallana Mauras fue usado por mucho tiempo como coso taurino: naturaleza pura y dura convertida en escenario para una afición también extrema. Valle de los Volcanes, en la alta provincia arequipeña de Castilla.
El cráter del volcán Kallana Mauras fue usado por mucho tiempo como coso taurino: naturaleza pura y dura convertida en escenario para una afición también extrema. Valle de los Volcanes, en la alta provincia arequipeña de Castilla.
Edición 2553: Jueves, 23 de Agosto de 2018

Explorando el Valle de los Volcanes de Arequipa

Escribe: Rafo León | La visita es una experiencia que pondrá en cero al viajero más experimentado.

Victor Ch. VargasEl cráter del volcán Kallana Mauras fue usado por mucho tiempo como coso taurino: naturaleza pura y dura convertida en escenario para una afición también extrema. Valle de los Volcanes, en la alta provincia arequipeña de Castilla.
El cráter del volcán Kallana Mauras fue usado por mucho tiempo como coso taurino: naturaleza pura y dura convertida en escenario para una afición también extrema. Valle de los Volcanes, en la alta provincia arequipeña de Castilla.

De manera independiente, o completando un corredor que incluya al Colca y a Cotahuasi, la visita al Valle de los Volcanes es una experiencia que pondrá en cero al viajero más experimentado. Una geología eruptiva en extremo desafiante, arcaica; flora y fauna en espacios que parecen imposibles para la vida. Historia y arqueología. Gente del presente que guía al viajero, la hospeda en sus “casas vivenciales”, comparte con él su mirada de las cosas. Un territorio ciertamente agreste y salvaje pero domeñado en lo que es la oferta de servicios para hacer viajes de a verdad.

“…tan lejos como alcanzaba mi vista, veía volcanes y más volcanes”. Así aparece anotada la impresión que produjo un paisaje inédito en la percepción del historiador norteamericano Robert Shippee, quien en compañía del aviador George Johnson sobrevoló el valle del Colca y luego la región de Andagua, en la actual provincia arequipeña de Castilla.

Estamos en 1931 y desde dos años atrás Johnson venía haciendo sobrevuelos por el sur peruano como parte del levantamiento fotográfico ejecutado por cuenta del Servicio Aéreo de la Armada Peruana, de modo que conocía bastante bien, desde lo alto, la accidentada geografía de Cailloma, los hondos cañones, las andenerías incontables, los bosques y los pequeños pueblos de origen virreinal, portadores de iglesias más bien imponentes.

Entre 1929 y 1934 el Perú vivía una turbulencia política de amarrarse los cinturones. Cae Leguía, lo suceden dos juntas militares, asciende al poder Sánchez Cerro, quien muere asesinado hasta que un castrense Benavides se asienta en Palacio hasta 1939. Sin embargo, en las alturas de Yanque y Cabanaconde, el movimiento diario era circular, faena en la pequeña chacra, el ganadito, las fiestas patronales.

Diversos ecosistemas en un espacio geográfico muy delimitado: cactus, volcanes enanos y la omnipresencia del gran Coropuna.
Diversos ecosistemas en un espacio geográfico muy delimitado: cactus, volcanes enanos y la omnipresencia del gran Coropuna.

Ya con Shippee de acompañante, Johnson partió desde Chivay para adentrarse en el valle del Colca, llegaron a Yanque donde se les sumó Pibe, un perro peruano, pastor de altura. Los expedicionarios debían seguir pero teniendo como objetivo un espacio para aterrizar. Fue así que llegaron a un lugar  situado a 40 millas del Colca, donde se dieron con una cantidad de volcanes enanos nunca vista, “¡qué infierno debió haber sido esta región!”, aparece anotado en la bitácora de Shippee. Habían accedido al hoy conocido Valle de los Volcanes, boquiabiertos. En enero de 1934 Shippee publicó en la revista National Geographic un artículo titulado A Forgotten Valley of Peru, dando cuenta del hallazgo, con espléndidas fotografías tomadas tanto desde el aire como en tierra.

Volcán Jechapita, a 3273 m s.n.m., surgido como una ampolla producto de la desgasificación de la lava.
Volcán Jechapita, a 3273 m s.n.m., surgido como una ampolla producto de la desgasificación de la lava.

Las turbulencias políticas de Lima, extendidas a la ciudad de Arequipa, no habían llegado a esa zona andina que parecía protegida contra el mal tiempo y la imperfección humana. Hoy a los volcanes enanos mellizos llamados Huanacaure, se les conoce más como Shippee y Johnson.

No forcemos analogías pero pasar hoy unos días en el Valle de los Volcanes equivale a ponerse el impermeable en un diluvio. Situado entre el Colca y Cotahuasi, en la provincia de Castilla, una gigantesca falla tecnónica en la zona produjo a lo largo de miles de años una intensa actividad volcánica que generó la aparición de conos en diferentes épocas con diversas características y un elemento en común: todos son volcanes enanos, hasta el momento 36 identificados, además de cien focos eruptivos en un corredor territorial que va desde Orcopampa hasta Ayo, en el límite con el Colca.

Hemos recorrido tierras que están por encima de los 3,500 m s.n.m., hasta un suave trópico equivalente a la altura de Chosica.

Caminatas, bicicleta de montaña, cabalgatas, el deporte de aventura es un fuerte en el valle.
Caminatas, bicicleta de montaña, cabalgatas, el deporte de aventura es un fuerte en el valle.

Al Valle de los Volcanes se puede ingresar por el Colca o por la ruta de Majes/Coropuna, el volcán más alto del Perú (6,415 m s.n.m.) y uno de los diez del mundo. Se aconseja, para no hacer un picaporte, ingresar por una vía y salir por la otra. Lo que se vive al centro es una experiencia que hasta al viajero más experimentado lo hace empezar de cero.

Cinco comunidades de la zona conforman hoy una mancomunidad organizada en torno a una Organización de Gestión de Destino (OGD), que busca colocar al valle como un lugar de atracción prioritario para quienes buscan belleza escénica, aventura, flora, aves, pueblos muy tradicionales, gente cordial y empeñosa o simplemente paz e introspección. Estas comunidades son Orcopampa, Chilcaymarca, Andagua, Chachas y Ayo. Y al igual como ocurrió con el despegue del Colca, la mano que mece este proyecto viajero, ambicioso como pocos, es la de Mauricio de Romaña, infatigable promotor de los diferenciales más interesantes y poco conocidos de su tierra. Hagamos una ruta de cuatro días por este valle, sabiendo que si aceptamos las extensiones sugeridas, el viaje se puede prolongar a nueve o diez días. O más.

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Fiesta de San Santiago en Chillcaymarca (fines de julio), danza del Inti que contrasta con la comparsa de Negritos.
Fiesta de San Santiago en Chillcaymarca (fines de julio), danza del Inti que contrasta con la comparsa de Negritos.

Nuestro primer día es el acceso. Esta vez iniciamos la ruta por Majes, pues la pista del Colca estaba obstruida por el hielo de un invierno feroz.  Esto nos permite almorzar camarones gigantescos en La Central, zona de Aplao conocida por su gastronomía. Luego, de tarde, se llega a la base del Coropuna y ya estamos en el valle volcánico. Centenares de apachetas detrás de las que se recorta el inmenso nevado hacen perder la referencia espacial, todo es a la vez muy grande y muy pequeño. El viento helado y la sequedad pueden hacer que te sangre un poco la nariz. Las yaretas verdísimas, ahí donde se ven, pueden tener ochocientos, mil años de vida.

Mamacocha, alimentada por el río Andagua que corre subterráneo por 17 kilómetros antes de su desembocadura.
Mamacocha, alimentada por el río Andagua que corre subterráneo por 17 kilómetros antes de su desembocadura.

Nuestro punto base será el pueblo de Chilcaymarca, tranquilo hasta que llega la fiesta de San Santiago, entre el 24 y el 30 de julio, en la que se despliega una rumba de tres bandas durante las 24 horas del día y hay baile, procesión, más baile y corrida de toros de una modalidad amigable: al animal no se le puya ni se le mata, solo se juega con él. El hotelito sorprende, es muy bueno y además, bonito.

Empieza el segundo día. Temprano por la mañana vamos a Panagua, un parque ya formalizado por la comunidad en el que además del espectacular cañón rocoso, veremos tres cascadas, dos de ellas permanentemente congeladas porque sus caras dan a la sombra del sur, y la tercera en movimiento. En el entorno, corrales de llamas y alpacas hechos en piedra sobre piedra y los pastores de vida dura en extremo, hombres y mujeres trabajando sin parar.

Viajeros respetuosos de la naturaleza y la cultura local ya disfrutan de la experiencia del valle.
Viajeros respetuosos de la naturaleza y la cultura local ya disfrutan de la experiencia del valle.

Chapacoco es un pequeño poblado de artesanos dedicados a hacer chombas y cántaros en greda dejada al natural. Más que artesanía, allí se producen  objetos útiles. Luego recorreremos una quebrada en cuyo río abundan las pariguanas, las huallatas y el patito de los torrentes. El nombre del río va variando según la localidad que cruce, Huancarama, Orcopampa, Andagua, etc. Dependiendo del piso ecológico en que nos ubiquemos habremos de tener diversidad de cactus, gruesos y muy altos, candelabros, de brazos delgados y retorcidos. Hay una variedad en el rodal de Chonas que da un fruto llamado sancayo, espinoso como pocos, pero una vez abierto, refrescante como una pitajaya gigante. El entorno paisajístico abruma, farallones altos de pronto se cortan para dejar intacta la banda azul del cielo andino.

Afición taurina en la que al animal no se le puya ni se le mata: se juega con él en medio de grandes festejos.
Afición taurina en la que al animal no se le puya ni se le mata: se juega con él en medio de grandes festejos.

Pasando el pueblo de Andagua nos encontramos con Shippee y Johnson, los volcanes gemelos que tienen uno 135 metros de altura y el otro, 115. Los colores ocre de los conos varían con las horas del día y si expandimos la vista hacia la derecha encontraremos una serie de otros volcanes, estos de mayor altura. Destaca el más elevado en Soporo, el Kallana Mauras, cuyo cráter por mucho tiempo fue usado como coso taurino por la población local. Se camina por no más de diez minutos hasta el borde del cráter para situarse en el espacio inimaginable del corazón de un volcán hecho plaza de toros. Ante la panorámica nos gana el pasmo y también las ganas de denunciar a quienes decidieron colocar las antenas de transmisión eléctrica justo cruzando el paisaje.

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El tercer día tendrá como punto fuerte la Mamacocha, una laguna rodeada de un collar de higueras y caña brava que se abre con su turquesa puro en el medio de una explanada amplia de lava. Todo es lava, el suelo, las rocas, lava cubre los andenes de y las estructuras preinca de Quelloquello. Dos ríos forman la laguna, el Orcopampa y el Andagua, que 17 kilómetros antes de desembocar, se han metido bajo tierra en un tinkuy invisible para el ojo humano. Es imposible no dejar de respirar cuando uno está en medio del  puente que permite el paso en la zona más angosta de la Mamacocha y contrasta la placidez de las aguas del cuerpo grande con la agitada desembocadura del río del mismo nombre.

Los volcanes mellizos Huanacaure, localmente conocidos como Shippee y Johnson, por los norteamericanos que los dieron a conocer en 1934.
Los volcanes mellizos Huanacaure, localmente conocidos como Shippee y Johnson, por los norteamericanos que los dieron a conocer en 1934.

Higueras muy viejas y aún productivas bordean el agua, pero también se yerguen dentro de esta, junto con zacuaras y otras especies entre las cuales, con suerte y paciencia podríamos ver de pronto asomar a una nutria, o a dos, en dirección al agua donde llegarán a nadar estilo espalda, como si supieran que las queremos fotografiar.

Antes hemos estado en el mirador de Ucuya, donde por las leyendas escritas en las piedras nos enteramos de que en el valle los españoles establecieron catorce reducciones de indios, como en el Colca, aunque los templos de acá sean más rústicos y evangelizadores que los del otro valle. En la zona se han identificado 270 variedades de plantas, 115 de aves y 24 de mamíferos. Cuatro volcanes a la vista tienen en promedio cuatrocientos años de edad: Jechapita, Chillcayoc Chico, Chillcayoc Chaupi, Chillcayoc Grande. La data demográfica indica que en el valle hubo asentamiento humano de cazadores hace seis mil años. Luego las etnias Kunti y Aruni los dominaron, hasta la invasión de los incas.

Nevado Coropuna, el más alto del Perú (6,315 m s.n.m.), el gran señor de todos los volcanes, recibe y despide al viajero.
Nevado Coropuna, el más alto del Perú (6,315 m s.n.m.), el gran señor de todos los volcanes, recibe y despide al viajero.

Chachas es un pueblo pequeño, pero que luce en su plaza una importante iglesia de estilo renacentista, lo que habla de un pasado de mayor esplendor. Se puede pasar la noche acá, hay un hotel municipal bastante decoroso, salvo que las ventanas no tienen cortinas. Pecata minuta. Lo genial es partir temprano hacia el mirador de Jojollocha desde donde se obtiene una panorámica sideral que nos enfrenta con la laguna de Chachas tendida al finalizar el pueblo, la cordillera nevada de Chila y a diez volcanes de distintas estaturas, en perfecta definición cónica.

Ayo es un respiro delicioso luego de haber estado todo el tiempo por encima de los 3500 m s.n.m. Se ubica a 1,990 metros de altitud y es un vallecito de frutales y camarones del que nunca jamás se querrá salir.

Datos útiles para llegar al Valle de los Volcanes

Tenemos un cuarto día para el retorno, que repetimos, puede ser por Majes o por el Colca, y sin olvidar jamás que en estas tierras altas no se puede pensar en domeñar a la geología. Lo que toca es experimentar a fondo la síntesis entre naturaleza, historia y cultura viva. 

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