Año 1987, Lucía y Beatriz con su padre, el   pintor Salvador Velarde.
Año 1987, Lucía y Beatriz con su padre, el pintor Salvador Velarde.
Edición 2540: Jueves, 24 de Mayo de 2018

A Salto de Mata

A tan solo 40 minutos de nuestra capital está el pulmón de Lima, el último valle verde: El valle del río Lurín. Conversamos con algunos de sus residentes acerca de la vida allá y los problemas que enfrentan día a día.

Año 1987, Lucía y Beatriz con su padre, el   pintor Salvador Velarde.
Año 1987, Lucía y Beatriz con su padre, el pintor Salvador Velarde.

DOS GOTAS DE AGUA
Lucía y Beatriz Velarde

Hace 16 años conocimos a las gemelas Lucía y Beatriz Velarde de ahora 18 años por primera vez en esta misma casa en Pachacámac, a donde se mudaron sus padres Salvador Velarde y Carolina Viale hace casi 30 años. Las gemelas crecieron en Pachacámac, rodeadas de animales y naturaleza.

Felices cuentan cómo muchas mañanas iban caminando al colegio estatal de la zona. “Todo estaba lleno de charcos, íbamos con nuestras botas de jebe, caminando media hora con otros niños más”
Lucía y Beatriz se quieren dedicar a la doma de caballos.  Ninguna de las dos podría imaginarse viviendo en la ciudad. “A veces vamos a Lima para ir al teatro o a pasear, como turistas. Por un rato está bien, pero después ya cansa el sonido”, narra Lucía.  Justamente la tranquilidad de la vida en el campo y estar con los animales es lo que más les gusta de vivir en Pachacámac, donde crecieron.

la semana pasada, en el mismo canal. La campiña de Lurín aún es un vergel.
la semana pasada, en el mismo canal. La campiña de Lurín aún es un vergel.

“No hay señal de teléfono. Si quieres señal tienes que ir 15 minutos en carro a buscar señal”, cuenta Lucía. Sin embargo, esto no les molesta en absoluto. “Cuando estamos en casa usamos el wifi, pero cuando no lo tenemos no nos desesperamos”. Las gemelas dicen tener todo lo que quieren hacer ahí en el campo. Salen a pasear con sus perros a las lomas o a montar caballo.

Ambas son conscientes del crecimiento demográfico de la zona: “Para nosotros esto ya está lleno de casas como en la ciudad. Por eso tenemos un terreno en Oxapampa a donde nos mudaremos cuando se llene mucho y está será nuestra casa de ciudad”. 

Víctor Blas, agricultor. “Estamos buscando que esta zona se preserve”.
Víctor Blas, agricultor. “Estamos buscando que esta zona se preserve”.

DE LA CIUDAD AL CAMPO
Javier Gordillo

Javier Gordillo es un empresario que en el 2002 decidió adquirir un terreno y construir un hogar en Pachacámac. Gordillo y su esposa tienen un departamento en San Borja, pero están pensando en mudarse a Pachacámac permanentemente. “Es más fácil llegar de aquí [Pachacámac] al Jockey Plaza, que de la Molina a Miraflores”.

Gordillo denuncia la invasión de las lomas de Lúcumo por traficantes de tierras.
Gordillo denuncia la invasión de las lomas de Lúcumo por traficantes de tierras.
  Desde que llegó a la zona hace 16 años, ha visto de cerca la transformación del valle y sus causantes y se ha puesto en defensa del mismo. El principio “casa huerta” que los residentes intentan promover para mantener el valle, establece que tan solo un 35 por ciento del terreno debe ser utilizado para la construcción y el resto debe permanecer como área verde. Sin embargo, Gordillo está preocupado por los dos problemas que deben enfrentar. A la zona del valle de Lurín no llega Sedapal, y la cantidad de agua que llega a los alrededores del Valle desde el río disminuye rápidamente debido a la alta demanda río arriba, en Manchay. Esto dificulta, sobre todo, la manutención de las áreas verdes.  Además, la explosión demográfica en nuestra capital ha causado invasiones de terrenos en la loma protegida de Pachacámac, poniendo en peligro nuestras últimas áreas verdes. “Vale la pena cuidar esto, preservarlo y crear consciencia ante la gente. La gente tiene que tener dónde vivir, pero hagámoslo de forma ordenada”, afirma Gordillo y propone que el Congreso promulgue una ley para crear zonas urbanas en lugares eriazos y así preservar el valle verde. Los vecinos ya están plantando en los cerros eriazos, pero con inversión privada. Gordillo quiere evitar la formación de asentamientos humanos, sin embargo afirma: “Aquí la autoridad brilla por su ausencia. Es lo último verde que nos queda, cuidémoslo”.

  

“NO VENDO”  
Victor Blas

Víctor Blas nació en la zona del valle de Lurín y ha vivido ahí durante sus 50 años de vida. Víctor pertenece a la comunidad campesina de Cucuya y es dirigente de la misma, además de dedicarse a la agricultura. Blas ha visto la disminución de la zona verde del valle. “Hoy día se está perdiendo más del 50 por ciento. Los pobladores estamos buscando que esta zona sea preservada, con orden”, dice. Según nos cuenta Blas, anteriormente los invasores se asentaban en las zonas bajas y desde el año pasado empezaron a invadir las lomas. “Los invasores se meten sin respeto, se están metiendo con todos. Los que manejan las invasiones son de dinero, manejan a las personas de bajos recursos”, explica Blas. Javier Gordillo agrega: “El día que tuvimos la inspección con el fiscal Ricardo Rojas, vino el jefe. Salió de una camioneta X6 BMW”.

Javier Gordillo se mudó a Lurín en el 2002 y es uno de los entusiastas defensores del valle verde.
Javier Gordillo se mudó a Lurín en el 2002 y es uno de los entusiastas defensores del valle verde.

Blas orgulloso cuenta que jamás vendería sus terrenos, ya que planea dejárselos a sus hijas, que aún son muy pequeñas y espera que cuando crezcan, el valle siga siendo verde  y hermoso, como él hasta hoy lo conoce.

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