“Nos explotarán las bombas de las escasez”, advierte Pulgar Vidal.
“Nos explotarán las bombas de las escasez”, advierte Pulgar Vidal.

Edición 2460: Jueves, 27 de Octubre de 2016

2030 A la Vuelta de la Esquina

Escribe: Manuel Pulgar Vidal * | La esquiva búsqueda de un país moderno y sostenible.

“Nos explotarán las bombas de las escasez”, advierte Pulgar Vidal.
“Nos explotarán las bombas de las escasez”, advierte Pulgar Vidal.

¿Lo llegaré a ver?

Es la pregunta que me planteo diariamente cuando, como siempre, me toma tanto tiempo llegar a mi destino en Lima, ciudad de tráfico endemoniado, donde en lugar de ciclovías, el ciudadano reclama espacios donde estacionar.

¿O es que ya llegamos a la modernidad y no lo he percibido? ¿Acaso en los nuevos edificios, en los autos modernos y en los malls no se encuentra reflejada la ciudad que tanto hemos buscado?

Me animo a pensar la respuesta en lo que pueda ser el Perú en el año 2030: mejores carreteras, trenes de cercanía, puertos ampliados, aeropuertos con tráfico masivo, importantes inversiones en gas y minería, algunas menos en energías renovables, y grandes empresas que proporcionan cierto nivel de empleo (o subempleo) para producir piezas pequeñas de equipos grandes que agregan pero no diversifican.

Y me sigo preguntando si entonces el país reflejará la tan ansiada modernidad.

Me pregunto si esa modernidad no se alcanzará por la “trampa del ingreso medio” que nos habrá llevado en las tres últimas décadas a emprender acciones y promover inversiones en infraestructura física, sin realizar cambios estructurales.

En el 2021 –luego de una modesta celebración de nuestro bicentenario en plena campaña electoral–, es probable que hayamos ingresado al club de los países más desarrollados agrupados en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sin entender del todo que esto debió venir acompañado de nuevas y buenas prácticas que sustentaran el modelo de desarrollo y la búsqueda de la modernidad.
Y no como erróneamente lo señaló el Premier este año, solo para alcanzar un “grado de inversión”.

Ahí habré entendido que cuando el Presidente Pedro Pablo Kuczynski planteó el concepto de Perú-país moderno, su entorno no lo comprendió, convirtiéndolo en la consabida fórmula de más inversión e infraestructura. De cierta manera, de nuevo el perro del hortelano, si bien menos agresivo.
Recordaré entonces el optimismo del 2015, cuando el mundo adoptó decisiones que enmarcarían un nuevo paradigma de desarrollo: el Acuerdo de París, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la economía y el crecimiento verde, la gestión de riesgo de desastres, la decarbonización, la resiliencia y las ciudades sostenibles fueron y seguirán siendo el camino por seguir. Lamentablemente, el MEF continuará siendo quien defina y planifique nuestra visión de desarrollo en función de números, resistiéndose a participar en debates centrales, como el de la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles.

Efectos de la presunta modernidad alcanzada.
Efectos de la presunta modernidad alcanzada.
Así, la informalidad nos seguirá agobiando, porque el estado de derecho y el cumplimiento de la ley no interesan cuando el enfoque es meramente economicista. Como bien decía un profesor de economía del derecho: en la economía, la justicia no existe; sólo importa la optimización.

Incluso con mercados de carbono que le dan valor al bosque en pie y con sistemas de pago por servicios ecosistémicos que compensan los servicios de las cuencas, seguiremos lidiando el 2030 contra mineros ilegales, taladores de maderas finas, colonos y agricultores migrantes que deforestan. Pero, peor aún, con cultivadores de palma aceitera que, respaldados por el Estado, continuarán convirtiendo el bosque en un cultivo homogéneo.

Ni qué decir de las ciudades que, en general, ni siquiera habrán pensado en el concepto de sostenibilidad, sea porque las competencias y recursos de sus autoridades continuarán siendo escasas o porque con eso no se gana votos. El transporte sostenible, la iluminación eficiente, la eficiencia energética, el manejo responsable de residuos, las edificaciones certificadas, la infraestructura natural y las áreas verdes seguirán siendo una ilusión en esta megalópolis del 2030 donde cada vez más se nos dificultará buscar fuentes de agua y lograr una buena calidad del aire.


Efectos de la presunta modernidad alcanzada.
Efectos de la presunta modernidad alcanzada.
Felizmente, las áreas naturales protegidas creadas desde 1950 continuarán siendo una trinchera frente a la desmedida ambición por los recursos y la pérdida de la biodiversidad. Nuestro mar, en cambio, no habrá recibido aún la atención merecida.

El retroceso de los glaciares, la escasez hídrica, la pérdida de biodiversidad, cobertura boscosa y cultivos nativos, y la alteración de los ecosistemas serán para los peruanos algo aún muy lejano. Por ello, no le habremos prestado todavía la atención debida. Sin embargo, nos explotarán las bombas de la escasez, los deslizamientos, sequías y lluvias, la salinización, las enfermedades desconocidas y otras calamidades anunciadas y previsibles.

¿Qué nos habrá impedido dar el salto? ¿Qué nos habrá mantenido como una sociedad discriminadora, poco consciente de nuestra fragilidad ambiental y de nuestra vulnerabilidad climática? El miedo al cambio.

*Exministro de Medio Ambiente.

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