Edición 2542: Jueves, 7 de Junio de 2018

Secretos de la Caja 2: El señor offshore

Escribe: Gustavo Gorriti | “La persona que manejaba Balmer resultó ser la misma que manejaba también a Klienfeld Services Ltd y a Constructora Internacional del Sur. Su nombre: Olivio Rodrigues, el señor offshore”.

Hace unas semanas, en CARETAS 2537, en: “La Caja 2 cuenta sus secretos”, describí a varios personajes centrales en el engranaje clandestino que armó Odebrecht para repartir cientos de millones de dólares en pagos clandestinos –gran parte de ellos coimas– en Brasil, el resto de Latinoamérica y partes de África.

Entre 2007 y 2014, Odebrecht repartió 3 mil 370 millones de dólares en pagos clandestinos. Hubo años en los que el “Sector de Operaciones Estructuradas” entregó 730 millones de dólares en un solo ejercicio anual. No era un despilfarro de la corporación, pues cada dólar invertido en coimas rendía cuatro dólares adicionales para Odebrecht.

La corporación crecía velozmente, arrollando parte de la competencia, cartelizando al resto; y los sobornos masivos eran los esteroides que inflaban el crecimiento.

Todo el aparato destinado a los pagos clandestinos era más pequeño de lo que el volumen de coimas entregadas lleva a suponer. Ya hemos conocido a varios de ellos: a Isaías Ubiraci Chaves Santos, el veterano encargado de visar los pagos verificando si estos provenían de una obra con ganancia o no. A Hilberto Silva, el jefe y fundador del Sector de Operaciones Estructuradas, que creó “el nombre pero no la práctica” de coimas, que existió en todas las etapas de Odebrecht            –y de casi todas las otras compañías constructoras también–. Y también a Marcos Grillo, el encargado de “generar” recursos, es decir, de obtener el dinero para los pagos ilegales. Grillo, recordarán, indicó haber alimentado al sector de operaciones estructuradas con alrededor de 600 millones de dólares anuales.

Era un círculo completo, que funcionaba de la siguiente manera:

– La primera etapa era la de ganar obras y lograr el mayor lucro posible en ellas. Se lograba con sobrecostos que se obtenían en varias maneras y momentos, desde modificaciones a los contratos iniciales hasta arbitrajes arreglados. Para eso era necesario coimear a diversos funcionarios, de acuerdo con su categoría e importancia específica: los presidentes de la nación y algunos ministros eran quienes, por supuesto, recibían más. El monto total de sobornos no excedía, por lo general, el 3% del valor de la obra, aunque hubo casos [como con el exgobernador de Rio de Janeiro, el hoy encarcelado y sentenciado Sergio Cabral] en el que los porcentajes fueron superiores.

El superintendente de Odebrecht en un país dado era quien tenía a su cargo la obtención del lucro adicional a través de sobrecostos, arbitrajes y otras formas. Era él quien pedía al Líder Empresarial de la región (primero Marcelo Odebrecht, luego Luiz Mameri; y, para Venezuela, Euzenando Azevedo), la autorización para pagar coimas a tales o cuales funcionarios locales. Las coimas se pagaban y el lucro adicional se obtenía. Recuerden, por ejemplo, que el tramo II de IIRSA Sur tuvo un 149% de sobrecosto; el tramo III un 74%; que el de IIRSA Norte fue de 98%. Que el tramo II del Metro de Lima tuvo un 51.7% de sobrecosto (828 millones de soles más). En el tramo I de la Línea I del Metro, el sobrecosto fue del 26% (que significó pagar 336 millones de soles más).

Esa era la primera etapa. Con la operación en marcha y el lucro garantizado, llegaba Marcos Grillo a repasar las diversas obras para definir qué cantidades de dinero podían pasar de legales a ilegales. Era el proceso directamente inverso al de lavado de dinero: no se trataba de convertir dinero negro en legal, sino de convertir el legal en negro. ¿Cómo lo hacía? Generalmente con contratos ficticios con compañías pagadas por servicios que nunca prestaron y que, luego de recibir una comisión, remitían el dinero a diversas empresas offshore bajo el control del Sector de Operaciones Estructuradas.

Ahí, buena parte de ese dinero pagaba coimas pendientes (como las que recompensaban a los corruptos que permitieron los sobrecostos o que arreglaron los arbitrajes) y el resto se utilizaba para coimas nuevas, para las campañas electorales de políticos ya comprados o por comprar y para otros pagos no declarados, como bonos libres de impuestos para ejecutivos de la corporación que habían logrado los mejores resultados de acuerdo con este esquema.

¿Quieren ver la forma precisa en que se ejecutaba este proceso? Lo explicaré con el detalle de un caso que fue central en la propia investigación de IDL-Reporteros, cuyo cuadro completo se fue revelando por etapas, conforme fuimos avanzando con la investigación.

Primer capítulo. IIRSA Norte. El año es 2007, el presidente es Alan García y el sobrecosto es de 98%. Es decir, que en lugar de pagar los 258 millones contratados, el Estado terminó comprometiéndose a pagar 510 millones de dólares. Hay dinero para la “generación de recursos” de Grillo y pasa lo siguiente:

Entre febrero y diciembre de 2007, el consorcio IIRSA Norte transfirió alrededor de 11 millones de dólares a dos compañías: Constructora Área y Construmaq SAC. Odebrecht mismo transfirió 430 mil dólares a Constructora Área. Dos offshores pertenecientes al Sector de Operaciones Estructuradas: Constructora Internacional del Sur y Klienfeld Services transfirieron a la misma compañía, 270 mil y 110 mil dólares respectivamente. Cerca de 11 millones 740 mil en total.

Constructora Área y Construmaq SAC son dos de las múltiples compañías de conveniencia que controlan Gonzalo Monteverde y María Isabel Carmona. Su propósito en estas operaciones fue muy claro: Luego de mover el dinero entre varias cuentas, fragmentándolo, reuniéndolo, cobrándolo y depositándolo de nuevo, Constructora Área y Construmaq terminaron transfiriendo cerca de siete millones de dólares a otra offshore: Balmer Holding Assetts Ltd., en una cuenta del banco brasileño Trend Bank, abierta en las Islas Vírgenes británicas.

Cuando llegamos al caso en IDL-Reporteros, sabíamos que tanto Constructora Internacional del Sur como Klienfeld habían participado en varias coimas a funcionarios de Petrobras, ya descubiertas en Brasil. La asociación con IIRSA y con Odebrecht era tanto sorprendente como reveladora. Nuestra primer hipótesis fue que la coima por IIRSA Norte se había depositado en Balmer y que la identidad del beneficiario final de Balmer, excepcionalmente protegida, podría resultar más que interesante.

Balmer tenía como agente residente en Panamá a la notoria firma Mossack Fonseca. Había sido formada en Uruguay, con grandes precauciones para ocultar la identidad del beneficiario final. ¿Era ese el recipiendario de la coima?

No. No era. Por lo menos no en esa escala. La persona que manejaba Balmer resultó ser la misma que manejaba también a Klienfeld Services Ltd y a Constructora Internacional del Sur. Su nombre es Olivio Rodrigues, el señor offshore, cuya función era la de mover el dinero y efectuar los pagos ilegales del sector de Operaciones Estructuradas a través de su red de offshores dedicadas y bancos con puerta falsa.

Este caso ilustra que no todas las etapas estaban estrictamente secuenciadas. Aquí, Olivio Rodrigues utilizó el dinero negro de dos de las offshores que controlaba para desaparecerlo junto con el de Odebrecht e IIRSA Norte en la cuenta de Balmer. ¿Por qué no hizo el aporte directo de sus offshores a Balmer, su otra offshore? Probablemente para no relacionarlas. Pero en el proceso, la conjunción de pagos con IIRSA Norte y Odebrecht reveló la participación de estos en un proceso de lavado varios meses antes de la confesión de Odebrecht.

¿Cómo trabajaba Olivio Rodrigues con Fernando Migliaccio, en el Sector de Operaciones Estructuradas y con otros operadores clandestinos de Odebrecht? ¿Cuán eficientes fueron en sus operaciones? Lo veremos en la siguiente nota sobre el tema.

Termino recordándoles que hasta ahora solo describimos una cara de la luna: la aclarada (en la medida que la luna puede aclararse) por la confesión de Odebrecht. Los que no han hablado todavía conforman la cara oculta en la oscuridad. Hasta que eso no salga a la luz, la investigación caminará coja.

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