Edición 2471: Jueves, 19 de Enero de 2017

Que Corran las Tortugas

El caso Lava Jato ya avanza fuera de Brasil, en Latinoamérica identifica a sus primeros corruptos y provoca hasta ahora más rabia que razón.

No basta indignarse, porque pocas emociones o pensamientos son más fáciles de engañar que la indignación. Hay que conocer qué pasó, cómo funcionó, qué lo hizo posible, cómo se armó escenarios y cuáles fueron las bambalinas.

Hay que concentrar energías en presionar por investigaciones imparciales que avancen con rapidez. Sobreexcitarse ahora con los primeros datos borrosos que produce la investigación garantiza la fatiga emocional e intelectual que buscan algunos de los corruptos más astutos para buscar su impunidad.

Pero no. Hay que exigir una investigación a fondo y rápida (no debería en ningún caso prolongarse más allá de 2017 y, si está bien llevada, pudiera terminarse en los primeros nueve o diez meses de este año), con dos objetivos paralelos y complementarios:

Las investigaciones ‘Lava Jato’ del siglo XXI;

Las investigaciones sobre los casos de corrupción precursores de Lava Jato en los últimos 15 años del siglo XX.

Los objetivos deben separarse porque la manera de conseguir información es diferente en cada caso: digital en este siglo y analógica o impresa en el anterior. Hay más datos investigables en este siglo que los que se pueden rescatar entre 1985 y el 2000, pero eso no significa que no se pueda llevar a cabo una investigación en profundidad sobre las cutras de ese período. Ciertamente hay dónde empezar:

• Hace pocos días la publicación digital Gran Angular sacó en portada una investigación de la periodista Melissa Pérez: “Odebrecht pagó coimas en el Perú desde 1988 por los proyectos Charcani V y Chavimochic”. Leer reportaje aquí

En la investigación, Pérez expone con prolija claridad cómo “Las coimas de la constructora Odebrecht se reparten a ritmo de samba en el Perú desde –por lo menos– 1988, durante el primer gobierno de Alan García”.

Durante el gobierno de Fujimori, el Proyecto Especial Chavimochic celebró un ‘Contrato de Ejecución de Obras’ con el ‘Consorcio Chimú’, que asociaba a las empresas Norberto Odebrecht S.A. con GyM S.A. (me imagino que saben de quién se trata, ¿no?). El representante del Consorcio fue el funcionario de Odebrecht, Sérgio Luiz Neves, que firmó en su representación.

Varios años después, Sérgio Luiz Neves fue arrestado en la etapa culminante de la 26º Fase de investigación Lava Jato, el 23 de marzo de 2016, en Minas Gerais, la que se dedicó a desbaratar el sector de Odebrecht dedicado exclusivamente a la corrupción: el de ‘Operaciones Estructuradas’.

Neves era el director superintendente de la Corporación en Minas Gerais y la Policía Federal había capturado emails suyos ordenando una coima de cerca de 5 millones de dólares a una persona apodada ‘Mineirinho’. Neves tenía acceso directo con el sector de operaciones estructuradas para ordenar el pago de sobornos. Ahora se encuentra entre los ejecutivos acogidos a la ‘delación premiada’.

Así que lo que Barata no pueda responder, por no haber estado todavía en el Perú, lo podrá responder Neves. Luego de la confesión debe venir la corroboración, cosa que no es realmente difícil, porque documentos vitales de esa época fueron guardados por otra funcionaria, maltratada por Odebrecht, que los cuidó pacientemente, esperando el momento que nadie pensó que podía suceder, hasta que finalmente ocurrió.

• En el largo (102 páginas) “Relatório de Análise de Polícia Judiciária Nº 124/2016”, la Policía Federal en Curitiba dedica una parte a analizar el funcionamiento del ‘Sector de Operaciones Estructuradas’ de Odebrecht y su relación con determinados ejecutivos de la Corporación.

Para quienes no lo tengan todavía claro, el ‘Sector de Operaciones Estructuradas’ era una sección semiclandestina de Odebrecht, encargada de pagar coimas mediante mecanismos realmente sofisticados de lavado de dinero. Como dice la Policía Federal: “las investigaciones que fundamentaron la deflagración de la 26º Fase demostraron que los ejecutivos del Grupo Odebrecht dirigían sus demandas de pagos ilícitos a los funcionarios del ‘Sector de Operaciones Estructuradas’”.

El jefe de ese ‘sector’ era Hilberto Silva (o Hilberto Mascarenhas Alves da Silva hijo). Su segundo era Fernando Migliaccio; y los otros integrantes eran: Luiz Eduardo da Rocha Soares; Maria Lúcia Tavares; Isaias Ubiraci y Angela Palmeira.

Cuando avanzó la investigación Lava Jato, Odebrecht hizo que Migliaccio fugara de Brasil a Estados Unidos. Meses después fue capturado en Suiza, donde trató de llegar disimuladamente a cuentas, pruebas y, sobre todo, a un servidor de computadora. No lo logró.

Entre tanto, poco después de ser arrestada en Brasil, Maria Lúcia Tavares decidió confesar. Su testimonio convenció a Odebrecht que todo estaba perdido y llevó a la capitulación. Migliaccio, detenido en Suiza, también colaboró.

La importancia del ‘sector de operaciones estructuradas’ fue inmensa. Las decenas (y centenas) de millones de dólares en coimas se procesaban ahí. Todo funcionario de Odebrecht autorizado para coimear y fijar montos de sobornos coordinaba operativamente con ellos.

En el grupo de ejecutivos primariamente responsables estaban, como muestra la investigación de la Policía Federal, los principales superintendentes nacionales de Odebrecht, es decir, los representantes de la Corporación en los países más importantes. Ahí estaban, por ejemplo, André Rabello, superintendente de Odebrecht en Panamá; Euzenando Azevedo, superintendente en Venezuela; y Jorge Barata, en el Perú.

• En su primera declaración de delación premiada, en Brasilia, Barata reconoció, según fuentes bien informadas, que en el Perú se pagó coimas a altos funcionarios públicos y que fue él quien ordenó el pago de esos sobornos al Sector de Operaciones Estructuradas.

• Otro evento de gran importancia, del que se ha sabido poco, es cómo, en Suiza, el fiscal Stefan Lenz descubrió y capturó el repositorio de todos (o casi todos) los pagos secretos de Odebrecht: el formidable servidor de computadora que tenían ubicado en ese país.

Luego de iniciada la colaboración con las autoridades brasileñas, Lenz ordenó la captura y el análisis de una cantidad ingente de documentación financiera. Un pago pequeño, que se escapó a los analistas, por 5 o 7 mil dólares, llamó la atención de Lenz, según fuentes con conocimiento de causa.

El pago era para una compañía, Safe Box, que ofrecía soporte informático y de seguridad digital a empresas. Lenz ordenó registrar la compañía y ahí encontró el servidor oculto de Odebrecht.

Tenía seis terabytes de información, casi toda encriptada y gerenciada por un software desarrollado por la propia Odebrecht, llamado MyWeb Day. Comparativamente, la información de los Panama Papers ocupa 2.5 terabytes.

Gran parte de la gigantesca información no ha sido todavía analizada. Una parte ni siquiera desencriptada.

Pero ya se sabe quién tiene las contraseñas, quiénes tienen la información y dónde. Y todos, o casi todos, están confesando.

Solo hay que saber preguntar para extraer lo que se debe saber de ese mar de información.

Así que podremos saber todo lo que debemos conocer. Podemos resolver el secreto de todas las cutras significativas en varios lustros. Podemos conocer los nombres de todos los delincuentes públicos y privados para actuar en consecuencia.

Podemos saberlo pronto. Tenemos no solo el derecho sino el deber de conocerlo. Pero para lograrlo debemos exigir que corran las tortugas fiscales y debemos estar alerta, como sociedad, para neutralizar a las fuerzas que traten de adulterar o desactivar la más importante investigación de nuestra historia.