Edición 2458: Viernes, 14 de Octubre de 2016

Camus no se Equivocó

Cómo se define la estupidez? No es nada fácil. Hubert Lanssiers decía que contra el mal se puede luchar, porque tiene una cierta lógica; pero que contra la estupidez es imposible. “El tipo está cerrado, sin grietas, sin fallas”.

Mejor describirla. Luego de leer frases célebres sobre el tema, llegué a esta de Albert Camus: “La estupidez insiste siempre”.

No. No es perseverancia ni resistencia ni coraje. Tampoco es terquedad. El estúpido no aprende, ni quiere aprender. Solo insiste, tanto en el eventual acierto como en el pertinaz error.

Hace algo más de un año, en marzo de 2015, Fernando Rospigliosi atacó en un artículo a IDL y a mí. ¿La razón? Haber dicho que sus denuncias sobre espionaje, ‘reglaje’ y persecución en contra suya no tenían sustento en la realidad.

Nos acusó de “complicidad”, nada menos, con la DINI, dado que habíamos “avalado completamente la patraña del gobierno”.

Le contesté con el artículo ’El Stalinista al Revés’ en Caretas 2378. Ahí dije que con Rospigliosi, “las cosas son simples: o estás de acuerdo con él, con lo que dice y sostiene y a falta de pruebas o razonamiento suficiente, lo haces como un acto de fe, o te hace cómplice de los delitos que denuncia(…). O lo sigues con cretina incondicionalidad o quedarás fulminado por su acusación”.
Demostré que sus denuncias de ‘reglaje’ en el caso de los espías del Parque del Amor y también en el caso de espionaje de la patética DINI estaban equivocadas.

Pero, siguiendo la descripción de Camus, Rospigliosi insiste.

En un artículo publicado en El Comercio este sábado 8 de octubre, Rospigliosi empieza indicando que el presunto asesinato de delincuentes en Piura el 27 de febrero de 2015, “confirma la existencia de un escuadrón de la muerte (…) y evidencia que la execrable práctica de asesinar a presuntos delincuentes a sangre fría y luego montar escenarios para que pareciera un enfrentamiento se estaba generalizando. En realidad, es una técnica que ese grupo difundía en todo el país”.

Luego, Rospigliosi aplaude al “… ministro Basombrío y su equipo (que) han tenido el coraje de denunciar a ese escuadrón y de empezar a tomar las medidas para extirparlo”.

Dicho lo cual vuelve, con camusiana insistencia, a sus afirmaciones de 2015. Según él, “los organismos defensores de los derechos humanos, … han mantenido un escandaloso silencio cómplice. (…) ante la existencia de un escuadrón de la muerte y una práctica criminal que floreció en el gobierno de un presidente que ellos apoyaron”.

De mí dice que he “publicado media docena de artículos tratando de negar lo evidente y defender a los promotores de ese grupo”.

Eso, insiste, es “parecido a lo que hizo el 2013, cuando denuncié la investigación ilegal de la que era objeto por los servicios de inteligencia del humalismo (en) el seguimiento en el Parque del Amor, Gorriti publicó dos largos artículos en “Caretas” tratando de desvirtuarlo (…). Cuando en el 2015 se destapó que, en efecto, la DINI investigaba ilegalmente a miles de ciudadanos (…) trató de banalizar el hecho comparándolo con una aventura del Superagente 86, Maxwell Smart. Demasiado para ser coincidencia”.

Sobre ambos casos, les pido volver a leer mi artículo “Stalinista al revés”. Aquí solo mencionaré que en su delirante estridencia Rospigliosi culpó al general PNP Carlos Morán de haber montado el supuesto aparato de vigilancia. Eso fue poco antes de que, luego de haber sobrevivido desde el comienzo el acoso del gobierno de Humala, Morán pidiera su pase al retiro, días antes de que lo retiraran. ¿Se corrigió Rospigliosi? Ni hablar. Solo esperó la ocasión de insistir.

Y ahora, vamos a lo del llamado ‘Escuadrón de la muerte’, cuya existencia Rospigliosi afirma y confirma.

“Acá no hubo un escuadrón de la muerte. Acá hubo un pequeño grupo de policías que se movió de unidad en unidad. Supongamos que llegan a 11 de 121 mil efectivos”. Eso lo dijo el propio ministro Basombrío luego de verse obligado a recular de su afirmación inicial de que había alrededor de un centenar de policías en el supuesto ‘escuadrón’.

Basombrío también sostuvo que “como he dicho públicamente, ni la Suat, ni la Digimin, ni la Dirincri, ni la Dircote tienen responsabilidad”. Los únicos que la tendrían son un grupo de inteligencia bajo el mando del comandante Raúl Prado Ravines y también, por cierto, el general PNP Vicente Álvarez, a quien Basombrío parece tener una fobia irracional.

Cuando empecé a ver este caso, era evidente la sincronización en la campaña periodística disfrazada de cobertura para producir el resultado que el propio ministro adelantaba. Busqué hacer una revisión básica de la investigación de algunos casos. Escogí el “emblemático”, Chincha, y encontré muchas faltas y errores en el proceso que iba a llevar injustamente a siete policías del Suat a la cárcel.

Intenté entrevistar a Basombrío. Se negó a recibirme y mandó decir que no había nada que hablar. Que todo estaba probado.

Lo que hizo fue recular cuando su investigación hizo agua. Pero por lo bajo dejó saber que era un retroceso táctico. Que tenía información supuestamente explosiva pero súper secreta.

Cuando hace pocos días fue a verlo una delegación de IDL para hablar sobre asuntos de seguridad ciudadana, el ministro –quien trabajó varios años en IDL, aunque parezca mentira– convirtió la audiencia en un psicodrama sobre el tema del ‘escuadrón’ que terminó siendo el de la emocionalidad, por decirlo suavemente, del propio Basombrío.

Cuando, en una conversación posterior por teléfono, se le dijo que si quería seguir hablando sobre el tema, debería hacerlo con las personas que lo han estudiado en IDL, entre las que estoy, el ministro dijo que no me iba a recibir nunca.

Bueno, nadie le pide la sumisión que tuvo con Lourdes Alcorta. Pero un poco de discusión, en tanto se mantenga racional, nunca le ha hecho daño a nadie.

El caso del supuesto ‘escuadrón de la muerte’ es uno muy importante que debe ser investigado, como escribí “con dedicación hasta el último detalle (pero también) con imparcialidad y sin dejarse guiar por otro criterio que no sea la evidencia”.

¿Es eso lo que Rospigliosi llama encubrimiento?

Como dije: No afirmo ni niego la inocencia o culpa de nadie. Sostengo, sí, que la supuesta ‘investigación’ sobre los ahora inexistentes ‘escuadrones de la muerte’ es un deshonesto adefesio. Hay documentos cambiados, firmas falsificadas, ocultamiento de hechos y personas mientras se intenta concentrar todo el peso de la acusación en unas pocas personas, especialmente en el general Vicente Álvarez.

¿Por qué? En el caso de Rospigliosi mi conjetura es que cuando él apoyó a Keiko Fujimori el 2011, presentándola como el “mal menor” frente a Ollanta Humala, quien fue respaldado por las fuerzas democráticas una vez que juró fidelidad al sistema, se empeñó en demostrar que los otros se habían equivocado y él no.

Ese viaje por la sinrazón ha tenido agenda, algunos aliados y ahora poder. Porque Basombrío ha sido hasta hace poco una suerte de fiel lugarteniente de Rospigliosi (algo así como lo que Lazar Kaganovich fue para el camarada Stalin). El objetivo no es solo mostrar que ha habido un escuadrón de la muerte, sino que Vicente Álvarez lo dirigió, puesto que ello acusaría casi automáticamente a Iván Vega, a partir del cual hay menos de un paso a Ollanta Humala.

Rospigliosi insistirá. Camus no se equivocó. Y el gobierno tampoco debe hacerlo. Que investigue, pero bien. Ni con el estilo del stalinista al revés ni con el de Kaganovich. (Gustavo Gorriti)