Aunque no viajó al interior, Bachelet mostró sensibilidad por el sufrimiento de las víctimas.
Aunque no viajó al interior, Bachelet mostró sensibilidad por el sufrimiento de las víctimas.
Edición 2596: Jueves, 27 de Junio de 2019

Luces y Sombras de una Visita

Escribe: Luis F. Jiménez | Presiones y limitaciones en la agenda de Michele Bachelet en Caracas.

Aunque no viajó al interior, Bachelet mostró sensibilidad por el sufrimiento de las víctimas.
Aunque no viajó al interior, Bachelet mostró sensibilidad por el sufrimiento de las víctimas.

Una crisis de la magnitud de la venezolana genera expectativas a veces desmesuradas. Michele Bachelet confronta una contradicción de esa naturaleza, de allí que la evaluación de su visita a Caracas debe ser tan cuidadosa como estricta y se espera que el informe que presente el 5 de julio colme las lagunas que dejó su visita.

Desde que asumió su cargo de Alta Comisionada para Derechos Humanos de Naciones Unidas, a la expresidente chilena se la presionó para realizar una vista a Venezuela. Las derivaciones de una crisis de dimensiones nunca vistas en el continente hacía urgente su decisión. Venía precedida por el importante y crítico informe de su predecesor, el jordano Zeid Al Hussein, y su propio informe  de marzo de 2019 al Consejo de Derechos Humanos de NN.UU.

LAS LUCES
Su visita abarcó un periodo neto de 36 horas (desde la noche del 19 hasta la tarde del 21 de junio). En ese lapso se reunió con las autoridades del Estado venezolano, incluyendo Nicolás Maduro y el presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó.

Dedicó un lapso prolongado a la reunión con los familiares de las víctimas de las graves violaciones de derechos humanos ocurridas desde 2013. Su contacto con ellas mostró su sensibilidad por el sufrimiento y ello fue relevado por quienes se reunieron con ella. Fue un destello luminoso de la vista.
También resultó positiva la solicitud al gobierno de liberar a quienes fueron detenidos por expresar “de manera pacífica su protesta”. Algo, pero con sabor a poco. También resultó positivo, aunque igual insuficiente, que lograra que el gobierno acepte a dos expertos de su oficina para realizar el seguimiento de la situación de derechos humanos y visitar los lugares de reclusión, examinando todo lo relativo a la tortura.

¿Condicionó la visita?
¿Condicionó la visita?
  LAS SOMBRAS
Llamó la atención el escaso tiempo. Uno de los efectos importantes de este tipo de acciones, es conceder a las víctimas del actuar de los gobiernos un reconocimiento de su situación y poner a su disposición recursos que puedan utilizar para remediarlas. Es necesario desplazarse al interior del país, lo cual tampoco hizo. Es conocida la situación desesperante de importantes ciudades venezolanas y su falta de acción en este ámbito fue otra sombra. La situación en las fronteras exigía su presencia.

También llamó la atención lo reducido de los derechos afectados que llamaron su atención. No hubo una sola palabra relativa a regularizar las instituciones democráticas en Venezuela, especialmente a la necesidad de superar la crisis a través de elecciones libres y democráticas.

Su invocación al diálogo en Noruega agregó frustración, pues está estancado. Los derechos políticos son parte del marco jurídico que regula su Oficina (Pacto Internacional de Derechos Políticos). Y, en el caso de Venezuela, insistir en la necesidad de elecciones libres y democráticas sería una contribución fundamental. Su silencio fue sintomático.

¿POR QUÉ LAS LIMITACIONES?

Quienes tenemos alguna experiencia en la operación de organismos vinculados a la vigencia de los derechos humanos conocemos sus fuerzas y debilidades. Una de las últimas es la dependencia de las decisiones de los gobiernos. Si el gobierno no acepta una visita, ella no puede realizarse. Y, si la acepta, es porque la necesita. La clave es identificar cuál es su necesidad y cómo negociar la apertura de otros ámbitos que exijan solución.

La principal fuerza de los organismos de derechos humanos proviene no sólo de la creencia de sus integrantes en los valores que justifican su existencia sino en la actividad de otros Estados que, basándose en los instrumentos jurídicos en los que se fundan los organismos, pueden exigir al Estado en falta que modifique su actitud. Con esto se ingresa a un ámbito de política internacional que es imprescindible conocer y manejar, y que exige pragmatismo.

Aunque no viajó al interior, Bachelet mostró se  nsibilidad por el sufrimiento de las víctimas.
Aunque no viajó al interior, Bachelet mostró se  nsibilidad por el sufrimiento de las víctimas.

Viene a la memoria, por ejemplo, el apoyo de la entonces Unión Soviética a la dictadura militar argentina en contra de las presiones de los Estados Unidos de Carter en materia de derechos humanos. La influencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) fue clave cuando realizó su visita a Argentina para poner fin a la práctica de la desaparición forzada de personas. Las negociaciones para que se realizara la visita de la CIDH fueron arduas y la misma tuvo gran impacto en la evolución posterior de la sociedad argentina.  Una clave fue que la CIDH no permitió que los militares argentinos manejarán la visita.

En la situación actual de Venezuela, las dimensiones de política internacional –los apoyos y los ataques el gobierno de Maduro– están claras. Unos y otros tienen participación directa en la composición del Consejo de Derechos Humanos de las NN.UU., al cual debe informar y rendir cuenta la Alta Comisionada.

Entre quienes consideran que el gobierno de Maduro viola los derechos humanos y ha conducido a la sociedad venezolana a la actual crisis se cuentan Estados Unidos, los Estados latinoamericanos del Grupo de Lima, Estados de la Unión Europea y otros. Quienes apoyan a Maduro son Rusia, China, Cuba, Bolivia, Nicaragua y Estados de autócratas que comparten con Venezuela su pertenencia a la OPEP. El interés en el petróleo venezolano y en las riquezas mineras del Arco del Orinoco influyen en el apoyo a Maduro. La Rusia de Putin combina también su interés en invadir la esfera de influencia de Estados Unidos al apoyar a Venezuela como respuesta a la participación de EE.UU. en Ucrania. Michelle Bachelet debe tener en cuenta todos estos factores.

Esta pluralidad de intereses y presiones pueden ser origen de la debilidad de la Alta Comisionada o de su fuerza. Todo depende cómo lo maneje. Una corte florentina del Renacimiento parece un jardín de infantes. Lo exiguo de los resultados de su visita no sería  indicador de su fuerza. La limitación en el tiempo y en el espacio de la visita, su referencia negativa a las sanciones de Estados Unidos y la falta de mención a elecciones democráticas pueden representar el peaje que debió abonar Bachelet para recibir la autorización de visitar Venezuela. Contrasta su proceder con su informe de marzo pasado al Consejo.