(Foto: FACEBOOK - Papa Francisco Ofical)
(Foto: FACEBOOK - Papa Francisco Ofical)
Edición 2576: Lunes, 11 de Febrero de 2019

Francisco y Venezuela: La procesión va por dentro

Escribe: Luis F. Jiménez | La posición del Papa Francisco respecto a la crisis venezolana es más que incomoda.

(Foto: FACEBOOK - Papa Francisco Ofical)
(Foto: FACEBOOK - Papa Francisco Ofical)

Los chavistas radicales consideran que el Papa es demasiado próximo a la oposición y muchos sectores de esta estiman que sus inclinaciones izquierdistas lo acercaron al régimen de Maduro. En esta crucial situación, Francisco corre el riesgo de quedar mal con Dios y con el diablo.

Tiene, sin embargo, dos muletas importantes para demostrar la firmeza de sus posiciones a favor de la paz, la democracia y los derechos humanos. Una de ellas es la combativa Comisión Episcopal Venezolana cuyo enfrentamiento con el régimen de Maduro no deja lugar a dudas y es coordinada con el Papa.

La otra muleta es su Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, quien fuera cuatro años nuncio en Venezuela y dirigiera los intentos de diálogo entre el gobierno y la oposición en 2016. La carta que envió Parolin al gobierno y a la oposición señaló la falta de cumplimiento del gobierno de los compromisos asumidos en el diálogo y provocó una reacción furiosa de los chavistas. El diálogo termino mal por responsabilidad del gobierno.

Foto: WIKIPEDIA
Foto: WIKIPEDIA
La posición de Francisco en esta coyuntura ha sido que adoptar posiciones en favor de una u otra parte sería una “imprudencia pastoral”. El cardenal Pietro Parolin se refirió a esta actitud como de “neutralidad positiva”, la cual se estaría reflejando a través de numerosas y discretas gestiones para lograr la salida “elegante” de Maduro del poder.

Fuentes próximas al Vaticano indican que este nunca rompió relaciones con ningún gobierno (Pinochet o Fidel Castro, por ejemplo) y que el Papa mantuvo buenas relaciones con el régimen comunista de Polonia donde Juan Pablo II jugó un papel clave en la salida “elegante” del último dictador comunista, el general Wojciech Jaruzelski, que abrió las puertas a la democracia. Preservar la capacidad de conversar con todos es un activo muy valioso. Y con Maduro hay que conversar para evitar un estallido violento.

La aplicación de esta práctica diplomática milenaria permitió que Maduro, a pesar del distanciamiento con el Vaticano, solicitara a Francisco intervenir para lograr un diálogo con el presidente “encargado” Juan Guaidó. La respuesta de Francisco fue que las dos partes debían solicitar su intervención y Guaidó esquivó el tema diciendo que la intervención debía buscar “el fin de la usurpación”; también indicó Guaidó que Maduro solo busca “ganar tiempo” con el diálogo.

Este intercambio permite observar asuntos importantes. El primero es que Maduro podía ganar tiempo con el diálogo cuando el paso del tiempo lo beneficiaba. Desde que EE.UU. le cortó los ingresos petroleros en dólares en efectivo, el paso del tiempo le ajusta más cuerda al cuello. Se estima que en cosa de semanas colapsaran las maltrechas finanzas generando un caos generalizado.  La venta de oro solo alcanza para pagar vencimientos de deudas.

El segundo es que el Vaticano, con su poderosa red de vinculaciones podría gestionar el apoyo de Cuba para lograr la salida, teniendo en cuenta las buenas relaciones del Vaticano con el régimen cubano. Cuba es, ha sido y seguirá siendo la llave de la eventual salida de Maduro.

Las tensiones por la ayuda humanitaria que Maduro no permite distribuir, el colapso financiero que no permitirá ni siquiera pagar sueldos y los crecientes focos de poder armado en Venezuela hacen que sea urgente encontrar una salida pacífica y negociada al conflicto. Francisco puede realizar un aporte significativo.