Jair Bolsonaro rechazó una suma de dinero que le envió la empresa constructora Odebrecht.
Jair Bolsonaro rechazó una suma de dinero que le envió la empresa constructora Odebrecht.
Edición 2560: Jueves, 11 de Octubre de 2018

El Pinochet Carioca

Escribe: Luis F. Jimenez | Inseguridad y corrupción de la clase política: las grandes motivaciones para votar por Bolsonaro. Se suma el fracaso del PT y el colapso del centro democrático. El núcleo del problema es la corrupción del populismo.

Jair Bolsonaro rechazó una suma de dinero que le envió la empresa constructora Odebrecht.
Jair Bolsonaro rechazó una suma de dinero que le envió la empresa constructora Odebrecht.

El 7 de octubre pasado, Brasil voto por candidatos a la presidencia, al congreso y a las gobernaciones en una elección atípica: el principal y más popular candidato a la presidencia (el ex presidente Luis Ignacio “Lula” da Silva) encarcelado e impedido de participar por una condena por corrupción; una clase política devastada por la corrupción sistemática implementada por poderosas empresas constructoras; cuatros años de recesión; una violencia rampante (67.000 homicidios el año pasado); la ex presidente Dilma Rousseff destituida por un juicio político y un presidente en ejercicio altamente impopular. El proceso electoral reveló el colapso del centro democrático ante un ultraderechista y un izquierdista a cuyo partido, el PT, se le adjudican, ahora, todos los males de Brasil.

No es de extrañar, por tanto, que la población brasileña estuviese irritada, desconcertada y esperando “un salvador de la patria”. Ese personaje, al que la desesperación lleva a perdonarle todo con tal de lograr un cambio, fue un oscuro diputado: Jair Messias Bolsonaro. Su principal característica es la de ser un candidato “antisistema” que se expresa con brutal crudeza sobre la realidad brasileña. Algunos lo han comparado con el filipino Duterte o Donald Trump; otros consideran que este, comparado con Bolsonaro, resulta un intelectual de fuste. Bolsonaro tiene algo a su favor: con Trump la economía se ha activado por el momento. También tienen en común que ambos promueven la fácil adquisición de armas. 

En las elecciones, Bolsonaro obtuvo el 46% de los votos frente a Fernando Haddad (candidato de Lula y del Partido de los Trabajadores) con 27%. Habrá, por tanto, segunda vuelta el 28 de octubre. Haddad ha logrado el apoyo tácito de Ciro Gomes (12,4%) pero sigue corto para dar un giro dramático. Los apostadores consideran muy probable el triunfo de Bolsonaro.

Diputado por Río de Janeiro durante 27 años, las bases principales de Bolsonaro han sido los productores agrícolas, las iglesias evangélicas y la fuerza armada, en cuyo rango llego hasta capitán; eligió un general como vicepresidente. Ambos han reivindicado la dictadura militar (1964-1983) uno de cuyos errores, según Bolsonaro, fue no haber matado suficientes izquierdistas. Durante el juicio político a Dilma, dedicó su voto para destituirla al coronel que la había torturado cuando fue presa política. Su antagonismo a las mujeres y a los grupos gays y LGBT y a la población de color ha sido chocante.

Quedó registrado que la empresa Odebrecht envió una suma de dinero a Bolsonaro que la rechazó, sellando su fama de haber sido el único político que rechazó la corrupción.

La propensión a resolver problemas sociales a través de la disciplina militar puede ser peligrosa, especialmente cuando cualquier solución debe pasar por un congreso cuya división dificulta adoptar medidas radicales. La tentación de disolverlo estaría ceca de un carácter como el de Bolsonaro y el de su vicepresidente que ya planteó revisar la constitución sin participación popular.

Debe señalarse que Bolsonaro abrazo al inicio la visión económica centralista del régimen militar que luego reemplazo por un liberalismo a ultranza al designar como su asesor económico a Pablo Guedes, un economista de la escuela de Chicago. Este cambio llevó a asimilarlo a Pinochet: autocrático en lo político y liberal en lo económico. No es por eso de extrañar la euforia de los grandes grupos económicos y financieros con su avance electoral.

Bolsonaro ha sido muy duro con Nicolás Maduro y algunos temen que impusiera un rechazo de los inmigrantes venezolanos que huyen de la catástrofe humanitaria. El chavista queda así entre dos “duros”: el colombiano Duque y, de ganar el carioca, Jair Bolsonaro. Su triunfo, de darse, supondría un fuerte golpe para los bolivarianos que con Lula, Chávez y Kirchner habían llegado a la cima del poder. La pérdida de Haddad y de Dilma (que no logró que la eligieran senadora) supone un golpe para Cristina Kirchner, jaqueada por múltiples juicios por corrupción, y cuyos principales funcionarios y allegados están tras las rejas, así como  empresarios que pagaban sobornos.

Si algo queda en claro es que, con un gobierno divisivo y polarizador como previsiblemente sería el de Bolsonaro, se sabe cómo comienza pero no como termina. Brasil, es un país demasiado influyente que hay que seguir con atención.

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