Viernes 14. 3 p.m. Venezolanos aguardan afuera de la embajada. Buscan un cupo en el plan Vuelta a la Patria.
Viernes 14. 3 p.m. Venezolanos aguardan afuera de la embajada. Buscan un cupo en el plan Vuelta a la Patria.
Edición 2557: Jueves, 20 de Septiembre de 2018

Éxodo: La Otra Cara

Escribe: Jaro Adrianzén | ¿Por qué los venezolanos quieren regresar a su país?

Viernes 14. 3 p.m. Venezolanos aguardan afuera de la embajada. Buscan un cupo en el plan Vuelta a la Patria.
Viernes 14. 3 p.m. Venezolanos aguardan afuera de la embajada. Buscan un cupo en el plan Vuelta a la Patria.

Hoy estaba caminando por la avenida España y un grupo me quiso agredir solamente por ser venezolano. Sacaron un puñal y tuve que salir de allí corriendo”, asegura Andrés Jarquien, 25, un comunicador social del estado Aragua que arribó al Perú hace 5 años. La rabiosa xenofobia –atizada recientemente por el candidato municipal Ricardo Belmont– es tan solo uno de sus problemas. Durante su larga estadía en Lima trabajó en hostales y en gimnasios. Y en uno de estos últimos llegó a ser entrenador de boxeo. Pero hace varias semanas que vive en situación de calle, un formalismo para decir que no tiene dónde dormir ni qué comer. Parado a las afueras de la embajada de Venezuela en el Perú, rehúye a especificar el porqué de su situación actual. Su situación económica y la discriminación habrían reforzado la decisión de volver a su país. “Mi familia me está motivando a volver”, sostiene.

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Comunicador Andrés Jarquien, 25.
Comunicador Andrés Jarquien, 25.
Andrés hace cola junto a decenas de compatriotas en el local consular ubicado en la cuadra 29 de la avenida Arequipa. Todos esperan obtener un cupo en el plan Vuelta a la Patria, impulsado por la dictadura de Nicolás Maduro en aras de la repatriación de sus paisanos. El plan tiene tres pasos: el registro, el traslado y la “inserción en el sistema de protección social de la República Bolivariana de Venezuela”, según el documento del sitio web oficial del consulado. Solo se exige ser venezolano de nacimiento,  manifestar el deseo voluntario de regresar y hacerlo “con una actitud positiva y proactiva”. “Hay prioridad con las mujeres embarazadas, grupos familiares, personas con enfermedades, discapacidad o de la tercera edad… Yo estoy joven, puedo aguantar un poco más”, agrega Andrés. El pasado martes 18 de septiembre, un avión con 10 embarazadas, 27 niños, 26 casos médicos y 6 personas en situación de calle despegó del Jorge Chávez rumbo a Venezuela. El avión fue enviado por Maduro gracias al amparo que le da la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, de la que Perú es suscriptor. “Cualquier gobierno en cualquier estado puede solicitar el permiso de sobrevuelo y aterrizaje para una iniciativa de carácter humanitario y repatriar a sus nacionales”, detalla el embajador Enrique Bustamante, quien asegura que Perú cumplirá con el compromiso la cantidad de veces que Venezuela lo requiera. En cada vuelo van un promedio de 90 personas, equivalente al flujo de venezolanos que cada media hora ingresa a nuestro país por la frontera de Tumbes. Allí se han instalado tres albergues temporales para que los migrantes venezolanos puedan asearse, descansar y alimentarse. Esto se suma a la Cuna Más Móvil, instalada por el MIDIS en el CEBAF del departamento (CARETAS 2555), donde los padres pueden dejar a sus hijos (menores de tres años) mientras hacen los trámites migratorios. 

El del pasado martes 18 fue el tercer vuelo que partió a Venezuela desde Lima. Andrés no estaba a bordo. Deberá seguir esperando junto a compatriotas suyos como Óscar Rivas, 42, quien conversó con CARETAS desde los exteriores de la embajada venezolana. Es uno de los pocos que se anima a declarar. Varios apartan la cámara y, sin dar su nombre, explican que cualquier declaración publicada en medios de prensa que el régimen considere inadecuada podría, literalmente, bajarlos del avión. En su natal Guarico, Óscar “recargaba teléfonos, vendía tarjetas, ropa, videos musicales y discos”. Aquí trabajó como ayudante de cocina, obrero y vigilante. “De guardián me pagaban 20 soles por trabajar toda la noche”, recuerda. Un cálculo rápido arroja menos de un sueldo mínimo al mes. Se regresa, explica, porque no ha podido conseguir un trabajo fijo. Pero allá la cosa está peor, le decimos. “Está difícil, pero uno está con su familia, se ayuda y cualquier cosa puede conseguir”, sentencia. Y sigue esperando.

Algunos no declaran por miedo a represalias de Maduro. Otros, como Óscar Rivas, 42, siguen esperando su turno.
Algunos no declaran por miedo a represalias de Maduro. Otros, como Óscar Rivas, 42, siguen esperando su turno.

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