Manuel López Obrador, electo presidente de México. El 24 de julio es la Cumbre de la Alianza del Pacífico en Puerto Vallarta.
Manuel López Obrador, electo presidente de México. El 24 de julio es la Cumbre de la Alianza del Pacífico en Puerto Vallarta.
Edición 2546: Jueves, 5 de Julio de 2018

A Cantar Rancheras

Escribe: Luis F. Jiménez | Andrés Manuel López Obrador arrasó en las urnas en México. El nuevo Presidente confronta grandes desafíos: violencia, pobreza, corrupción y lidiar con Donald Trump.

Manuel López Obrador, electo presidente de México. El 24 de julio es la Cumbre de la Alianza del Pacífico en Puerto Vallarta.
Manuel López Obrador, electo presidente de México. El 24 de julio es la Cumbre de la Alianza del Pacífico en Puerto Vallarta.

Se necesita una persistencia extraordinaria, nacida de una profunda vocación política, o un arrojo rayano en la irresponsabilidad, para buscar –y conseguir– la presidencia de un país que confronta los problemas que hoy aquejan a México.

Pero Andrés Manuel López Obrador (AMLO) hizo cierto el dicho que a la tercera es la vencida, y arrasó con el 53% de los votos a sus rivales en las elecciones del domingo 1º último. Perteneció en su juventud al ala izquierda del famoso Partido Revolucionario Institucional (PRI) que en sus 70 años de control político de México dio lugar a la famosa “dictadura perfecta”, calificativo que le valió a Mario Vargas Llosa abandonar el país sin culminar la conferencia a la que asistía por invitación de Octavio Paz.

AMLO abandonó el PRI aunque hay quién sospecha que le queda aún su fibra autoritaria y su desdén por la validez de las instituciones. Durante su alcaldía de Ciudad de México introdujo medidas de progreso social y dio muestras de una austeridad que lo caracteriza hasta ahora. Hizo del combate contra la corrupción de las mafias políticas que gobiernan México (él establishment) el eje de su campaña junto con un frontal ataque a la pobreza y las abismales diferencias sociales que marcan a la sociedad mexicana.

AMLO moderó, además, su retórica política. Ha ofrecido preservar el equilibrio fiscal y ha afirmado que sus medidas sociales serán financiadas por los recursos que libere su combate contra la corrupción, tarea nada fácil. También bajó los decibeles a sus anteriores ataques al sector privado. La nacionalización del sector petrolero no está entre sus prioridades.

Controlar la violencia es el gran reto de López Obrador. Ella se genera en la proliferación de los carteles dedicados al narcotráfico que es alimentado por la inmensa demanda estadounidense. La demanda por las drogas y por la mano de obra barata generan los graves problemas de violencia y, junto con la pobreza, el drama de las migraciones. Mientras Estados Unidos no controle ambos fenómenos, ellos seguirán existiendo. La retórica racista y parcializada del presidente estadounidense Donald Trump empeora el problema y no contribuye a resolverlo.

Consciente de la gravedad de estos asuntos, López Obrador ha exhibido una gran prudencia y evitado confrontar a  Trump quien, además, está creando un problema económico y social mayúsculo para México al pretender eliminar el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA).

López Obrador llega al poder casi sin competencia. El PRI está colapsado después del sexenio de Peña Nieto que prometió un nuevo PRI y acabó dando más de lo mismo, con los asesinatos y desapariciones alcanzando cifras abrumadoras. La corrupción involucró a su propia esposa y se generalizó hasta el hartazgo. El PAN, a su vez, fracasó en generar una alternativa económica ortodoxa y creíble, después de un sexenio presidido por Calderon que desató la guerra contra el narcotrafico que ahogó en sangre a la sociedad mexicana.

López Obrador es una nueva esperanza, pero su proximidad con el gobierno del venezolano Nicolás Maduro augura cambios poco alentadores en el ámbito internacional. Mucho es lo que está por verse.   

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