Edición 2543: Viernes, 15 de Junio de 2018

Fútbol y política internacional

Por: Ernesto Pinto Bazurco Rittler | Diplomático y jurista peruano reflexiona desde Suiza.

Es inevitable la comparación entre el fútbol  y la política internacional: ambos se relacionan con el factor prestigio. Ese atributo de reconocimiento que se convierte  en ascendiente o influencia que se ejerce sobre los demás. Desde antigüedad el deporte ha sido una herramienta propicia para medirse entre comunidades y naciones. Hoy lo sigue siendo. Del mismo modo, una política de prestigio involucra una constante voluntad de relacionarse, ganando adeptos, para consolidar valores comunes en favor de intereses propios.

Quizá los que han entendido mejor el uso de esta herramienta de prestigio y de poder, han sido los suizos, que han albergado en la Confederación Helvética tanto al Comité Olímpico, como a la FIFA.

Estuve en Zúrich estos días con ocasión de un evento deportivo con futuro: la competencia automovilística entre coches impulsados con energía eléctrica. Fue ocasión para conversar con viejos amigos; amistades que se acrecentaron durante los siete años que viví en Suiza. Nos reunimos frente a un quiosco donde vendían el Perú Burger, una hamburguesa excelentemente sazonada y acompañada con camote frito.  Ocasión para compartir comentarios sobre el fútbol y la política internacional, que más allá de la anécdota, se nota que existe preocupación respecto al panorama internacional, que está marcado por otros líderes que necesitan prestigio. Por un lado Donald Trump acaba de distanciarse de sus tradicionales socios del Grupo llamado G-7, que podríamos llamar de "primera división". Y apunta a distraer la atención de su poco éxito en Siria, asistiendo a un diálogo con el líder norcoreano, lo que sería como jugar un partido en tercera división.

Trump que es presidente de una nación poderosa - a pesar de no haber sido elegido por la mayoría de votantes- estaría buscando la confrontación externa para consolidarse internamente. Aplica la frase “América Primero” obviando que América también es Canadá, es México y son tantos países aliados tradicionales, a los que ha dado la espalda. Un juego que, a la larga, no favorecerá a nadie.

La división en occidente es preocupante sobre todo para los que apostamos por un liderazgo en nuestra región. En tanto que Donald Trump está dedicado a buscar alianzas con regímenes extremistas como los de Arabia Saudita, Israel, Corea del Norte, su representante en Alemania, busca consolidarlas con los gobiernos de derecha extremista europeos. Vladimir Putin, que es el anfitrión del Mundial de Fútbol, se ha aproximado también a algunos gobiernos europeos de ultraderecha, como es el caso del jefe de gobierno austriaco.

Nada debe distraernos en nuestro camino ascendiente. El Perú ya ganó prestigio antes del mundial por su buen juego. Este prestigio deportivo seguramente se incrementará. Se recordó en Suiza que en los Juegos Olímpicos de 1936, el Perú propició una supuesta actitud política antideportiva. En el partido entre la selección de fútbol de Perú contra Austria realizado en Berlín, el árbitro escandinavo detectó irregularidades. El Comité Olímpico resolvió que el partido se juegue de nuevo, pero los dirigentes peruanos de la época resolvieron abandonar la competencia y dejar el escenario. Luego, para justificar el desacierto, se ensayó la leyenda de que el Jefe de Gobierno alemán había intervenido. Nuestro embajador en Berlín protesto ante la Cancillería alemana, sin resultado alguno. Se le aclaró que el partido no era contra Alemania, ni el juez como tampoco las autoridades olímpicas eran alemanas.

Hoy las cosas son distintas. El hecho de tener una presencia diplomática activa en Suiza, y de haber trabajado en el fortalecimiento de los lazos entre los dos países, ha influido en nuestro prestigio y muy posiblemente en la decisión favorable a Paolo Guerrero que se recibió en la Confederación Helvética. Con ese respaldo internacional – más el de todos los peruanos – ganaremos en Rusia y en todos los campos y aspectos.

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