Edición 2541: Jueves, 31 de Mayo de 2018

Nicaragua: La OEA en problemas

Escribe: Luis F. Jiménez |

La convulsión de Nicaragua arrastra a la OEA que no responde adecuadamente a los requerimientos que se le plantean.

Con 78 muertos y cientos de heridos y detenidos, crece la violencia por la acción represiva del gobierno. Se suspende la Mesa de Diálogo por falta de consensos.

De no encontrarse una salida pacífica, se teme una explosión social.

CARETAS abordo la situación en Nicaragua en sus ediciones 2448 del 4/8/16 y 2537 del 3/5/18, cuando la situación política afecto los derechos humanos y la vigencia de la democracia.

La OEA, la CIDH y Nicaragua

La OEA y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) jugaron un importante papel desde la época del dictador Anastasio Somoza. La Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA y la CIDH, junto con la fundamental movilización popular,  jugaron un papel decisivo en la remoción del dictador. De allí que, al enfrentar nuevas dificultades, los nicaragüenses miran a la OEA que, además, estrenó sus observaciones electorales en Nicaragua cuando doña Violeta Barrios de Chamorro derrotó al entonces presidente Daniel Ortega en 1990.

¿Responde hoy la OEA y la CIDH a los requerimientos de la sociedad nicaragüense?

Ortega-Murillo, la OEA y la democracia

Daniel Ortega está cumpliendo su tercer periodo presidencial, sin contar los 11 años que fue presidente después del somosismo. En estos últimos once años, Ortega modificó sus alianzas políticas, dejó  su visión de guerrillero y enfatizó los acuerdos para pacificar Nicaragua y estrechó sus vínculos con el sector privado, la Iglesia Católica (con un acuerdo con su némesis, el cardenal Obando y Bravo) y con Estados Unidos (execrado padrino de Somoza). Y todo ello sin abandonar la presidencia del Frente Sandinista! Fueron años de paz, con bajos niveles de violencia social y crecimiento económico.

Junto con tanta maravilla, sin embargo, se produjo una concentración de poder en el matrimonio presidencial en detrimento de la independencia de poderes. Siguiendo el camino de sus compadres bolivarianos, controlo el Poder Judicial, la Asamblea Nacional y la autoridad electoral y utilizo a la Juventud Sandinista y a los órganos de trabajadores para controlar las bases. Es importante indicar la influencia del petróleo chavista en este proceso.

Las tensiones acumuladas en este irregular proceso  explotaron el 18 de abril pasado cuando la violenta represión policial de protestas pacíficas dejara 76 muertos y centenares de heridos y detenidos. Ortega convocó un diálogo nacional y la Iglesia Católica aceptó ser la mediadora y garante. Los estudiantes universitarios y la sociedad civil asumieron un papel protagónico.

La OEA, la CIDH y el dialogo

Los sectores opositores solicitaron al gobierno invitar a la CIDH para observar lo ocurrido el 18 de abril. La CIDH, que solicito visitar Nicaragua sin recibir respuesta del gobierno, recibió la anuencia de este y visitó el país desde el 17 hasta el 21 de mayo.. Como resultado de ello, emitió un comunicado de prensa con sus conclusiones preliminares (http://www.oas.org/es/cidh/prensa/comunicados/2018/113.asp) en el que responsabilizó al gobierno por las graves violaciones a los derechos humanos ocurridas con motivo de las protestas pacíficas. La CIDH formulo 15 recomendaciones al gobierno.

La Mesa de Diálogo lleva adelante las discusiones entre el gobierno, la sociedad civil y los estudiantes con  dificultades para  alcanzar los consensos que permitan superar los graves problemas planteados. Los reclamos por la democratización de la sociedad nicaragüense se han convertido en el centro de la polémica. El gobierno los considera un llamado al golpe de Estado mientras otros sectores plantean encontrar salidas en la constitución o sus posibles reformas. La vehemencia de los estudiantes exigiendo la renuncia del matrimonio Ortega Murillo, tuvo un amplio eco en la sociedad pero no ha facilitado el diálogo.

La población urbana y campesina ha levantado barricadas (los “tranques”) que tienen al país semi paralizado. Parte importante del sector privado también exige la salida de Ortega y el Ejército anunció que no reprimirá la protesta. La reacción gubernamental ha sido violenta empleando grupos de civiles armados (la Juventud Sandinista y las “turbas”) lo cual ha llevado la situación al limite. Todo parece encaminarse a una huelga general indefinida como respuesta a la violencia gubernamental.

Estas dificultades provocaron la suspensión del diálogo y la conformación de una comisión para examinar los temas más sensibles. La Iglesia solicitó, además, la presencia del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, en la Mesa de Diálogo. Con ello abrió un nuevo problema pues sectores opositores consideran que las actuaciones de Almagro con el gobierno de Ortega no son claras.. Almagro acusó a sectores de oposición de mentir sobre su conducta. 14 agrupaciones lo declararon persona non grata.

La actuación de la OEA corre el peligro de enredar una situación ya difícil. Cabe preguntarse, al respecto, donde están los Estados miembros. Su ausencia en Nicaragua podría  explicarse por la irresuelta situación en Venezuela que parece absorber toda su capacidad. Esta negativa situación lleva a preguntarse, por ejemplo, hasta  dónde Almagro puede avanzar en un proceso complejo y controversial sin un mandato claro de los países. Se corre el riesgo que un órgano de la OEA (la CIDH) entre en contradicción con otro (la Secretaria General).

Todo  indica la conveniencia que los Estados miembros sean quienes dirijan efectivamente la actuación de la OEA en Nicaragua aportando su peso político y los mecanismos diplomáticos con que ellos cuentan para  complementar el aporte de la CIDH y ayudar a encontrar una salida pacífica y negociada a una explosiva situación. La actuación de la CIDH exige ser  complementada con el apoyo político y diplomático de los Estados.

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