Edición 2538: Lunes, 14 de Mayo de 2018

Macri en la montaña rusa

Escribe: Luis F. Jiménez |

 

Todo parecía fácil en Argentina después del triunfo de Mauricio Macri que llegó decidido a sepultar al populismo, los 12 años de gobiernos kirchneristas y los 70 de peronismo.

Botón de muestra: sus declaraciones a la prensa sosteniendo, meses antes de su triunfo, que al ganar las elecciones la inflación se reduciría a un dígito después del primer año de gobierno.

La realidad se está encargando de mostrarle al gobierno de la coalición Cambiemos (Pro de Macri, la Coalición Cívica de la diputada Carió y el viejo Partido Radical) que su líder padecía de un optimismo exagerado. Creía en el apoyo cerrado de los empresarios y en una “lluvia de inversiones” provenientes del exterior alentada por el arreglo del  default  con los implacables acreedores.

El incremento de la inversión productiva, según Macri, ayudaría a reducir los elevados niveles de pobreza dejados por Cristina Kirchner y mejoraría los niveles de empleo. Los juicios seguidos contra los corruptos ayudarían a recuperar recursos y responderían a las exigencias de justicia de amplios sectores de la sociedad.

Este conjunto de medidas ayudaría a enfrentar el principal problema económico: un déficit fiscal que ronda el 5% del PBI y cuyo contenido lo constituyen los numerosos beneficios sociales concedidos a través de décadas y que han generado la aparición de combativas agrupaciones sociales.

Este déficit se acompaña con el del comercio exterior, que ronda los US$10.000 millones, al amparo de un dólar barato originado en la falsa esperanza de combatir la inflación que, después de dos años y medio de gobierno, se calcula en un inaceptable 25% mientras las autoridades insisten que será de 15% para todo el 2018.

DISYUNTIVAS Y ALGO MÁS 

Este cuadro tan poco al halagüeño confrontó a Macri con una disyuntiva: adoptar medidas drásticas o avanzar de manera gradual para corregir los desequilibrios con el menor costo social posible. El gradualismo es el método elegido por Macri con miras a las elecciones de 2019 en las que espera ser reelecto.

Con un aparato productivo que no arrancaba y un déficit fiscal en el cual la mayor parte es gasto social, el gobierno recurrió al endeudamiento externo para aplicar su receta gradualista.

El gobierno exhibe logros: comenzó a crecer alrededor del 3% después de cuatro años; redujo levemente la pobreza y el desempleo y el déficit fiscal se redujo a un 3,75%. Pero los inciertos datos sobre la inflación desatan la pugna salarial, un elemento de la cual es la acusación de sindicalistas millonarios de ser perseguidos políticos debido a las causas judiciales abiertas contra ellos por enriquecimiento ilícito o corrupción. Las dirigencias de los organismos sociales también luchan por preservar los beneficios que les aseguran el apoyo de sus bases.

MEDIDAS DOLORSAS Y POLÍTICA

En este clima de efervescencia, el gobierno viene aplicando incrementos en las tarifas de diversos servicios (electricidad, gas, etc.) y ha dejado flotar el precio de los combustibles. Estas medidas tienen el fin, según el gobierno, de reducir el déficit fiscal y asegurar el funcionamiento de la economía. El impacto sobre la población, especialmente de los sectores de menores ingresos, es innegable y negativo.

Lo cual proporcionó una plataforma de operaciones políticas a un peronismo, facturado por sus tradicionales divisiones profundizadas por Cristina Kirchner, para unirse y ser una fuerza de oposición importante pues tiene  mayoría en ambas cámaras. Esto ocurre después que sectores del peronismo apoyaran al gobierno en temas puntuales. Esto no quiere decir que el peronismo haya superado las graves divisiones que lo afectan y que incluyen serias acusaciones de corrupción.

Las ventajas políticas de los opositores, la marcada subida del dólar y el creciente endeudamiento externo para mantener el gradualismo, convenció al gobierno que era preferible recurrir a Fondo Monetario Internacional para pedir un préstamo “stand by” que es limitado en el tiempo y en condiciones blandas. Buscaba tranquilizar la agitación económica  hasta que las condiciones mejoren como prevé que ocurra en este segundo semestre.

Los opositores políticos han recurrido a la fama de “ajustador serial” del FMI y recuerdan que Néstor Kirchner canceló su deuda con el FMI  de US$10.000 millones  para liberarse de su tutela. Nunca explicó porque canceló un préstamo del FMI con un 4% de interés y contrajo otro con Hugo Chávez al 14% de interés. Quienes se oponen ciegamente hoy a FMI tampoco tienen en cuenta la evolución registrada en la filosofía del organismo que incluye hoy los efectos de sus medidas sobre los indicadores sociales, lo cual antes estaba ausente.

La situación es fluida, tanto en la coalición de gobierno como en la oposición, chocan dos visiones en las cuales se juega el futuro de Argentina: la visión populista que, al amparo del discurso de beneficiar a los menos favorecidos acaba apropiándose de la riqueza del país y llevándolo a la quiebra, o una visión de sensatez económica y de institucionalidad republicana que sirva de base a una verdadera y sólida recuperación compartida por todos los sectores. Sectores importantes del peronismo comparten esta segunda visión.

Si esta fuera la visión de Macri, tiene la obligación de explicarle a sus electores el objetivo de las medidas que adopta y el sentido de ellas. No puede proceder como empresario que siente que sus votantes son sus empleados. Debe recordar al gran presidente brasileño Fernando Henrique Cardozo que decía que “gobernar es explicar”.

Loading...