Walter Arisala, alias ‘Guacho’ (al centro), dirige el frente Oliver Sinisterra, grupo disidente de las FARC que secuestró y asesinó a tres periodistas del diario ecuatoriano El Comercio.
Walter Arisala, alias ‘Guacho’ (al centro), dirige el frente Oliver Sinisterra, grupo disidente de las FARC que secuestró y asesinó a tres periodistas del diario ecuatoriano El Comercio.
Edición 2536: Jueves, 26 de Abril de 2018

Prensa Bajo Fuego

Escribe: Jaro Adrianzén | Asesinatos de periodistas vuelven a la primera plana a una semana del Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo).

Walter Arisala, alias ‘Guacho’ (al centro), dirige el frente Oliver Sinisterra, grupo disidente de las FARC que secuestró y asesinó a tres periodistas del diario ecuatoriano El Comercio.
Walter Arisala, alias ‘Guacho’ (al centro), dirige el frente Oliver Sinisterra, grupo disidente de las FARC que secuestró y asesinó a tres periodistas del diario ecuatoriano El Comercio.

Conductor Efraín Segarra (60), de El Comercio. Dejó dos hijos, uno periodista.
Conductor Efraín Segarra (60), de El Comercio. Dejó dos hijos, uno periodista.
Desde 1992 hasta la fecha, 823 periodistas han sido asesinados según el Committe to Protect Journalists (CPJ). Solo en el 2017 mataron a 81 reporteros según el IFJ (International Federation of Journalists). Y en lo que va del 2018, los crímenes contra hombres de prensa en Ecuador, Nicaragua y Eslovaquia han hecho que la cifra continúe en grave ascenso.

Al periodista Ángel Gahona una bala le voló los sesos mientras hacía una transmisión con su smartphone. Estaba en la ciudad caribeña de Bluefields, en el escenario en el que se enfrentaron la policía y los manifestantes nicaragüenses el pasado sábado 21 de abril. Hasta el cierre de esta edición, no se confirmó si la bala había sido disparada por la policía o los protestantes, aunque la mayoría de reflectores se posaba sobre las fuerzas del orden.

Casado y con dos hijos (una niña de 4 y un joven de 14), Gahona dirigía el noticiero El Meridiano y murió mientras cubría las protestas contra la reforma al sistema de pensiones impulsada por el gobierno de Daniel Ortega. Un día después de la muerte del periodista, el domingo 22, al mandatario no le quedó más que dar un paso atrás para apaciguar el despelote.

El video del asesinato de Gahona, registrado por uno de sus colegas, corrió como reguero de pólvora entre los medios del mundo entero. Una suerte de segunda entrega en una saga sangrienta: tan solo ocho días antes, el viernes 13 de abril, otro atentado contra la prensa había puesto de luto las redacciones.  

Una bomba en un auto alquilado mató a la periodista maltesa Daphne Caruana. Llevó cuatro días recolectar las partes de su cuerpo.
Una bomba en un auto alquilado mató a la periodista maltesa Daphne Caruana. Llevó cuatro días recolectar las partes de su cuerpo.

Aquella mañana, el presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, confirmó la muerte de Javier Ortega (redactor), Paúl Rivas (fotógrafo) y Efraín Segarra (chofer), periodistas del diario El Comercio (de Ecuador) secuestrados el 26 de marzo por el frente Oliver Sinisterra, grupo disidente de las FARC. Los tres fueron capturados en la provincia de Esmeraldas, cerca de la frontera con Colombia, cuando preparaban un reportaje en la zona (ver recuadro). Días después, el grupo liderado por Walter Arisala, alias ‘Guacho’, los calló para siempre.

En ambos casos, la tragedia rememora cómo los periodistas se mueven cotidianamente entre el crimen y la denuncia. Y qué tanto peligro corren durante el apasionante ejercicio del oficio. Pero la cuestión no queda ahí. Al eslovaco Jan Kuciak y a su novia, la arqueóloga Martina Kusnirova, los mataron a balazos hace dos meses. Aktuality.sk, el medio para el que laboraba Kuciak, informó que el periodista estaba a punto de publicar un revelador artículo sobre los nexos entre la mafia italiana y los políticos eslovacos. Poco después, a inicios de marzo, la policía anunció la detención de siete italianos que estarían relacionados con el asesinato. Kuciak era una enorme piedra en varios zapatos. Sus investigaciones abordaban temas de corrupción, fraude fiscal, robo de fondos comunitarios y el accionar de mafiosos extranjeros en Eslovaquia.

Caruana investigó los Panama Papers.
Caruana investigó los Panama Papers.
Meses antes, en octubre del 2017, la Unión Europea fue remecida por el bombazo que despedazó a la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia. Ella manejaba un auto rentado cuando explotó una potente carga colocada en el vehículo por terceros. Caruana era una implacable periodista que participó en la indagación mundial de los Panama Papers y que reveló cómo su pequeño país natal se había convertido en un paraíso fiscal.

Hoy, con el apoyo de la familia de la difunta reportera, 45 periodistas de 18 organizaciones -entre ellas los periódicos The Guardian y Le Monde, y la agencia Reuters- retomaron la investigación de Caruana. Tras seis meses de labor, los trabajos han sido publicados en el sitio web The Daphne Project (https://goo.gl/TYEzTw), en el marco del proyecto Forbidden Stories, creado por el francés Laurent Richard para continuar con las indagaciones de periodistas asesinados.

Con el paso de los años, la cifra de reporteros eliminados ha crecido a la par de la impunidad tejida alrededor de los crímenes. En el Perú todavía no se termina de aclarar la responsabilidad del exministro Daniel Urresti, acusado de ser el presunto autor mediato del asesinato del corresponsal de CARETAS, Hugo Bustíos, en 1988. Y en México, el homicidio de Carlos Domínguez (en enero) fue el número 40 en la lista de periodistas abatidos durante la gestión de Enrique Peña Nieto. Infame balance que pareciera ver una luz al final del túnel en México con la reciente captura de Heriberto ‘N’, presunto asesino del reconocido cronista Javier Valdez, baleado el 15 de mayo del 2017.

En otras coordenadas, un informe de la ONU señala que el estado de emergencia en Turquía, prorrogado por el presidente Recep Tayyip Erdogan, ha facilitado el deterioro de los derechos humanos. Y precisa que alrededor de 300 periodistas han sido arrestados porque sus publicaciones contenían presuntos “sentimientos apologistas sobre el terrorismo” u otros “delitos verbales”.

A una escasa semana del Día Mundial de la Libertad de Prensa (3 de mayo), el grave panorama global nos impulsa a meterle más punche al ejercicio de este apasionante oficio.

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