Edición 2528: Viernes, 2 de Marzo de 2018

VENEZUELA: Escenarios Imposibles

Escribe: Luis F. Jiménez | La OEA recupera iniciativa al pedir la postergación de las elecciones presidenciales

Un enérgico llamado a restituir la democracia y abrir un canal humanitario en Venezuela hicieron los presidentes Juan Manuel Santos de Colombia y Pedro Pablo Kuczynski de Perú en el marco del IV encuentro presidencial y gabinete binacional celebrado en Cartagena. Pero el mandatario venezolano Nicolás Maduro insiste en llevar a cabo elecciones presidenciales el 22 de abril a pesar de la condena de la OEA.   Ante ello, es necesario definir en la OEA medidas concretas sobre el régimen de Maduro y diseñar una estrategia para restaurar la democracia. Este debería ser tema de la Cumbre de las Américas en Lima en abril próximo.

El 23 de febrero, la OEA recuperó la iniciativa al adoptar una resolución que exhorta al gobierno venezolano a postergar las elecciones presidenciales del 22 de abril a fin de que ellas sean creíbles desde la perspectiva democrática. Exige elecciones creíbles y de acuerdo con patrones democráticos universales. Consideran, acertadamente, que es la única solución. La OEA sigue el dicho del Mayo francés: “seamos realistas; pidamos lo imposible”. ¿Por qué imposible?

Como hemos planteado antes (CARETAS 2483 - La OEA en su Laberinto ), elecciones democráticas en Venezuela hoy serían la derrota del régimen de Maduro. Consecuencia: sus integrantes serían  sometidos a la justicia por las graves irregularidades cometidas y las conductas delictivas que sustentan las sanciones aplicadas a funcionarios del régimen. Y, como es bien sabido, ningún régimen se suicida. Este ha sido el principal obstáculo para  celebrar elecciones democráticas; y lo seguirá siendo. ¿Cómo resolver este dilema?
Las opciones: caos o negociación

Veamos las opciones. Una es que, para evitar la cárcel, el régimen siga adelante con elecciones y Maduro sea reelegido. Deberá enfrentar, para ese momento, alrededor del 7.000% de inflación, una crisis humanitaria descontrolada, el colapso de los servicios públicos –incluyendo la reducción de la producción de petróleo– y un aislamiento internacional creciente. Los diversos grupos armados existentes en Venezuela permiten pensar que se acelerara la violencia. La crisis interna se ha convertido ya en una crisis regional que pone en peligro la paz y la seguridad del hemisferio. Un caos sangriento es una posibilidad cierta.

La otra opción es que la OEA, habiendo recuperado la iniciativa, reactive la Reunión de Consulta de cancilleres (RCC, que está abierta) y adopte medidas concretas. Entre ellas, que los Estados latinoamericanos apliquen similares sanciones a las adoptadas por EE.UU. y la Unión Europea y Estados Unidos las tantas veces mentadas sanciones petroleras (las más efectivas).

Estas medidas convencerían a Maduro y sus aliados de convocar a nuevas elecciones mientras,  simultáneamente, se negocia con ellos su asilo en países amigos que estuvieran dispuestos a recibirlos (la “hacienda en Cuba” mencionada por Tillerson). Este trabajo de filigrana podría ser encargado a Rodríguez Zapatero. Un gobierno de transición, con participación del chavismo democrático, sería el puente entre los asilos y las elecciones democráticas.

Paralelamente, la RCC coordinaría la constitución de un grupo de trabajo integrado por organismos internacionales para contemplar las medidas de emergencia que se deberían adoptar para confrontar la crisis de seguridad, humanitaria, productiva, económica y financiera que deberá resolver el nuevo gobierno que surja de elecciones democráticas.

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