Edición 2526: Jueves, 15 de Febrero de 2018

¿Ganará la Diplomacia la Olimpiada de PyeongChang?

Escribe: Carlos Alzamora* | “Trump acusó al gobierno surcoreano de ceder a una política de apaciguamiento, contraria a la de sanciones”.

Como ya es bien sabido, apenas enfriada la crisis de insultos y provocaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte, desatada por sus continuos ensayos nucleares y por las flamígeras declaraciones del presidente Trump, el presidente surcoreano Moon, demócrata, liberal y pacifista, convencido de que solo los Juegos Olímpicos de Invierno  aliviarían la grave tensión producida por esos choques, aprovechó el encuentro de diplomáticos de bajo nivel de ambas Coreas, que coordinaban detalles de la inminente Olimpiada, para proponer que los deportistas de ambos países desfilaran juntos bajo una bandera común. Sorpresivamente el líder norcoreano Kim Jong-un aceptó enseguida la propuesta, anunciando además que enviaría artistas, bandas de música e hinchas para realzar la histórica ocasión. Enfurecido por esta imprevista e impredecible tregua, el presidente Trump acusó al gobierno surcoreano de ceder a una política de apaciguamiento, contraria a la de sanciones que, a su iniciativa, ha impuesto a Norcorea la comunidad internacional en ejecución de la política de no proliferación nuclear.

Vale la pena recordar un poco ese proceso. Es, sin duda, Estados Unidos el que, aprovechando los experimentos de los científicos de la Alemania nazi, descubre el secreto atómico, que los esposos Rosemberg, al precio de sus vidas, consiguen trasmitir a la Unión Soviética, la que a su vez lo pasa a la China de Mao y esta a Paquistán, rival de la India que lo había recibido ya de Estados Unidos, conjuntamente con Inglaterra, Israel y la Sudáfrica del apartheid, mientras que De Gaulle lo lega a Francia, tras sus exitosas pruebas en el atolón de Mururoa, que llevan al gobierno militar peruano a romper relaciones con Francia ante el temor de que su continuación contamine las costas del Pacifico.

Cuando Iraq construye su primera planta nuclear, la aviación israelí la bombardea y destruye sin que la comunidad internacional abra la boca. Pero cuando Irán avanza su programa nuclear, que declara también de uso pacífico, el tino político y la habilidad diplomática del presidente Obama logran concertar un acuerdo internacional que previene y controla la producción de armas nucleares iraníes, celebrado acuerdo que el presidente Trump y el premier israelí Netanyahu se empeñan ahora en desconocer. En ese contexto histórico, Norcorea es el primer país en desarrollo que, por sus propios méritos y medios –cualquiera que sea el aporte de expertos ucranianos independientes bajo contrato, como se especula– ha logrado dotarse de un arsenal nuclear, que califica de defensivo, pero al que hoy se reconoce capaz de alcanzar no solo el Japón y Alaska sino también ciudades como Washington y Nueva York.

Pero  Kim Jong-un  lleva entonces la apuesta a su nivel diplomático más alto. Incluye en la delegación al Presidente de la Asamblea Nacional y a su hermana y consejera íntima, Kim Yo-jong, que se entrevista con el presidente Moon y le entrega una carta de su hermano invitándolo a reunirse con él en Pyongyang. En este favorable ambiente se inicia la Olimpiada, con un impresionante despliegue de la tecnología de punta surcoreana, que debe haber hecho pensar a Silicon Valley y también a Pyongyang en las ventajas de la colaboración. Una impresión que se llevan también los 92 países del mundo participantes y, a la vez, testigos de la entusiasta acogida popular que reciben las mutuas iniciativas de paz y reconciliación, a las que solo se oponen los sectores conservadores surcoreanos que acusan al presidente Moon de estar cayendo en una artera celada. Por su parte, el vicepresidente norteamericano Pence no pudo cumplir, en esa atmósfera, su previsto papel de aguafiestas, no obstante haber tenido el mal gusto de incluir en su comitiva, y tenerlos siempre a su lado, a los padres del joven estadounidense que permaneció detenido en Norcorea y falleció a poco de volver a Estados Unidos. Cayó mal también su oposición a que, al igual que los demás deportistas participantes, los norcoreanos recibieran el regalo de un celular que les ofrecía la firma Samsung, por considerarlo una violación de las sanciones.  Sus descortesías con Kim Yo-jong, explicables políticamente, chocaron también con la cultura surcoreana y sus refinadas maneras.

Pero queda por ver hasta dónde se conforma el presidente Trump con este estado de cosas, que amenaza complicar su estrategia con las dos Coreas, mientras que al Presidente Moon, sin duda entusiasta aunque cauteloso optimista con la proyectada entrevista y sus perspectivas, se le presentan opciones y alternativas difíciles de conciliar. Debe, en primer lugar, asegurar que el potencial nuclear de Norcorea no sea empleado contra su país. Debe seguir participando en las sanciones económicas aplicadas a Norcorea. Y debe  mantener su alianza estratégico militar con Estados Unidos y, a la vez, promover un diálogo entre Washington y Pyongyang capaz de conducir a la negociación que siempre ha estado en la base del problema y su solución. Una negociación que implique la renuncia a todo ataque nuclear preventivo, y la garantía de que Estados Unidos no ataque a Norcorea ni esta a Surcorea, el Japón y naturalmente a Estados Unidos. Pero ello implicaría también el reconocimiento de facto de Corea del Norte como potencia nuclear. Porque pretender que esta desmantele su poderío nuclear, alcanzado con tanto esfuerzo y sacrificio en un país pobre hasta la hambruna, es pedirle que renuncie a lo que estima la única carta que le asegura la sobrevivencia. ¿Pero está en las posibilidades políticas del presidente Trump, en su temperamento y su alta autoestima, llegar a esos extremos en aras de la paz e incluso la seguridad de su país? ¿Bastará la presión de las sanciones o se requerirá la racionalidad del entendimiento para resolver el problema, desde que la posibilidad de un ataque nuclear preventivo estadounidense parecería  descartada ante el peligro de una retaliación norcoreana? Es lo que nos dirá el inmediato y peligroso futuro de dudas e incertidumbre que se abre a los tres protagonistas pero también al mundo.

*Ex Embajador del Perú en los Estados Unidos.  

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