Edición 2517: Jueves, 7 de Diciembre de 2017

Honduras: Una elección trascendente

Escribe: Luis F. Jiménez |

Después de más de una semana de las elecciones presidenciales en Honduras, celebradas el 26 de noviembre, la autoridad electoral finalizó el escrutinio de los votos concediendo una mínima ventaja al presidente Juan Orlando Hernández que busca una controvertida reelección.

El Tribunal Supremo Electoral, sin embargo, no proclamó al nuevo presidente; recién lo hará después del plazo de 20 días para que se presenten las impugnaciones que se consideren pertinentes. Este es un valioso paréntesis que permitiría encontrar una salida.

El líder opositor, el mediático Salvador Nasralla, ha denunciado fraude cuando el conteo de votos se suspendió y se revirtió la tendencia que le daba la victoria. La “falla electrónica” y otras irregularidades impulsaron el avance de Hernández que pasó al frente. Muchos relacionan lo ocurrido con el depuesto Manuel Zelaya que hoy apoya a Nasralla.

La población, movilizada ante el voceado fraude electoral, provocó incidentes que fueron aprovechados por los violentos de siempre. Ya van siete muertos. El presidente Hernández declaró el estado de excepción y toque de queda. Una tensa calma se apodera momentáneamente de Honduras; de no resolverse el impasse, la explosión puede ocurrir en cualquier momento.

El batallón antimotines Cobra se negó a reprimir las protestas de la oposición. “Los políticos deben resolver sus problemas” dijo uno de sus líderes; “nosotros no vamos a reprimir al pueblo”.

Esta anómala situación tuvo lugar ante la vista y paciencia de los observadores electorales de la OEA y de la Unión Europea. Cabe preguntarse como es que ellos no advirtieron las dimensiones de la tormenta que se cernía sobre Honduras.

Después de un silencio que puso a todos nerviosos, la Misión de la OEA emitió, el 4 de diciembre, un Informe Preliminar una de cuyas conclusiones resume la dramática situación: “El estrecho margen de los resultados, así como las irregularidades, errores y problemas sistémicos que han rodeado esta elección no permiten a la Misión tener certeza sobre los resultados”.

En buen romance quiere decir que si no se resuelven satisfactoriamente las impugnaciones de la oposición en el plazo de 20 días (examinando las más de 5.000 actas controvertidas) y se llega a una solución mutuamente satisfactoria para las partes en pugna, deberán repetirse las elecciones. Que uno de los dos candidatos prevalezca sobre otro sin su aceptación, llevaría a Honduras a una inestabilidad política que es lo que se trata de evitar.

Imponer normas democráticas para la competencia electoral fue lo que se buscó con las observaciones que se iniciaron en Nicaragua y que llevaron al desplazamiento de los Sandinistas por doña Violeta. La transferencia pacífica del poder de un sector a otro fue un gran avance. También las observaciones buscaron superar anacrónicas divisiones entre izquierdas y derechas (hoy resucitadas por los bolivarianos) y contener la intervención de Estados Unidos en la política interna de los Estados.

Todo esto está en juego hoy en Honduras, en el marco del dramático fenómeno del narcotráfico, la violencia y las migraciones que se dirigen al norte en busca de paz y prosperidad. Toda América Central sufre el impacto y México siente la presión lo cual lleva, inevitablemente, a afectar la seguridad nacional de los Estados Unidos. Movimientos demasiado amplios para tratar de encapsular con un muro.

 

 

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