Christia Freeland, ministra de relaciones exteriores de Canadá, António Guetrres, Secretario General de las Naciones Unidas, y Ricardo Luna, canciller peruano, el jueves 26.
Christia Freeland, ministra de relaciones exteriores de Canadá, António Guetrres, Secretario General de las Naciones Unidas, y Ricardo Luna, canciller peruano, el jueves 26.
Edición 2512: Jueves, 2 de Noviembre de 2017

Venezuela: La Siria del Caribe

Por: Luis F. Jiménez | La decisión del Grupo de Lima de llevar el caso de Venezuela a NNUU debería hacerse evitado que se traduzca en un mayor apoyo de Rusia y China a Maduro.

Christia Freeland, ministra de relaciones exteriores de Canadá, António Guetrres, Secretario General de las Naciones Unidas, y Ricardo Luna, canciller peruano, el jueves 26.
Christia Freeland, ministra de relaciones exteriores de Canadá, António Guetrres, Secretario General de las Naciones Unidas, y Ricardo Luna, canciller peruano, el jueves 26.

La calificación de Venezuela como la “Siria del Caribe” es del analista Pedro Benítez, citado por Daniel Lozano en La Nación de Buenos Aires. Plantea una alianza de la Rusia de Putin con Maduro – el Bashar al Asad de Venezuela – con el apoyo parcial de China, único país que tiene las espaldas financieras como para apoyar el caos económico en que ha sumido el chavismo a Venezuela.

Este caos brinda también la posibilidad de hacer “buenos negocios” en materia energética y minera con un país quebrado y al borde permanente de la cesación de pagos. Y así avanzar en el campo geoestratégico que es la obsesión del moderno zar.

Afirmarse en Venezuela se complementa con el apoyo en Cuba y Nicaragua. El símil de Siria se completa con la tradicional relación de Venezuela con Irán que ha brindado a Maduro permanente cooperación.

UNA BASE INSTITUCIONAL
Este cuadro inquietante se completa con la posibilidad anunciada por Perú de llevar la crisis venezolana al ámbito de las Naciones Unidas. Esta movida podría dar a Rusia y China una base institucional más sólida en el ámbito internacional para operar sobre Venezuela.  De concretarse esta posibilidad –para actuar sobre la crisis humanitaria y las violaciones a los derechos humanos– sería un rotundo fracaso hemisférico para Estados Unidos. Este fracaso sería más patente con la desaparición de la OEA tal como la conocimos.

Con deficiencias y graves errores (CARETAS 2337) la OEA avanzó muchos de los temas importantes: la promoción y defensa de los derechos humanos, el avance de la democracia, el combate contra el tráfico y consumo de drogas, el desarrollo integral y la superación de la pobreza y el combate contra la corrupción. La OEA podría haber jugado un papel relevante en reintegrar a Cuba a la comunidad hemisférica.   NNUU no debería intervenir cuando un organismo regional se está ocupando de una crisis. Especialmente cuando la situación desborda la frontera de Venezuela y la convierte progresivamente en una amenaza a la paz regional.

Troika de cuidado: Maduro, Jinping y Putin.
Troika de cuidado: Maduro, Jinping y Putin.

LAS RESPONSABILIDADES
La OEA llega a este punto después de un largo proceso en el que fue perdiendo capacidad de influir en las decisiones de un gobierno venezolano que escudaba en el seno de la OEA, con la ayuda de su diplomacia petrolera, sus violaciones a los derechos humanos y a la convivencia democrática.  Existe una clara responsabilidad de los Estados al haber ignorado los hechos que llevaron a la crisis humanitaria, política y económica que afecta Venezuela.  Los sobornos petroleros blindaron al chavismo.

Existió, también, una responsabilidad del Secretario General Luis Almagro que no acaba de comprender el papel del secretario general y la importancia que debe conceder a las posiciones de los Estados con quienes debe mantener un diálogo permanente y fluido. Los valores que fundamentan la OEA, para ser puestos en práctica, requieren delicados equilibrios y asumir compromisos, a veces desagradables. Eso no se logra cuando se convierte a la Secretaría General –y a la larga a la OEA- en un apéndice de la oposición política venezolana. El papel de la OEA es otro. Estas incomprensiones lanzan a los Estados hacia NNUU, lo cual le concede una palanca adicional a Rusia y China.

Los Estados que buscan restablecer el orden democrático en Venezuela deben persuadir a los caribeños para actuar en consecuencia y estimular a los europeos que consideren sanciones similares a las de EE.UU. y Canadá, mientras revalorizan el papel del sistema interamericano de derechos humanos y apoyan los valores democráticos de todos los sectores políticos venezolanos. 

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