Edición 2510: Jueves, 19 de Octubre de 2017

Entre Tumán y Cataluña

Un verdadero desmadre judicial, eso es lo que viene sucediendo en Tumán, el complejo agroindustrial del norte del país. Según ha trascendido, habría varios jueces que han acogido pedidos diferentes de similar número de interesados para resolver una misma cuestión. Distintas soluciones para un solo problema. El típico pleito peruano: cada parte ha escogido un juez que le da la razón. Quién puede comprender tamaño desorden.

Se trata de una controversia que tiene más de dos décadas de existencia, que involucra intereses empresariales, deudas reconocidas y transferidas, trabajadores que se resisten con huelgas, y estado de emergencia declarado para la zona por el gobierno, que acaba de ser prorrogado.

Otro mayúsculo despropósito institucional, guardando las proporciones, viene ocurriendo en Barcelona. El mundo está siendo testigo de decisiones contradictorias, todas teñidas de legalidad, no obstante que regulan exactamente lo contrario sobre el mismo tema.  Mientras quienes persiguen la independencia de Cataluña invocan tener derecho, por sí y ante sí, por su sola voluntad unilateral, acompañada de mucha fanfarria mediática, a separarse de España, el gobierno nacional, fundado en la legalidad constitucional aprobada por todo el pueblo español, de otro lado, señala que tal pretensión no es posible aceptarse, simplemente.

Otra vez: quién, ya no solo en España, sino en cualquier parte del mundo, puede comprender mayor contradicción.

Hay algo –de suyo importante, por cierto- que no está funcionando. En uno y otro caso, entre Tumán y Cataluña,  aun cuando exista el Océano Atlántico de distancia, se trata, finalmente, de la legalidad y de la manera de entenderla.

Escojo Tumán (donde hay jueces venales) para hablar de Cataluña: ¿Cómo puede entenderse que una autoridad regional como la de Barcelona desconozca la Constitución española que juró cumplir y pretenda declararse independiente por su sola voluntad?

Pareciera, entonces, que ha llegado el momento de preguntarnos hasta dónde las instituciones están organizadas para funcionar con todo su vigor y eficacia en estos tiempos de comunicación globalizada, caóticas redes sociales y franco espíritu de desobediencia.

No tengo respuestas, solo preguntas.

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