Edición 2487: Jueves, 11 de Mayo de 2017

Venezuela: Nerón

Escribe: Luis F. Jiménez | Maduro: se le acaba el tiempo. Régimen venezolano incendia la pradera en su intento por perpetuarse en el poder.

El ministro de Relaciones Exteriores Ricardo Luna participa de las discretas pero angustiantes negociaciones para encontrar una solución pacífica a la grave crisis política de Venezuela. El Perú y diez países latinamericanos exhortaron la semana al régimen de Nicolás Maduro a  cesar la represión y emprender el camino del diálogo. Se propuso tres medidas que ayudarían a recuperar la confianza:  la inmediata liberación de los presos políticos, la instauración de la Asamblea Nacional y la disolución de la Asamblea Constituyente. El régimen chavista pierde respaldo internacional a galope. El heroismo de los venezolanos es conmovedor.  

La historia ha inmortalizado la imagen del emperador Nerón tocando el arpa mientras ardía la Roma que había ordenado quemar para culpar a los cristianos. La imagen actual es la de Nicolás Maduro, que ante la autodestrucción de su régimen, incendia Venezuela para culpar a los opositores y al imperio y escapar de la cárcel.

Canciller peruano Ricardo Luna: discretas y angustiantes negociaciones.
Canciller peruano Ricardo Luna: discretas y angustiantes negociaciones.
LA REALIDAD “PURA Y DURA”
La dinámica del proceso desatado por la ineptitud, corrupción y violencia del régimen seguirá su curso ineluctable:

  • las protestas populares son cada vez más numerosas debido a la violencia con que el gobierno trata de reprimirlas;
  • la condena internacional es cada vez más clara;
  • ya van 37 (o 42) muertos, según la fuente; 717 heridos y 1,600 detenidos;
  • las condiciones humanitarias son escalofriantes, pues confluyen la necesidad de comer basura y carecer de medicinas para curarse;
  • los saqueos se generalizan con la represión consiguiente;
  • las reservas (oro y dólares) ya son exiguas y se contempla la posible cesación de pagos (default) en cualquier momento;
  • senadores estadounidenses examinan la garantía de acciones de CITGO a préstamo de la sancionada petrolera rusa Rosneft, última fuente de “asistencia” económica a Maduro;
  • el apoyo de la Fuerza Armada y la Policía se cuestiona;
  • solo Maduro puede creer que una nueva Constitución resuelve la crisis; por el contrario, la incrementa.

Su aprobación asciende al 10,9%; el rechazo al 85%.

Este proceso no tiene retorno. La Fuerza Armada y los grupos económicos beneficiarios del régimen deberían tener clara conciencia de que se acabó. Y de que puede terminar en un colapso con violencia generalizada o en un proceso relativamente ordenado.

Miles de mujeres marcharon en una nueva oleada de protestas exigiendo democracia en Venezuela.
Miles de mujeres marcharon en una nueva oleada de protestas exigiendo democracia en Venezuela.

El tiempo de irse ha llegado, porque de quedarse en Venezuela, Maduro sabe que lo espera la cárcel. A él, a su esposa y a sus allegados. En el mejor de los casos. De ocurrir el colapso, otros resumen el futuro de Maduro en imágenes: la de Manuel Antonio Noriega, la de Muamar Gadafi o la del matrimonio Ceausescu. Nada de esto es deseable y Maduro debiera evitarlo a toda costa.

Para ello, el presidente venezolano debería canalizar el proceso hacia un final democrático y electoral que, a decir de la senadora uruguaya conservadora Verónica Alonso, incluya un “salvoconducto” para él y sus allegados.

¿COMO HACERLO?
Después del fracaso de la CELAC y del poco creíble llamado del Papa a “tender puentes”, Maduro debería aprovechar la reunión de consulta (RC) de cancilleres convocada en el seno de la OEA para negociar su salida de Venezuela (Cuba podría ser un buen destino), y dejar establecido un breve régimen de transición en el que se produzca un sinceramiento político, con la participación de todos los sectores de la política venezolana –incluido un Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) democrático–, y que desemboque en elecciones libres y democráticas bajo supervisión internacional.

Leer: La OEA en su Laberinto 

Al respecto, señalamos en CARETAS 2486 (Papa caliente. Entre la revolución y el caos) que “el problema principal es persuadir al gobierno venezolano de la conveniencia de participar en la RC a fin de negociar con ella y con la oposición las condiciones que permitan estabilizar la situación y reforzar la democracia y la vigencia de los derechos humanos para impedir el colapso de la sociedad venezolana, algo tan inevitable como inconveniente.

Esta tarea deberá asumirla una directiva de la RC que tendrá que conjugar una capacidad de diálogo con el gobierno venezolano, con una firmeza en lo que respecta a los valores democráticos. Esta característica, difícil de conseguir, parece ser la que reúnen Chile, El Salvador y Barbados (o Jamaica) para la presidencia y las dos vicepresidencias, respectivamente, que actuarían con el apoyo del secretario general adjunto”.

La RC debería, además, sentar las bases institucionales para encarar los graves problemas económicos y financieros que deja el régimen (FMI, BM, BID) y la estructura que tendrá que canalizar la ayuda internacional masiva requerida para superar la grave crisis humanitaria que afecta hoy a Venezuela (PAHO, OMS, FAO).

La ONU podría concurrir con su experiencia para responder a los serios requerimientos de seguridad de la sociedad venezolana. Debe recordarse al respecto que, además de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, existen los “colectivos armados”, que fueron grupos paramilitares creados por Chávez, y las milicias –civiles armados–, cuyo número Maduro acaba de anunciar que elevará de 100.000 a 500.000. A ellos hay que sumar el crimen organizado (delincuencia común y narcotráfico).

A los cancilleres les espera un arduo, aunque estimulante, trabajo. Estabilizar Venezuela es fundamental para continuar avanzando en los demás asuntos que debe encarar el hemisferio, pues todo él sería afectado por el colapso venezolano.

Todos los cancilleres tienen una función crítica que desempeñar, un desafío de alta política internacional. La capacidad de cada quien quedará demostrada el 22 de mayo, cuando se realice la primera reunión de consulta sobre Venezuela.


Farsa Constitucional 

El callejón sin salida de Maduro.

La Constitución venezolana contempla la sustitución de algunas de sus normas sin modificar “la estructura y principios fundamentales del texto constitucional” (artículo 342). Los dos artículos siguientes establecen la manera en la que esta reforma constitucional será tramitada por la Asamblea Nacional (AN) y cómo el proyecto aprobado por la AN se someterá a un referendo popular. 

Nicolás Maduro citó el artículo 347 que establece que el pueblo “es el depositario del poder constituyente originario” y “puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”. Maduro anunció que, en virtud del artículo 348, tomaba la iniciativa de convocar a una Asamblea Constituyente en los términos del artículo 347.

Los lineamientos que expuso fueron fuertemente criticados por constitucionalistas y políticos, pues no consideran la elección universal de los constituyentes, sino que ellos serían elegidos de manera sectorial o geográfica y el 50% sería designado por el Poder Ejecutivo. Sus ataques a los partidos políticos, a las élites y a la AN completaron su retórica incendiaria. No le concede ninguna participación a la Asamblea ni contempla un referendo popular.

No es por ello de extrañar que la oposición haya considerado inconstitucional la convocatoria y que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no concurriera a la reunión convocada por el gobierno para evaluar la propuesta de Maduro. La iniciativa del Presidente ha sido calificada por connotados políticos como “locura”, “estafa”, “payasada”, “fraude”.

Tanto la ausencia de un procedimiento en la Constitución para elaborar el nuevo texto, como la polarización política y retórica que caracterizan el escenario venezolano, hacen que la convocatoria de Maduro sea un callejón sin salida que no resuelve la crisis sino que la acrecienta.

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