Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se reunió con Luis Almagro, secretario general de la OEA.
Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se reunió con Luis Almagro, secretario general de la OEA.
Edición 2483: Miércoles, 12 de Abril de 2017

La OEA en su Laberinto

Escribe: Luis F. Jiménez | Países hemisféricos barajan aternativas diplomáticas a la profunda crisis política y humanitaria de Venezuela.

Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se reunió con Luis Almagro, secretario general de la OEA.
Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se reunió con Luis Almagro, secretario general de la OEA.

Venezuela y la OEA comparten una situación insostenible: están en un laberinto y no encuentran la salida.

La solución es persuadir al gobierno venezolano que debe facilitar una transición ordenada antes de que ocurra el inevitable colapso.

Quienes apoyan a Venezuela (ver aparte) deberían considerar un posible período poschavista y contribuir a una transición ordenada hacia él.

El canciller peruano abrió la puerta del laberinto: consideró que debe convocarse una Reunión de Consulta de Cancilleres prevista en la Carta de la OEA.

Leer: La OEA y Venezuela ¿Qué pasa?

El 7 de abril se reunieron los cancilleres del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y los de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) para reforzar los mecanismos del comercio entre ambas instituciones. Los cancilleres dialogaron también sobre “alternativas diplomáticas” ante la situación en Venezuela. La OEA había declarado el lunes 3 de abril que en este país se había producido “una grave alteración inconstitucional”. Desde Buenos Aires, el canciller peruano propuso convocar a una Reunión de Consulta de Cancilleres.

La contradicciones de la OEA
La OEA recoge la vocación hemisférica de superar los gravísimos problemas de Venezuela a través de un diálogo que lleve a celebrar elecciones generales. Esta aspiración condujo a poner en práctica, en el marco de Unasur, un proceso de diálogo al que se sumó luego el Vaticano. El diálogo tenía fallas cruciales y el consenso es que fracasó; sus acuerdos no fueron puestos en práctica. Faltó un mediador pues el gobierno solo quiso “acompañantes”. El aspecto central del diálogo fue llegar a las elecciones; no lo logró.

Cabe preguntarse si es realista exigir, de la noche a la mañana, elecciones en Venezuela. Con un apoyo del 20% de la población, que Maduro acepte celebrar elecciones es, simplemente, un suicidio. Y ningún gobierno se suicida. Menos aún si existen alegaciones creíbles sobre inmensos negociados de corrupción y una penetración del narcotráfico hasta los más elevados niveles del gobierno. Esta es la realidad que traba el proceso.

La primera gran tarea de los cancilleres será persuadir al gobierno de Venezuela que participe en la Reunión de Consulta (RC) y que abandone su atrincheramiento con el afán de jugarse el todo por el todo. El gobierno sabe que es grande y cuenta con que muchos perderán si él colapsa. Juega al borde del abismo. La apuesta, sin embargo, no es sostenible y la RC deberá dialogar con el gobierno para encontrar las salidas.

La experiencia indica que:
1) Acierta el canciller peruano al insistir en no abandonar la exigencia del diálogo y las elecciones. Son la única manera civilizada de resolver los problemas para evitar el colapso de Venezuela que no ayuda a nadie y perjudica a todos.
2) La RC debería:
a) Lograr que el gobierno venezolano avance a través del diálogo retomándolo en el punto en que se suspendió y reemplazar a los tres ex presidentes por su directiva;  
b) Conversar con los apoyos de Maduro (Rusia, China, Cuba, Irán) para que ayuden a evitar el colapso de la sociedad venezolana; y
c) Emplear los recursos diplomáticos necesarios (asilos) para remover de manera pacífica las resistencias al interior de Venezuela para celebrar elecciones en un plazo prudencial, con supervisión internacional, precedido por un período de sinceramiento político en el cual participe un PSUV democrático.
3) Siente las bases de la estructura que canalice la ayuda internacional masiva requerida para superar los graves problemas humanitarios, financieros y productivos que afectan a la sociedad venezolana.   

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