Embajada del Perú en La Habana fue tomada por 120 mil cubanos que demandaban asilo político en el Perú.
Embajada del Perú en La Habana fue tomada por 120 mil cubanos que demandaban asilo político en el Perú.
Edición 2465: Jueves, 1 de Diciembre de 2016

A Puertas Cerradas

Por: Embajador Ernesto Pinto Bazurco | Entretelones de la diplomacia peruana en Cuba durante el régimen de Fidel Castro.

Embajada del Perú en La Habana fue tomada por 120 mil cubanos que demandaban asilo político en el Perú.
Embajada del Perú en La Habana fue tomada por 120 mil cubanos que demandaban asilo político en el Perú.

Mi primer encuentro con Fidel Castro fue hace cuarenta años, durante una visita oficial que realizara  a La Habana por encargo de las Naciones Unidas y su Comité Especial contra el Apartheid.  Entonces Cuba tenía vasta presencia en África y abogaba, por intereses hegemónicos de la Unión Soviética, por desestabilizar el régimen racista de Pretoria.  Castro  en larguísimo discurso habló contra la discriminación racial. Yo le dije  que más importante que erradicar el apartheid era abolir la pena de muerte  extendida en Cuba. Castro me fusiló con la mirada.

Dos años después, en abril de 1978, fui trasladado desde mi puesto en la Representación ante la ONU a Cuba. El encargo era normalizar las relaciones diplomáticas a nivel de embajadores. De hecho Castro había retirado de Lima a su embajador.  A las pocas horas de haber llegado a La Habana tuve un encuentro con Castro, quien  —con su memoria privilegiada— recordó mi posición sobre la pena de muerte. Me explicó entonces que ya no se realizaban ejecuciones en Cuba, salvo casos muy excepcionales de traición a la patria, y accedió,  finalmente, a conceder lo que le pedí.

El tercer encuentro importante fue el 4 de abril de 1980. Fue en circunstancias verdaderamente apremiantes. Estaba yo como Jefe de la Misión Diplomática peruana en La Habana. Decidí, de acuerdo a lo que establecía la Constitución de 1979, y acorde a mis convicciones, dar protección a  cubanos que habían sido objeto de persecución.  La  negociación duro más de cuatro horas. Logré que  Castro se deshiciera de los consejos de su entorno. Finalmente optó por garantizar la vida e integridad física de todos los ingresantes a la embajada y otorgar los salvoconductos para la salida de Cuba de cerca de 120 mil cubanos. El caso de protección diplomática más grande del Mundo.

Como nací en una familia binacional de padres cuyos gobiernos se habían declarado enemigos, aprendí muy joven el relativismo de la enemistad.  Castro fue un adversario, digno –ni amigo como tampoco enemigo–  a quien pude convencer de que los intereses legítimos del Perú podían coincidir con los derechos de su pueblo.

Hoy puedo decir que cumpli con lo que prometi. Revelar  las conversaciones solo después de su muerte. Pronto aparecerá mi libro con los diálogos con Castro.