(Foto: EFE)
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Edición 2457: Jueves, 6 de Octubre de 2016

Colombia La Paz Esquiva

Más de 200,000 muertos y 6 millones de desplazados ha generado la guerra en Colombia . El dramático triunfo del NO en el plebiscito colombiano sobre el Acuerdo de Paz en Colombia por 50,2% contra 49,7% sume en un limbo jurídico lo pactado.

(Foto: EFE)
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El resultado del plebiscito es analizado para CARETAS por el el ex Comandante General del Ejército, Otto Guibovich y el expresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, Diego García Sayán. Los acuerdos de amnistía y beneficios políticos y penales, en el marco de la justicia transicional del Acuerdo de Paz, se basaron en la jurisprudencia establecida por el voto concurrente de García Sayán en la sentencia del Caso Mozote vs. El Salvador, en el 2012. A pesar de sus marcadas diferencias, ambos analistas apuestan por la paz.
 


 

La Pax Colombiana

Escribe: Otto Guibovich A.

 

 

 

Antecedentes

Según el historiador Martin A. Cagliani, en los ultimos 5,000 años de historia de la humanidad solo hubo alrededor de 900 años de paz, con el agregado que en el interguerra el hombre se preparaba para la siguiente.

Es la paz un gran deseo del ser humano y ha sido siempre perseguida. Shalom, salaam, la paz esté contigo, vaya en paz, dense la paz, paz y prosperidad, son algunas de las palabras y aforismos que se han hecho cultura en nuestras vidas, a pesar de sentencias como las de Hobbes: que el hombre es egoista y vive un estado permanente de guerra.

General Guibovich: “Las FARC llevaba plomo en el ala”
General Guibovich: “Las FARC llevaba plomo en el ala”
Pax (paz en latín), se empleó por vez primera para describir la Pax Romana o el periodo de 200 años posteriores al asesinato de Julio César (44 AC) que se caracterizó por una estabilidad interna y externa la misma que favoreció a las ciencias y humanidades como al comercio y la economía. Hubo periodos cortos de Pax Britanica, Pax Hispanica, siempre en el sentido de estabilidad periódica interna y externa

Si bien la paz es posible, alcanzarla es un camino complejo. El siglo XX rico en desarrollo de ciencia y tecnología, resultó el más violento de la historia de la humanidad. Se estima en 187 millones las muertes y al final de la guerra fria cuando Fukuyama vaticinaba el fin las guerras ideológicas, aparecieron las guerras étnicas y se entronizó el terrorismo. La paz absoluta casi no existe.

 

 

 

 

La Negociaciones

Colombia ha soportado más de cincuenta años de guerra contra grupos irregulares, algunos desaparecidos, otros reinsertados en la arena política y sin duda las FARC han sido las más cruentas. Consideradas como organización terrorista y uno de los princiipales carteles de la droga del mundo, desarrollaron una estrategia de “guerra prolongada” basada en el desgaste y resquebrajamiento de la unidad y la moral nacional. Sendos intentos de paz fracasaron precisamente por estrategias de engaño de las FARC, pues casi siempre estas, buscaron cambiar tiempo por espacios geográficos o cedieron espacios para ganar tiempo y reconstituírse.

Las negociaciones no han sido precisamente una fortaleza del estado colombiano o recordemos como el gobierno del expresidente Gaviria transó acuerdos y concesiones con Pablo Escobar el narcoterrorista que voluntariamente fue a una cárcel construida por él y para él, con seguridad propia y obviamente huyó cuando quiso huir. Otra negociación fallida fue la desmilitarización de El Caguán con el presidente Pastrana que las FARC burlaron por ser burlables y su intención verdadera no era la paz..

Lo anterior demuestra cuan complejo puede ser la negociación de buena fe con organizaciones o personajes cuya credibilidad es nula. El reciente proceso de paz, fue largo y las concesiones muchas para quienes asesinaron, secuestraron, violaron, traficaron con drogas, etc, haciendo del país vecino en muchas etapas, un estado cuasi fallido. Pero admitamos que solo reunirse con terroristas en una mesa, demanda una alta dosis de coraje moral; es como cenar frente a los asesinos de un hermano o de tu padre.

Más de 200,000 muertos y 6 millones de desplazados ha generado la guerra en Colombia.
Más de 200,000 muertos y 6 millones de desplazados ha generado la guerra en Colombia.

 

 

 

 

ERRORES Y ACIERTOS

Desde lejos y con respeto por las decisiones soberanas, se puede analizar con menos carga emocional lo sucedido y como llegaron a un acuerdo firmado con pompa sin tener la certeza que la nación la validaría en plebiscito. Demasiadas certezas de los negociadores en un mar de incertidumbres de la nación colombiana que habria preferido se le consulte antes de cualquier firma.

Dos errores estratégicos sobresalen nítidamente en este proceso. Primero, con quien y cuando negocias y segundo, donde negocias.

Leer: Más Coincidencias de las que Parece de Diego García Sayán

Si las FARC estaban golpeadas y llevaban “plomo en el ala”, no era el momento para que el estado pida o acepte negociaciones que conlleve concesiones de la magnitud de las pretendidas y que la mayoría de colombianos ha cuestionado. Los principales cabecillas históricos habian caído, las deserciones crecían, la tecnologia permitia seguirlos como nunca antes y la construccion de liderazgos nuevos era difícil de arraigar para dirigir columnas dispersas, clandestinas y en jaque permanente.

Claro, las concesiones pueden sonar mejor que los balazos en la selva y valen mucho mas que la muerte de inocentes y aun culpables, pero el proceso puso al cruento terrorismo en posición de reclamarle al estado saboteado por décadas, todo lo que pudo. Después de todo, quien pide poco es un loco. Hay tiempo para pelear y hay tiempo para amistar pero es fundamental elegir cuando es la oportunidad estratégica.

Un ejemplo de oportunidad estratégica bien aprovechada se dio en nuestro país con la Ley de Arrepentimiento en la década de 1990, luego de la captura del terrorista (a) ‘Gonzalo’. La oportunidad sicológica se transformó en oportunidad estratégica y como resultado la cantidad de arrepentidos adelgazó severamente las huestes terroristas.

Si las FARC son una organización narcoterrorista y el estado colombiano permitió que se negocie bajo el mandato del artículo 3 común de los Convenios de Ginebra, automáticamente le brindó la legitimidad que como organización no la tenía. Posiblemente esta fue la madre de las concesiones a partir de la cual, exigieron las restantes.

Presidente Santos abre la cancha. ‘Timochenko’: “Las FARC mantienen su voluntad de paz”. (Foto: EFE)
Presidente Santos abre la cancha. ‘Timochenko’: “Las FARC mantienen su voluntad de paz”. (Foto: EFE)


Donde negociar, es muy importante y Colombia aceptó realizarlas en La Habana. No es secreto cuan responsable es el Castrismo en la destrucción de la estabilidad social en Latinoamerica desde 1959. ‘Tupamarus’, ‘Emerretistas’, ‘Miristas’ y un pléyade de movimientos denominados revolucionarios desde Mexico hasta Chile, buscaron el poder por la vía armada, generando en respuesta golpes de estado y militarismos, agudizando los problemas.

Cuba fue el eslabón del comunismo soviético en Latinoamérica. La lucha de clases para tomar el poder vía las armas fue el gran negocio político por décadas. Centenares de miles de muertes son parte de la historia de violencia absurda sin que los revolucionarios puedan hacerse del poder salvo alguna excepción, pero el daño causado fue muy grande y sin responsables a la fecha.

De otro lado, Venezuela apoya a las FARC desde la época de Chávez con logística y cobijo en su territorio como lo delatan documentos capturados. A su vez miles de cubanos apoyan y sostienen al régimen de Maduro dentro y fuera de Venezuela y desde el país llanero se provee petroleo que alivia las agudas necesidades cubanas, es decir Cuba y Venezuela son socios estratégicos.

Por si fuese poco, Colombia mantiene diferencias territoriales con Venezuela en estado latente y con intereses nacionales en rumbo de colisión. Se puede creer en la buena fe y amistad de las personas pero los estados no tienen amigos, sino intereses cual lo sentenció el canciller británico Lord Palmerston en el siglo XIX.

Adicionalmente, la inteligencia cubana es una de las más competentes de la región y es imposible que haya estado inactiva durante el proceso, como es imposible que haya buscado ayudar a Colombia. Por ello y mucho mas, negociar en La Habana fue un error estratégico.

También hay aciertos y pueden mencionarse algunos: Santos y el congreso pudieron sellar los acuerdos sin necesidad de plebiscito según las leyes colombianas y ha sido un acierto llamar a consulta popular y correr el destino que corrieron. Contrario a lo que se cree, Colombia puede haber encontrado el hilo que la conduzca a la madeja de la paz, pues hoy tienen que tomarse en consideración otras opiniones y no solo las de los negociadores o recibir el consejo noruego y cubano. El pueblo ha dicho su voz fuerte y clara

A pesar que pudo elegirse un mejor momento y lugar, es también un acierto que se intente y busque la paz por enésima vez y persevere en el objetivo a pesar de la traición con que las FARC respondieron en el pasado. Esa nueva oportunidad que buscan los colombianos lo entienden ellos mejor que nadie. Nuestros juicios de valor no pueden hacerse comparando estrictamente con nuestra visión del terrorismo en el Perú.

Cualquier intento de las FARC por continuar con la violencia tendrá otras dificultades. Las negociaciones en cierta forma puso al descubierto aspectos propios que la fuerza pública habrá tomado nota. A su debilitamiento militar y descrédito por los secuestros, asesinatos y alianza con el narcotráfico se suma la situación interna que la prolongada negociación y expectativas creadas puede haber debilitado en su espíritu de lucha. Sería la poderosa razón por la cual (a) Timochenko expresó su propósito de seguir buscando la paz luego de perder el plebiscito

Haciendo la salvedad de sus alcances, la llamada Justicia Transicional debe considerarse dentro de los aciertos de las negociaciones si es que se pretende encontrar la reconciliacion. El problema esta en los extremos a los que las FARC han empujado este mecanismo especial y extraordinario. Pero el hecho de crear un mecanismo judicial diferente del ordinario puede ayudar a encontrar más rápidamente la verdad y sobre todo facilitar la reconcoiliación. No es malo per se, sino cuanto cedió el estado en este primer intento.

Estudiantes universitarios se concentraron, dos días antes del plebiscito, en el Parque de los Periodistas a favor del ‘Sí’. (Foto: EFE)
Estudiantes universitarios se concentraron, dos días antes del plebiscito, en el Parque de los Periodistas a favor del ‘Sí’. (Foto: EFE)

 

 

 

 

MANIPULACIÓN Y MEDIAS VERDADES

Empecemos considerando la pregunta planteada para el plebiscito:
“¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. Analistas de la BBC de Londres entre otros consideran que el lenguaje en la pregunta es sesgado y la pregunta manipulativa. En efecto, si la paz es un bien preciado, nadie puede negarse a una estable y duradera, pero ello esta en el reino del futuro y hasta en el de la utopía. La mayoría colombiana no se comió el cuento.

Otra frase de cliché fue: “Este acuerdo cambiará la política”, suena verdadero y promisorio, sin embargo el cambio puede ser positivo o negativo y si las FARC se formalizan como un partido político, ¿quiénes serán sus aliados y soporte?, no hay ninguna duda que los bolivarianos, el castrismo, el orteguismo y todos los comunistas supérstite de la región, e internamente aquellos que siguen soñando con el paraíso (perdido) comunista.

“El acuerdo es de beneficio general para la sociedad”, nadie podría negar que la paz es positiva para toda nación, sin embargo un acuerdo con tantas concesiones pone en cuestión el propio estado de derecho colombiano que por mas de cinco décadas se mantuvo a pie firme a pesar del jaque terrorista de las FARC y el narcotráfico. La sociedad colombiana se ha pronunciado y si bien el margen es pequeño, demuestra que los colombianos valoran y creen firmemente en el estado de derecho.

“Es mejor tenerlos haciendo política que matando en las selvas“, suena exquisito, pero si la lucha en las selvas siguen siendo funcional al narcotráfico, no va a terminar. No es pues es una verdad concluyente. Más aun si unos 600 no se desmovilizarán, las FARC guardarán una reserva para “contingencias” y lo más probable es que hagan política y la violencia siga en las montañas

En poco mas de cincuenta años Colombia sufrió más de 270 mil muertes (cifra que sigue variando), 27 mil habrian desaparecido, mas de seis millones fueron desplazados, miles de niñas y niños fueron secuestrados, etc. Casi el 85% de estas victimas fueron civiles. No puede Colombia ser indulgente con el terrorismo por más que se maquillen y juren abrazar la democracia con frases edulcoradas para cada ocasión. Indudablemente es mejor un tiempo de paz que uno de guerra y como diria postplebiscito un politico del hermano país: “paz si, pero no asi”

 

 

 

 

LAS CONCESIONES

Que 16 circunscripciones territoriales puedan elegir diputados o representantes solo entre miembros de las FARC equivalía a concederles zonas liberadas por las que lucharon los terroristas. Es cierto que fueron muchas las zonas controladas por las FARC pero nunca lograron liberarlas en tanto los sucesivos gobiernos colombianos podían acceder con la fuerza pública. Aquí las FARC ganaban lo que no pudieron por las armas.

Si soberanía es la condición de ejercicio del poder en todos los espacios del territorio, el gobierno colombiano, según lo anterior, habría aceptado abdicar de su mandato constitucional cediéndole esta prerrogativa a una organización y bien puede terminar en manos del narcotráfico.

Diputados y representantes mas delegados en el congreso, rompiendo los patrones de una democracia que a pesar de los avatares en mas de medio siglo nunca claudicó, era demasiado castigo para un país sediento de paz pero con claridad por el estado de derecho.

Si en Venezuela, Chávez tomó el poder usando la democracia y luego impuso su llamado Socialismo del Siglo XXI adueñándose del poder, ¿para que desgastarse en las montañas o selvas si la lucha política te puede llevar al poder? Después de todo, la guerra de las FARC es por el poder y si la democracia boba te lo permite, no van a dudar de la oportunidad.

 

 

 

 

LECCIONES A APRENDER

La primera gran lección por aprender es la forma como los colombianos han internalizado el valor de sus instituciones. Jaqueados al extremo, jamás renunciaron a la democracia y su respeto por el estado de derecho no reparó en frases de cliché o en la pompa de la firma de acuerdos. Primero, el estado de derecho.

La paz añorada puede estar a la vuelta de la esquina pero no será por imposición de cláusulas vergonzantes que terminaron por exacerbar a la población. La voracidad farquiana autodevoró la oportunidad de una salida honrosa. Ni en sus sueños de la montaña habrían imaginado lograr lo que estaban a punto de hacerlo. Demasiado lejos, demasiado fácil.

La geografía colombiana tiene parecido en alguna extensión con la peruana. Agreste, partida por cordilleras, selvas densas difíciles de penetrar. La falta de control territorial efectivo, permitió que se incube y desarrolle un movimiento terrorista que en su mejor momento logró contar con veinte mil integrantes en activo. Espacio que abandonas, espacio que alguien lo toma, normalmente el crimen o los socios de este.

Sea cual fuere el destino de las FARC, debemos tomar precauciones pues las formas de vida de muchos montunos no calzará en ningún esquema de paz si se consolida. Los sembríos de coca en las riberas del Putumayo –que deben erradicarse sin más- fueron promovidos desde el otro lado, existe por tanto el riesgo que el narcotráfico y la violencia puedan mudarse a alguna parte del país.

Cualquier negociación de paz debe efectuarse bajo el respaldo de una fuerza pública capaz de garantizar la soberanía nacional. Las FARC saben que el estado colombiano hizo lo correcto en invertir en seguridad como primera prioridad. Los frutos se ven hoy con una Colombia pujante a pesar de rezagos del terrorismo.

Cuando se haga realidad la Pax Colombiana, prestemos especial atención a ese gran país. Con casi cincuenta millones de habitantes, dos océanos que es el sueño de cualquier país con aspiraciones de potencia, una capital en elheartland del territorio, descentralización marcada con polos de desarrollo diversos y muchos otros factores que la hacen muy competitiva. Colombia está llamada a ser una de las potencias de Latinoamérica.

Pero, digamos que la paz es una conquista laboriosa y que las negociaciones equivalen a ceder y recibir. Nunca al extremo que el vencido salga o al menos parezca vencedor. Si las FARC desean incursionar en la vida política, habrán de empezar pensando en el peso que tiene para los colombianos el estado de derecho y consiguientemente como logran insertarse en él. El estado puede ser un facilitador de este proceso pero no el concesionario de atribuciones que lleven a las FARC directamente al poder en el congreso y más tarde en el ejecutivo.

Clausewitz sostuvo que la guerra es la continuación de la política por otros medios en tanto los objetivos a alcanzarse los establece la política. Para las FARC, la política podría ser la continuación de su guerra por otros medios que empieza con congresistas y delegados en el parlamento. El pueblo colombiano se dio cuenta de ello y hoy la paz sigue siendo posible, pero habrá de ser más justa.

 

 

 

 


 


 Mujer cruza delante de una pancarta que convocaba a los colombianos a participar en el plebiscito. (Foto: EFE)
Mujer cruza delante de una pancarta que convocaba a los colombianos a participar en el plebiscito. (Foto: EFE)

 

 

 

 

Más Coincidencias de las que Parece

Escribe: Diego García-Sayán

Por supuesto que lo ideal hubiera sido no tener que hacer negociación alguna. Pero tras 52 años de una guerra eterna, más de 200,000 muertos y 6 millones de desplazados, si una solución negociada terminaba con esa barbarie interminable, era muy bueno. Eso ya se consiguió con el pedido de perdón de las FARC a las víctimas y el compromiso de dejar las armas para siempre. Nadie en Colombia quiere retroceder en eso; importante coincidencia.

El tema de la justicia es, en apariencia, uno de los asuntos de mayor antagonismo hoy en Colombia. Más allá de mucho de lo que se ha dicho en los últimos días, si bien es cierto que hay distancias importantes, en realidad también hay coincidencias entre los colombianos en el tema de las amnistías y la justicia entre quienes votaron por el “Sí” y por el “No”.

Juez García Sayán: “La fórmula de Uribe es prácticamente igual a los acuerdos”.
Juez García Sayán: “La fórmula de Uribe es prácticamente igual a los acuerdos”.
Veamos el espinoso tema de la amnistía. En casi todos los procesos de paz negociada en varios países, a los crímenes del pasado se les daba usualmente “la vuelta” con leyes de amnistía. Eso se ha hecho cada vez más difícil con la evolución del derecho internacional. En el acuerdo con las FARC se apostó por un camino creativo y laborioso. Con el sistema de justicia que se crea, busca colocar a las víctimas en el centro y no poner “bajo la alfombra” crímenes ocurridos.

Desde el caso Mozote vs. El Salvador (2012), en base al derecho internacional en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos se ha establecido la pertinencia –y hasta la necesidad– de otorgar amnistía al finalizar un conflicto armado no internacional. Los acuerdos incluye la amnistía, pero las excluyen para los graves delitos. Cuando el presidente Uribe señaló esta semana que había que darle a las FARC seguridad y también amnistía, pero excluyendo a los delitos atroces, su fórmula es prácticamente igual a lo ya estipulado en los acuerdos (párr. 40). Coincidencias, pues, que están muy lejos de descalificaciones por escribidores locales a los acuerdos guiadas por la mala fe o la ignorancia (¿han leído los acuerdos?).

Justicia/“impunidad”. Todos los sectores en Colombia coinciden en que aplicar la justicia “estándar” para la herencia de 52 años de guerra no es posible. No solo porque la paz no se firmaría nunca, sino porque se tendrían que abrir más de 300,000 nuevos procesos. Colapsaría el sistema de justicia. Por eso se crea una “jurisdicción especial para la paz” con incentivos para quienes aporten verdad y reconozcan responsabilidad con una gradación de penas con restricciones de libertad de un mínimo de 5 años. En delitos muy graves, y cuando no se aporte verdad ni reconocimiento, la sanción puede llegar hasta los 20 años de “privación efectiva de libertad” (párr. 60). Los críticos, ¿han leído los acuerdos?

Pese a que hay razones para el pesimismo sobre el futuro de lo acordado, el hecho real es que algunas diferencias son menos antagónicas de lo que parece. Con una relectura desapasionada se podría llegar –optimistamente- a coincidencias al adoptar en el Congreso las normas operacionales. Con este telón de fondo, entre el gobierno y las FARC podrían pensar, incluso, en ajustes o “precisiones” si ello ayuda a unir al país sin poner en riesgo la paz. La comisión gubernamental encabezada por Humberto de la Calle y la del uribismo, encabezada por Oscar Iván Zuluaga, podría apuntar en esa dirección.