Edición 2596: Jueves, 27 de Junio de 2019

Corrupción: Rayos X

Escribe: Escribe: Fernando de la Flor Arbulú* | “Las propuestas infladas configuran una suma de elementos delictivos colindantes con la crueldad”.

No hay duda que uno de los problemas más acuciantes que enfrenta el país actualmente es el de la corrupción. Ahí están las encuestas de opinión y la propia realidad para acreditarlo. Pero no se trata de las corruptelas menores que desnudan nuestras debilidades humanas, sino de la corrupción estructuralmente concebida, es decir, del aparato organizado para idear y ejecutar prácticas clamorosamente ilegales, en las que el Estado es el personaje central del engranaje, con los perjuicios económicos y de menoscabo a la autoestima colectiva que resultan evidentes.

Recurramos a los casos más representativos: el sistema de justicia y la contratación de obras públicas.

La organización criminal Los Cuellos Blancos exhibió el entramado de las corruptas relaciones entre los diferentes estamentos de la administración de justicia. Su propósito: mantener o, en su caso, capturar, el manejo de las instituciones que integraban el sistema. Para hacer entendible lo dicho: la idea era que el tristemente célebre César Hinostroza fuese presidente del Poder Judicial; el ahora detenido expresidente de la Corte del Callao, Walter Ríos, accediese a ser juez de la Corte Suprema, y el todavía Fiscal Supremo, Gonzalo Chávarry, se mantuviese como Fiscal de la Nación; todos contando con el beneplácito del órgano encargado de ratificarlos, el ex Consejo Nacional de la Magistratura (CNM). Los audios de este escándalo son elocuentes al respecto.

No debiera ser difícil imaginar cuáles hubieran sido las consecuencias de una estructura formalmente establecida en el sistema de justicia como aquella que hubiese ejercido Hinostroza Pariachi como presidente del Poder Judicial, y Gonzalo Chávarry como Fiscal de la Nación, con el apoyo del que fuera CNM: ¿se imaginan a algún político de su preferencia detenido, o siquiera procesado?; ¿pueden suponer que algún empresario influyente pudiese tener problemas con la justicia?; ¿acaso posible que las cárceles tuvieran como ocupantes a quienes ahora tienen o esperan?

El otro caso es el de las obras públicas. El denominado club de la construcción es el más claro ejemplo, otra vez, de una estructura especialmente montada para la corrupción: los contratos millonarios, y sus adendas multimillonarias, se repartían por acuerdo de sus integrantes con los representantes del Estado encargados de su adjudicación. Las propuestas infladas, en algunos casos para ejecutar obras públicas mal concebidas o simplemente innecesarias, configuran una suma de elementos delictivos colindantes con la crueldad.

Pero, ¿cómo es que ha sido posible que escriba estas líneas, relacionando hechos que me permiten elaborar conclusiones perfectamente verosímiles?

Por la feliz coincidencia de un periodismo de investigación riguroso, que hizo públicos sus hallazgos; un compromiso político que permitió que los hechos no fuesen eludidos y, finalmente, por un pequeño grupo de jueces y fiscales, abrumadoramente legitimados por una ciudadanía indignada.
¿Radiografía? No, realidad.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico