Edición 2594: Jueves, 13 de Junio de 2019

Conquistas Femeninas

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * |

Marcela Ibeas y Elisa Sánchez, ambas españolas, a comienzos del siglo pasado, el año 1901, protagonizaron una historia que solo el amor puede explicar: se casaron. Y lo hicieron, hace ciento diez y ocho años, ante la propia Iglesia católica, con todas las de la ley en ese momento, en un pueblecito perdido de la conservadora España de aquella época.  

Para realizar su sueño de compartir la vida juntas, Elisa se convirtió en hombre, figurativamente por cierto, sin cambiar su condición de mujer: se cortó el pelo, se vistió de terno y corbata e hizo que le apareciera un tímido bigote que junto con el sombrero de copa aparentara su condición masculina.

La transgresión de la que fueron capaces ambas mujeres solamente puede explicarse por el amor que siempre se dispensaron, tanto que Marcela se embarazó de un tercero para tener una hija que convirtiera en verosímil el matrimonio. La película “Elisa y Marcela”, actualmente exhibiéndose en Netflix, hace un hermoso y delicado recuento de esta historia, salpicada de fino erotismo, elocuente desenfado y profundos cuestionamientos. Octavio Paz dijo que el erotismo es la inteligencia del sexo: esta película lo demuestra.

A comienzos de los años setenta del siglo pasado, una joven norteamericana llamada Ruth Ginsburg, ingresó a la escuela de leyes de Harvard para ser abogada. Era una de tres mujeres en el medio de un centenar de hombres, quienes la observaban con bastante sorpresa y no menos curiosidad.

Ruth Ginsburg, ya graduada, descubrió una notable injusticia: las leyes no trataban igual a las mujeres y a los hombres; y aún más, les imponía a las mujeres un trato inequívocamente discriminatorio. Y empezó su batalla para lograr la igualdad de género (no de sexo, como con anticipada sabiduría se dio cuenta al preparar su primer informe ante la Corte).

Ruth Ginsburg logró su cometido: empezaron a tratarse igual, en todas las leyes, los derechos de los hombres y de las mujeres. Actualmente, desde el año 1993, Ruth Ginsburg sigue integrando, como magistrada, la Suprema Corte de los Estados Unidos.

Ahora bien, todo lo anterior tiene que ver con uno de los temas que ha empezado a discutirse dentro de la reforma política en curso en el país: la igualdad y alternancia entre hombres y mujeres en las listas parlamentarias.

Se está proponiendo que las candidaturas para el Congreso tengan equivalencia entre hombres y mujeres, o sea, el mismo número, de un lado, y que el orden propuesto sea alterno: un hombre, una mujer, de otro lado. Y, claro, que sea la ciudadanía la que decida, con su voto, quienes serán sus representantes.

Solamente al conocer esta innovadora propuesta (transgresora y desafiante, según las épocas), me convenzo del sentido que tuvieron las vidas de Marcela Ibeas y Elisa Sánchez, y que aún tiene la vida de la jueza suprema Ruth Ginsburg.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico