Edición 2593: Jueves, 6 de Junio de 2019

Cuestión de Apariencia

Escribe: Fernando de la Flor Arbulú * | “La ciudadanía se pronunció abrumadoramente a favor de una reforma política”.

Lo que viene ocurriendo en el Congreso durante estos días, me recuerda lo que caracterizó al régimen de Alberto Fujimori: la apariencia de legalidad.

Hagamos memoria. Una vez capturado el poder total el 5 de abril de 1992, lo que vino después fue la legalidad aparente: había un Congreso en funciones y un Poder Judicial que hacía su trabajo; por eso, el gobierno de ese entonces se encargaba de repetir que en el Perú regía un sistema democrático.

Pero todo era aparente, formal. El poder, en realidad, estaba concentrado en Fujimori y Montesinos, con el respaldo de la cúpula de las Fuerzas Armadas, quienes, cuando así lo requerían, adoptaban las decisiones que necesitaban para seguir manteniendo el régimen. Así, el Legislativo aprobaba las leyes que resultaban funcionales (recuérdese la ley de la interpretación auténtica para la reelección presidencial), de la misma manera que el Poder Judicial hacía lo propio. Los vladivideos de las reuniones de los parlamentarios fujimoristas y de los magistrados en las oficinas del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), constituyen testimonios elocuentes.

Pues bien, cuando los líderes del fujimorismo manifiestan su sorpresa por la cuestión de confianza planteada por el Gobierno para aprobar la reforma política, señalando que Fuerza Popular en ningún momento ha dejado de atender las iniciativas propuestas, ni ha omitido discutirlas, resurge el signo característico de la apariencia (o del cinismo).

Y es que, claro, decir que no entienden el pedido de confianza del Ejecutivo,  inmediatamente después de haber archivado el proyecto sobre la inmunidad parlamentaria, sin dictamen ni  debate, configura una conducta de una patología difícilmente explicable; salvo por la presencia de la figura de la apariencia: demuestro que trato el tema, pero no lo discuto, y lo descarto. Y luego me sorprendo de que se diga que no estoy considerando las iniciativas formuladas. Adviértase, de paso, que el tema de inmunidad parlamentaria ha sido el primero de los proyectos considerado por el Congreso.

La verdad sea dicha: el país está extenuado de este irracional  enfrentamiento entre el Gobierno y el Congreso, ahí donde las cosas debieran resultar fluidas. El Perú no merece el trato que le está dispensando su clase política, cada vez más deslegitimada por su incompetencia. No puede entenderse que un planteamiento relevante sea dejado de lado sin escucharse a quien lo formula, y sin ningún debate, sea archivado; a sabiendas de que dicha actitud pudiera provocar –como efectivamente lo ha hecho– que se utilice la cuestión de confianza, poniendo en riesgo la estabilidad del país. En vez de la sensatez está primando la inmadurez.

La ciudadanía se pronunció abrumadoramente a favor de que se lleve a cabo una reforma política, de cara a las elecciones del bicentenario del año 2021.

Desoír ese mandato no solo resulta inaceptable: es demencial; por más comportamiento aparentemente razonable que el fujimorismo, y el Congreso, pretendan exhibir.

*Abogado y fundador del Foro Demócratico